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A los 69 años, la cantaora Petrona Martínez sigue siendo el alma del bullerengue

Saltó a la notoriedad con su álbum 'Le Bullerengue', difundido por Radio Francia. Su disco 'Bonito que canta' fue nominado al Grammy Latino 2003.

En la noche, vestida de blanco, le hizo el honor al título de Reina del Bullerengue, que lleva hace cerca de una década. Recibió un homenaje que le hicieron Carlos y Guillermo Vives. A la mañana siguiente, Petrona Martínez volvió a ser la madre y abuela preocupada por llevarles pan de Bogotá a los nietecitos que la esperaban en Palenquito (entrada de Palenque, Bolívar).

A pesar del reconocimiento, todavía la sorprende que los niños la sigan, la oigan, le pidan autógrafos. "Ha sido una alegría ver que quieren cantar la música que uno ejerce por naturaleza, porque esta música la llevamos hereditaria. Nací con la tradición de mi abuela, mi bisabuela y mi tatarabuela. Nací para ser bullerenguera. Fue como un espíritu que se apoderó de mi corazón y cantaba los bullerengues de mi abuela. La misma música le enseña a uno lo que uno quiere", dice.

La abuela era comadrona, rezandera y cantautora. Mientras hacía cucharitas de totumo y doblaba tabacos Virginia la oía cantando y decía: "'Tss tss tsss, así, mija'. Y de pronto ponía un verso y hacía que yo lo siguera", recuerda.

Pero no alcanzó a verla cantar; en 1984, cuando interpretó sus primeros bullerengues en la plaza de Malagana (Bolívar), acompañada de cuatro músicos. Ahí surgió la idea de hacer un grupo de tambores de Malagana, aunque Petrona es de San Cayetano. El grupo se desintegró después de la primera grabación, pero quedó la inquietud de seguir en la música.

Petrona siguió cantando con dos de sus hijos: Joselina y Álvaro Llerena y con dos músicos más, uno de ellos, Guillermo Valencia, conseguía presentaciones en las universidades de la Costa. "Íbamos los cuatro y hacíamos bulla -cuenta la cantadora-. Comencé tocando en universidades y en despedidas de colegios, cuando terminaban las clases. Por eso los pelados hoy me admiran".

El reconocimiento nacional llegó más de una década después, a partir del disco Le Bullerengue, que se hizo un clásico del world music en Francia. Paradójicamente, fue la primera grabación de Petrona, cuando se levantaba de una tragedia.

"Me mataron a mi hijo Luis Enrique por atracarlo, en Cartagena, en el 96 -recuerda la cantadora-. Tenía 33 años y dejó cuatro niños. Yo quedé frustrada. No tenía cabeza para nada. Me sentía impotente para vengar su muerte".

Petrona se aisló del mundo, no recibía comida, la tenían a punta de suero y alguna vez se desmayó. Tenía amigos que trataban de animarla: Rafael Bonfante, Rafael Imitola y Guillermo Valencia. "A Guillermo muchas veces lo eché de mi casa -dice-. Y se iba por un lado, pero volvía. Hay tanta gente a la que le agradezco porque me sacó esa parte oscura donde yo me sentía".

Un día, Luis, el hijo muerto, se le apareció en un sueño a la mayor de sus hijas que vive en Barranquilla. Y le dijo: "Párate, Mayo, vete para la casa y atiende a Petrona, porque te va a pasar lo mismo que conmigo, que cuando fuiste ya me encontraste en la caja".

La hija corrió a llevarla al médico y comenzó el tratamiento de la depresión. Los médicos le dijeron a la familia que no la dejaran sola, que le "metieran conversa". Le llevaron entonces a los cuatro huérfanos. Y un día se enfermó la nietecita menor y no tenían plata para medicinas.

Esa noche, Luis Enrique apareció en los sueños de Petrona, con una jeringa en la mano: "Lucho, ¿me vas a poner esa ampolla para que me vaya contigo?", le preguntó. Y él le respondió: "No, señora. Eso es pa que usted se pare de aquí. No la necesito donde estoy, la necesito pa que vea por mis hijos. No se preocupe por el daño que me hicieron. Dios se encarga de todo".

Al día siguiente llegaron a buscarla para unos conciertos en Barranquilla. "Yo sé que usted no quiere, vieja -le dijeron-, pero ya Lucho va a cumplir dos años. Vea esos pelados pasando necesidades. Ellos son sus hijos, suyos, porque Lucho ya no existe".

Petrona se fue a Barranquilla. Pensaba que iba a desmayarse o a llorar en la tarima. En el camino, medio dormida, vio de nuevo la sonrisa de su hijo. Y pensó que la sonrisa se debía a que cantaría por la plata de las medicinas. Así, pudo volver a cantar.

Luego llegó Lissete Lemoine, que vive en Francia, a hacer un documental. Se llevó una grabación hecha por Petrona y el resultado fue el disco Le Bullerengue. La cantadora solo vino a saberlo un año después, cuando Lemoine le envió dos millones de pesos, desde Francia. Hizo otras grabaciones. Pero, por Le Bullerengue, Petrona Martínez se vio por primera vez haciendo promoción en Bogotá.

'Quiero grabar otro disco'

Ahora, Petrona Martínez comienza una nueva etapa con Mayte Montero como representante. "Necesito trabajar, porque tengo una familia larga y necesitada".

Entonces piensa en lo que su canto ha ayudado a sus nietos. "Mi abuela tenía un dicho, que la verdolaga está sembrada aquí, en pie, están las raíces, pero ella extiende sus ramas, las va regando. Yo soy como la verdolaga".

El anhelo de Petrona, a los 69, es grabar otro disco. "Hay que hacerlo, porque ya no me siento con la misma potencia -dice-. No me puedo dar el lujo de esperar seis años, porque de aquí a allá quién sabe qué pasa. En mi familia tenemos la virtud de morir de repente. Digo que virtud, porque el que muere de repente no sufre. Y quién quita que en una hora de esas me llegue a mi la hora. Quiero grabar otro disco, para dejar a mis hijas bien pulidas para ocupar el trono cuando yo fallezca".

LILIANA MARTÍNEZ POLO
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Cultura y entretenimiento
Fecha de publicación
25 de octubre de 2008
Autor

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