Solo seis clubes gallísticos del país aportan recursos a la salud
Los demás, ya alertados por las autoridades desde hace años, están en riesgo de desaparecer por evadir el pago de impuestos por apuestas informales.
El gallo blanco que se mueve torpe sobre una mesa no parece ser el mismo que hace una semana salió vencedor de una pelea a muerte.
Las plumas de menos y las heridas de espuela ya cicatrizadas son los únicos recordatorios de esa noche victoriosa.
Se le nota que está en vacaciones forzadas, de las que dan fe los letreros de 'sellado' que impiden el paso al ruedo del Club Gallístico de la 80, en el barrio Quirigua, de Bogotá.
El 18 de octubre, cuando apenas se calentaba la jornada, un operativo de la Empresa Territorial para la Salud (Etesa) clausuró el negocio y dejó sin empleo a 14 personas.
La advertencia había llegado tres años atrás, cuando Etesa decidió hacer cumplir la Ley 643 del 2001, que exige el pago de impuestos por apuestas informales, como las que se hacen en las galleras.
Pero aquí, como en la mayoría de estos locales, no la acataron.
Así como el gallo no tiene pinta de luchador, desde la calle el sitio no parece una gallera: se ve como un garaje. Es evidente que, en sus 23 años de funcionamiento, solo los iniciados han sabido llegar.
Detrás de la barra se recuesta uno de los dos socios de la empresa, Néstor Pardo, de 47 años, quien ha ganado fama como juez en varias regiones. "No creí que fuera a pasar esto", confiesa.
En el 2005, Etesa abrió una licitación para regularizar la actividad, pero solo se presentaron tres empresas (dueñas de seis galleras).
Las demás se quedaron al margen, unas por falta de información y otras porque confiaban en que la exigencia se echaría para atrás.
En junio pasado, entraron en la ilegalidad.
Mejor tener un bajo perfil
Martes al mediodía. En una terraza de Engativá, al norte del aeropuerto Eldorado, siete gallos se entrenan al sol, amarrados por las patas a unos ladrillos. Así se llenan de enojo para combatir el fin de semana. No se sabe dónde, pero el dueño de la cuerda, que vino de visita, promete acción.
Abajo, en un recinto oscuro, el olor a pintura lo impregna todo: están remodelando el Club Gallístico Gran Pico de Oro, y todo está patas arriba.
Los dueños de este sitio casi escondido, los esposos Aurora Martínez y Wilson Garcés, pidieron prestado para pagar la anexión a una de las entidades que se legalizaron, que es la única manera de funcionar. El trato les costará más de 10 millones de pesos.
"Si hubiera sabido hace un año que iba a salir este 'chicharrón', no invierto mis ahorros en esto", dice Wilson, oriundo de Togüí (Boyacá).
Hasta ahora, el bajo perfil de sitios como este les ha facilitado las cosas. Ya han sido selladas siete galleras en la capital del país y se avecinan más cierres. Etesa explica que, por falta de contratistas, no puede hacerlo más rápido.
El debut de 'Caramelo'
Son las 8 de la noche del miércoles. Al compás de los videos de rancheras que rotan en una pantalla de cristal líquido, una veintena de hombres, casi todos mayores de 40, se aglomera alrededor de una báscula en el Club Gallístico Jalisco, a una cuadra de la estación Olaya del TransMilenio (Avenida Caracas).
Los apostadores de esta zona del sur de Bogotá aterrizan aquí los miércoles y viernes. Ahora con mayor razón, porque esta es una de las tres galleras legales de la ciudad.
"Tres con tres", dice el encargado del peso. Tres libras y tres rayas, traduce Jairo Figueroa, el orgulloso dueño de 'Caramelo', un gallo pinto de 8 meses que dentro de 37 minutos se estrenará en el ruedo con otro que pesa lo mismo, pero que le lleva 3 peleas de ventaja. "Yo tengo con qué", dice Jairo, tras pegarle las espuelas a su animal con cera caliente y esparadrapo. Está seguro de que va a ganar. Apostó 200 mil pesos.
