Educación con notas verdes

Educación con notas verdes

La tierra no está perdida. A la lucha de grupos ecológicos, políticos, gobiernos y empresas privadas, ahora se suman los niños, que se educan para construir un mundo mejor.

16 de octubre de 2008, 05:00 am

Videojuegos, Internet, televisión, tecnología, medios de transporte, comodidades en general. La lista de privilegios que el desarrollo nos ha ofrecido es interminable, pero todo esto ha tenido un costo ambiental que se comienza a reflejar en nuestro planeta, que pide a gritos un cambio en nuestros hábitos. Ahora la vida parece más veloz, todo es rápido y el contacto con la naturaleza disminuye y, finalmente, los hijos crecen al lado de una ventana que les enseña una naturaleza digital. Por eso cada vez es más importante la educación, que las nuevas generaciones se preparen para cuidar la naturaleza y recuperar el daño que las viejas le hemos inflingido.

Por eso la esperanza nace con los más jóvenes y con quienes ya entendieron que la preservación es una necesidad del presente y también del futuro. Por eso, afortunadamente en Colombia hay gente como Luis Camargo, un bogotano comprometido con el medio ambiente, que junto a sus socios creó la Opepa (Organización para la educación y protección social), una fundación sin ánimo de lucro en la que el objetivo es educar y generar conciencia ambiental en los niños.

La Opepa se creó bajo la idea de un mundo en el que los niños y jóvenes tengan acceso a la naturaleza y por medio de un proceso de educación adecuado, logren entender que la naturaleza es un recurso que debe ser cuidado. Es por eso que esta organización creó los Ecoclubes, grupos juveniles que se han convertido en la estrategia perfecta para que los niños logren resultados con sus propias iniciativas mediante educación al aire libre, la formación estratégica y las expediciones. El objetivo es organizar grupos de participación democrática internacional los cuales, mediante la educación y entrenamiento recibido, logran articular proyectos para mejorar la calidad de vida, tales como reforestar, reciclar, limpiar las aguas, cultivos sostenibles, entre muchos otros.

Los niños y jóvenes son los protagonistas en esta iniciativa que como consecuencia inmediata genera soluciones a las más usuales problemáticas ambientales, al tiempo de que aprenden la importancia de cuidar el planeta.

¿Cómo funcionan?

Usualmente los niños crecen bajo el concepto de que para hacer valer sus ideas es necesario ser adulto y así podrán opinar y decidir sobre las cosas que importan. Pero nada más lejos de la realidad, pues los niños son el presente y es por eso que la función de los Ecoclubes es la creación de pequeñas sociedades en las que los proyectos son dirigidos por niños y los resultados son enteramente suyos.

Pero para lograr cambios en la sociedad, no solo se necesitan buenas intenciones y es por eso que la Opepa, por medio de procesos educativos al aire libre, les ofrece herramientas a los niños para que ellos mismos logren materializar sus ideas. "Lo bueno de este cuento es que los niños logran entender que tienen el poder para cambiar cosas y por eso les enseñamos todo lo que tienen que hacer para que sus problemáticas y dudas se resuelvan y sus proyectos se realicen. Nosotros somos educadores -comenta Luis-, creadores de consciencia, pero los Ecoclubes deben andar por sí solos".

La idea de los Ecoclubes ha crecido no solo en Colombia, sino también en toda Latinoamérica, en donde países como Ecuador, Argentina, Brasil o Chile han acogido esta iniciativa, que se ha vuelto bastante popular debido a que los niños han tomado consciencia de que la Tierra está en un punto crítico y que es momento de actuar.

"Nosotros luchamos por ese síndrome de déficit de la naturaleza que está venciendo a la sociedad, ese problema que no es más que la falta de contacto de las personas con la naturaleza y el entorno. Queremos lograr cambios, desde el simple ahorro de energía y agua en los hogares, lo cual ayudará a que su economía mejore, hasta el fomento de la educación por medio de nuestros modelos académicos", concluye Luis, que fue nombrado como uno de los jóvenes líderes de 2008, por el Foro Económico Mundial

Actualmente estos clubes han llegado a rincones tan alejados de Colombia como Orito, Putumayo, en el que existen cinco, cada uno con su proyecto y organización propia. Pero también han llegado a zonas como Barú, Puerto Inírida, Apulo o Subachoque, lugares en los cuales la conciencia ecológica y la educación ha crecido sustancialmente, logrando que zonas usualmente apartadas y con pocos recursos participen en este tipo de proyectos, que finalmente redundarán en la construcción de un mejor futuro.

Por: Carlos Barahona Uribe