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Ciudad del futuro
Cada vez es más cierto el pronóstico de Naciones Unidas según el cual el mundo terminará capturado por las ciudades. Al ritmo en que estas vienen creciendo, se calcula que en 15 años el 70 por ciento de la humanidad vivirá en conglomerados urbanos, una realidad que ya se palpa en América Latina e incluso en Colombia, donde el 75 por ciento de sus habitantes reside en ciudades grandes o medianas.
Por eso, resultan aleccionadoras las conclusiones y advertencias hechas por expertos que se dieron cita la semana anterior en el foro 'Ciudades y CiudadanÃa', convocado por el proyecto 'Bogotá, cómo vamos', en el marco de sus 10 años de vida. Uno de los temas centrales fue, precisamente, el futuro de las ciudades.
El crecimiento demográfico, los avances de la tecnologÃa, la globalización, la creciente brecha entre pobres y ricos, la escasez y encarecimiento del suelo, entre otros, están marcando la pauta y dando forma a las ciudades que les esperan a las generaciones futuras, lo cual tiene mucho de bueno pero, sobre todo, potenciales repercusiones negativas. Si no se adoptan estrategias a corto y mediano plazo, es posible que esas generaciones queden condenadas a habitar no en ciudades armoniosas sino en verdaderos "infiernos humanos", donde el común denominador será, no lo dudemos, el deterioro ambiental.
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Y ese es el primer reto que deben asumir las ciudades. Lo advirtió el ex alcalde Mockus, lo sintetizó el ex ministro Manuel RodrÃguez y lo reiteró el arquitecto norteamericano Michael Sorkin: no es concebible hablar de ciudad sin hablar de un medio ambiente sustentable.
Bogotá -que dado el ritmo de migración llegará en pocos años a los 10 millones de habitantes- ha dado pasos importantes pero tÃmidos y escasos en esa dirección, pese a gozar de condiciones que le permitirÃan tomar decisiones a tiempo para convertirse en un modelo de desarrollo urbano -clima, montañas, agua, energÃas limpias-. Pero le falta claridad sobre hacia dónde quiere ir, qué modelo seguir, cómo evitar convertirse en una megalópolis ingobernable e invivible. Subsisten problemas como el uso desordenado del suelo, déficit de vivienda, desorden del transporte, deterioro del medio ambiente y avanza a pasos agigantados hacia lo que RodrÃguez llamó una ciudad estilo huevo perico: dispersa y muy costosa en términos ambientales.
El ideal es construir ciudades que sean sostenibles ambientalmente, tolerantes socialmente y productivas económicamente, una combinación que obviamente no ha sido eficaz en el modelo de ciudad que se viene aplicando desde hace décadas. Son varias las razones para que esto haya sido asÃ. Una de ellas es que Bogotá no le ha apostado decididamente a la participación ciudadana y la descentralización.
Si se quiere ir por el camino correcto, a la luz de las nuevas tendencias, no solo es necesario un alto grado de gestión pública transparente, sino liderazgo e involucramiento ciudadano. Hoy, no todo puede recaer en los gobiernos de turno, los cuales han sido motores de las más recientes transformaciones. Se requiere que la gente tome partido y ayude a definir su propio destino. Las encuestas de percepción ciudadana del proyecto 'Cómo vamos' revelan el dramático desapego que los ciudadanos tienen hacia la participación, cuando son ellos los llamados a construir la ciudad.
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Hay que reinventar, como lo sugirió Gerard Martin -otro de los expertos presentes-, un nuevo contrato social entre la Administración y la ciudadanÃa. Hay que revisar a fondo la descentralización y cómo a través de ella es posible generar espacios de encuentro, de intereses comunes que contribuyan al mejoramiento de la ciudad y, por ende, de la calidad de vida de sus habitantes.
Al avance democrático habrÃa que añadirle el reto regional. El área metropolitana de Bogotá no cuenta con suficientes instrumentos para gestionar polÃticas como las de uso del suelo, vivienda, transporte, medio ambiente y hasta tributarias, que trascienden los lÃmites capitalinos. Los debates sobre el peaje de la Autopista Norte, el tren de cercanÃas, los planes de vivienda en los municipios aledaños a Bogotá, entre otros, se están dando sin las herramientas administrativas adecuadas para una región con el dinamismo económico, polÃtico y demográfico de Bogotá y la Sabana. La necesidad, por ejemplo, de una autoridad metropolitana de transporte masivo es perentoria y requiere la audacia polÃtica del Alcalde de Bogotá, el Gobernador de Cundinamarca y el propio Presidente de la República.
A la lista de retos habrÃa que añadirle el económico. No sólo por los tiempos de crisis que vivimos, sino también por la urgencia de Bogotá de adaptar su economÃa urbana a las nuevas dinámicas de la globalización. El gobierno distrital necesita fuentes alternativas de financiación que protejan la inversión social y muevan el motor de la economÃa local, más allá de los empleos básicos que generan las obras de infraestructura.
Tras 10 años de vida, el programa 'Bogotá, cómo vamos' no sólo se ha expandido a otras ciudades y paÃses, sino que también enfrenta retos similares a los de las urbes que analiza. Evaluar localidades; abordar la región; encontrar nuevas maneras de analizar la segregación, las finanzas, el impacto de la globalización, la cultura urbana y los patrones demográficos y económicos. En conclusión, enriquecer el pensamiento y el estudio sobre 'ciudad' en una Colombia cuyo futuro es indudablemente urbano.
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Editorial - opinión
- Fecha de publicación
- 19 de octubre de 2008
- Autor
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