Hoy, Néstor Pardo viene a 'juecear' y, de paso, a quitarse el mal sabor del cierre de su gallera. Tiene fe en que la pueda reabrir, pero, como dice el sociólogo Fabián Sarria, presidente de la Federación Colombiana de Criadores de Gallos, este mundo podría no volver a ser el mismo.
"Los galleros saben que es justo aportar recursos a la salud por las apuestas, pero entra a funcionar una nueva relación económica en torno al juego de gallos -comenta-. Ya no es solo la diversión: si la gallera no es viable económicamente, no puede seguir. Van a primar los monopolios y tal vez el 70 por ciento de los negocios no sobreviva".
Alguien mete los gallos en unas jaulas. Sobre el ruedo las quitan y empieza la contienda. Durante seis minutos, no se perfila un ganador. "¡Veinte mil! ¡El colorado es el mío!", se oye entre docenas de murmullos. "Vale 50". "¡Pa'l pinto 100!". Así, a gritos y sin quién lleve las cuentas, funcionan todos los negocios.
Figueroa le grita frases de solidaridad a su gallo, como si entendiera. En un parpadeo, el animal se cae de cansancio, y un juez corre a poner en el suelo un reloj de arena. El otro también cae, y viene otro reloj. En un minuto, ninguno de los dos se levanta, pero hay confusión porque, en el último momento, ambos saltan a la vez. La arena del reloj de 'Caramelo' ya se había ido.
Casi llorando, Jairo recoge a su animal ensangrentado y echa a correr el agua de un lavamanos. "Esta riña me la robaron", susurra en la oscuridad. Pero no es hora de lamentos: esta noche habrá al menos diez peleas más aquí.
Tres años de tire y afloje
En el 2005, Etesa reguló las peleas de gallos basada en un reglamento internacional que, en parte, no se aplica en Colombia.
Entonces contemplaba cobrarles 1,8 millones de pesos mensuales a las galleras de ciudades como Bogotá, sumados a un porcentaje de las apuestas, lo cual la misma entidad consideró luego como una exageración.
Tras discusiones con los galleros, se determinó cobrar por número de sillas. El mínimo quedó en 50, por las que se pagan 384.000 pesos mensuales en cualquier municipio.
La licitación se abrió en el 2006 y acudieron 3 firmas. Tras varias prórrogas, en abril pasado se cerró y en junio se adjudicaron los contratos.
Saber cuántas son es lo más difícil
Antes de abrir la licitación para las apuestas de gallos, un censo de clubes gallísticos contratado por Etesa encontró 237 en todo el país.
La entidad asumió como cifra base el doble de la que arrojó el censo, con la presunción de que muchas no están registradas en las cámaras de comercio ni aparecen en bases de datos. De hecho, solo una gallera aparece en el directorio telefónico de Bogotá.
"Podrían ser entre 500 y 800 galleras. Cualquier número que diga puede ser mentira", admite la presidenta de Etesa, Luz Mery Londoño.
La Federación Colombiana de Criadores de Gallos de Combate afirma que las galleras del país son más de 3.600. La cuenta sale de una base de datos de afiliados a esta entidad.
Las cifras de Etesa arrojan un promedio de aportes de 600 mil pesos mensuales por gallera, lo que daría unos 1.700 millones al año con las 237 censadas. Con las seis legales de hoy, solo se recaudarán 43 millones anuales.
Ilegales, a anexarse a las legales
Las galleras legales del país son seis, pertenecientes a tres empresas.
La Federación Colombiana de Criadores de Gallos de Combate, que promovió una alianza entre sus integrantes, legalizó cuatro establecimientos: tres en el sur de Bogotá (Jalisco, Huesos de Marrano y Espuela de Oro) y una en Villavicencio (Andaluz). Los demás miembros del gremio no participaron en la licitación de Etesa. La sociedad Beer and Games se presentó con el Coliseo Gallístico San José, de Sincelejo. La última empresa fue el Coliseo Gallístico Pico de Oro, ubicado en Cali.
Para poder legalizarse, las demás galleras deberán anexarse a cualquiera de las tres ganadoras de la licitación. Según Etesa, siete negocios están adelantando este trámite.
ÉDGAR ALFONSO
REDACCIÓN BOGOTÁ
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Bogotá
- Fecha de publicación
- 7 de noviembre de 2008
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