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Magdalenas por el Cauca, procesión para que el río no sea un cementerio e instrumento de muerte
10 balsas con símbolos de las víctimas de la violencia salieron de Cartago (Valle) para llegar a La Virginia y Beltrán (Risaralda), en homenaje a las mujeres que lloran a sus desaparecidos y muertos.
'La Llorona', ese mito de mujer que recorre los ríos clamando por su hijo muerto, fue vista flotando en balsa sobre el río Cauca.
Medía unos cinco metros y no iba sola. En su recorrido por el norte del Valle y Risaralda la acompañaban otras nueve balsas que recordaron los centenares de cadáveres que durante décadas han sido arrojados al cauce.
Sobre las balsas, una inmensa cruz, imágenes de mujeres con fotos de sus parientes desaparecidos, cuerpos mutilados, piel en descomposición con gallinazos sobrevolando hicieron parte de las pinturas e instalaciones con las que el artista Gabriel Andrés Posada Montoya rindío homenaje a las mujeres que durante años han llorado a sus parientes víctimas de la violencia.
Su proyecto 'Magdalenas por el Cauca' fue la propuesta ganadora de las Residencias Artísticas, convocadas por el Ministerio de Cultura.
Este proyecto llevó al artista a convivir durante tres meses con los casi 200 habitantes de la vereda Guayabito, de Cartago, en el norte del Valle, y recorrer poblaciones ribereñas del río, como La Carbonera, de Caimalito, en Pereira y Beltrán, donde un remolino siempre ha atrapado a los muertos que bajan flotando.
Su proyecto se remonta a 1973, cuando a sus 8 años una jornada de pesca con su papá al río Cauca se trocó en una imagen que desde hace 35 años lo acompaña: arrastrados por la corriente, dos cadáveres con el rostro mitad calavera y mitad piel en descomposición bajaban flotando y amarrados.
Una imagen similar acompaña a Jhonatan Arias, de 18 años. Desde los 5 años ve flotar cadáveres en el Cauca. "A veces han sido tantos: 15 ó 20 diarios que con los amiguitos mirábamos todo el día el río, y al acostarnos imaginábamos cuántos pasarían de noche", relata.
Posada es un artista plástico que reside en Pereira y Arias un pescador de la vereda Guayabito, caserío de unas 80 familias a una hora de Cartago, en el norte del Valle.
Esta propuesta artística los unió y trabajaron juntos en la construcción de 10 balsas, las que fueron puestas a flote hasta las cercancías del puente Anacaro, en las afueras de Cartago.
El domingo, a las 9:00 de la mañana, Arias, James Foronda, Brayan Villa, Mauricio Rincón, Aldemar Millán y Eduardo Rivas, y un equipo de guías y acompañantes llevaron las improvisadas naves desde Anacaro hasta La Virginia (Risaralda).
La corriente lenta, troncos flotando, gallinazos y remolinos en los que se atascaron fueron las situaciones que los guías tuvieron que sortear, las mismas condiciones que durante décadas tuvieron los cadáveres de centenares de hombres, mujeres, adultos y niños arrojados al cauce.
Tres quedaron atrapadas en remolinos y troncos. Luego algunas fueron lanzadas, a la deriva, para que siguieran hasta Beltrán, donde han sido rescatados centenares de cadáveres, algunos reclamados por sus familiares, mientras unos 400 de ellos siguen N.N. en el cementerio local.
Así, el pintor quiso hacer conciencia para que el cauce no siga siendo instrumento de muerte.
Posada explica que el nombre de Magdalena hace alusión a la mujer que lloró a Jesucristo, el muerto con el que carga la humanidad, y 'llora más que una Magdalena', es una frase popular pero pero esta vez simbolizó a tantas mujeres en duelo por sus padres, hijos, hermanos, esposos, allegados y amantes.
La tutora del proyecto, la también artista Yorlady Ruiz López, precisa que "se eligió el 2 de noviembre, por ser el día que los católicos celebran el Día de las Ánimas o de los Difuntos. Es el homenaje para tantas mujeres que continúan llorando a sus desaparecidos y preguntando por ellos a lo largo de las poblaciones asentadas a lado y lado de los ríos colombianos".
Afirma que ejemplo de ello son también las mujeres de Soacha (Cundinamarca) reclamando explicación y justicia por sus parientes asesinados.
Las obras
Seis de las balsas llevaron pinturas de cinco metros de alto y tres de ancho, con marcos y soportes en guadua y las imágenes en estopas (costales) en fibra sintética. "Muchos de los muertos bajan encostaladosl", dice el artista. Las otras cuatro son instalaciones.
Una de las pinturas se relaciona con el rostro de una mujer de Trujillo (Valle) que lleva una foto de su hijo. "Los colombianos nos acostumbramos a ver decenas de personas con su allegado, por el que indaga, grabado en el pecho. En los postes, árboles, tiendas y terminales de los municipios no falta la foto de un desaparecido", manifiesta.
Otra muestra un rostro de mujer y está compuesto por unos 18.000 trozos de tela, a modo de bordado en punto de cruz, una tradición en Cartago. Los tonos van del negro a toda una tonalidad de grises y blancos, simbolizando el luto.
"También hay grabados con fragmentos de brazos, ojos y otras partes del cuerpo, desmembrados, como bajaban muchos muertos. Es sobre lo que se quiere llamar la atención, para no olvidar a los centenares de víctimas, que esto no vuelva a suceder", dice Posada.
Una de las instalaciones hace relación a 'La Llorona', mito en Colombia que alude a una mujer que recorre los ríos clamando por su hijo. "No se sabe cuánto tiene este mito, pero la violencia nuestra tiene dos décadas, 50 años de conflicto partidista, 500 años de Conquista", enfatiza el pintor.
Otra es una cruz con numerosas prendas recogidas en las orillas del Cauca. Ellas permitían reconocer los dolientes asesinados.
Una más llevará carne en descomposición que posiblemente atraerá gallinazos, que acompañan las víctimas. Una relación de muerte y un paisaje que no se quiere que se repita en los ríos colombianos y para que el Cauca no sea más un instrumento de muerte.
Arte efímero
La exposición salió del puente de Anacaro, en Cartago, con un guía en cada balsa. Se trata de arte efímero, destinado a durar poco, y que en esta propuesta involucra la naturaleza. La procesión fue grabada en video.
En La Virginia esperaron su paso integrantes de La Ruta Pacífica de Mujeres, que llamaron la atención por la violencia en el país.
Además de las víctimas del Valle y Risaralda, al Cauca han ido a parar también muertos del conflicto en Antioquia, Caldas y Bolívar, que cruza el cauce.
Después de nacer en el Macizo Colombiano, en el Cauca, el río cruza seis departamentos en un recorrido de 1.250 kilómetros, antes de rendir sus aguas a la depresión mompoxina en la que también cae el río Magdalena.
Además de los muertos, el río sufre graves problemas de contaminación por aguas residuales e industriales.
IVÁN NOGUERA
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
PEREIRA
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Nación
- Fecha de publicación
- 1 de noviembre de 2008
- Autor
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