Las polémicas armas no letales que buscan dejar al enemigo fuera de combate, pero con vida

Las polémicas armas no letales que buscan dejar al enemigo fuera de combate, pero con vida

Las usan las autoridades en muchos países, pero sus detractores las consideran denigrantes y potencialmente peligrosas.

13 de octubre 2008 , 12:00 a.m.

Un periodista de la BBC que pudo verla en funcionamiento, dice que huele a una infusión de carne podrida y medias sin lavar durante semanas, en agua de alcantarilla. Se trata del 'skunk' ('zorrillo'), una sustancia verde con la que las fuerzas israelíes tratan de evitar el uso de fuerza excesiva al disolver las manifestaciones propalestinas.

La sustancia, que se dispara con un cañón de agua, provoca un vómito inevitable. Su fétido olor se impregna en el cuerpo durante tres días y sus fabricantes aseguran que es "a prueba de jabones".

El uso del 'skunk' abrió una vez más el debate sobre el uso de una larga serie de artefactos que la ingeniería militar ha creado bajo el rótulo de armas no letales. Entre las más conocidas se cuentan las pistolas aturdidoras (Taser), los gases lacrimógenos, los rayos láser que bloquean la visión, los ultrasonidos capaces, incluso, de provocar ataques de epilepsia, y los aerosoles paralizantes. La idea, en todos los casos, es dejar fuera de combate al enemigo sin matarlo.

El tema es polémico, porque mientras los promotores de este tipo de armamento lo consideran un instrumento útil para reprimir desórdenes y proteger la vida, sus detractores lo consideran peligroso y denigrante.

Eso pasa con el 'zorrillo'. Jonathan Pollack, activista del grupo Anarquists against the wall (Anarquistas en contra del muro), le dijo a EL TIEMPO, desde Tel Aviv: "Lo que hace el 'skunk' es recordarnos que la ocupación apesta. Es un arma degradante que busca humillar a la gente y revolverle el estómago".

Los creadores de la pestilente sustancia afirman que no contiene elementos químicos ilegales y que está compuesto de levadura en polvo y otros ingredientes, que mantienen secretos. Por ahora, su uso está restringido a Israel, pero no descartan comercializarla y venderla en todo el mundo.

Armas de película

Dentro de la amplia gama de armas no letales hay varias propias de la ciencia ficción. Es el caso del Sticky Foam, una espuma elaborada a base de proteínas, que se dispara desde un contenedor presurizado y que inmoviliza a las personas. La razón es que la espuma se pega a lo que toque: el suelo, una pared, o una parte del cuerpo.

El concepto funcionó tan bien que hay cuerpos de Policía que ya la usan. La firma que la fabrica, M2 Technologies, dice que es muy efectiva para reprimir revueltas de internos en cárceles.

Otras ideas no han sido tan exitosas. Eso pasó con la 'bomba gay', que debía provocar episodios de homosexualidad en el enemigo. Aunque E.U. invirtió 7,4 millones de dólares en la iniciativa, ésta nunca pasó de ser solo un proyecto, que provocó no pocas burlas de respetadas voces de la comunidad científica.

Lo mismo sucedió con otro proyecto para crear un líquido capaz de provocar halitosis severa, lo que presuntamente debía convertir al enemigo en un blanco fácil de hallar durante varias semanas.

Pero en general, las armas no letales no suelen ser risibles. Son consideradas por la gran mayoría de gobiernos como un recurso útil para fuerzas policiales y militares. Su uso, no obstante, suele acarrear críticas porque, a pesar del nombre, se han producido casos en los que una persona muere por el uso de una pistola aturdidora o por el impacto de una bala de goma.

"Lo que es cuestionable es la manera cómo se utilizan. En Israel hay un grave problema con las balas de caucho, que no son realmente de ese material. El Ejército utiliza municiones de metal cubiertas con una delgada capa de caucho, que pueden penetrar el cráneo y los ojos si se disparan a poca distancia", le dijo a EL TIEMPO, desde Londres, Donatella Rovera, directora de investigaciones del conflicto árabe-israelí de Amnistía Internacional (AI).

Para Rovera, el uso de armas no letales como instrumento de disuasión ha sido un fracaso. Las manifestaciones continúan y hay heridos casi todas las semanas.

"El territorio ocupado es una especie de laboratorio para el ejército israelí. Hace unos años utilizaron pequeñas balas de sal que se disparan y penetran en la piel. Tras el impacto se debe esperar a que los granitos de sal se disuelvan porque no se pueden sacar. Es muy doloroso porque queman", anotó.

En la otra orilla del debate están los defensores del armamento que no busca matar. Chris Morris, vicepresidente ejecutivo de M2 Tecnologies, empresa que fabrica y distribuye este tipo de armas en E.U., le dijo a EL TIEMPO: "Las armas no letales son un nivel tecnológico intermedio entre el diálogo y los disparos. En nuestra empresa fabricamos herramientas para las fuerzas militares con las que pueden mantener el orden sin usar la violencia. La idea es mostrarle al adversario que no hay intención ni de hacerle daño ni de matarlo".

JOSÉ GIOVANNI MARTÍNEZ
REDACCIÓN INTERNACIONAL
Con la colaboración de Rebeca Lucía Galindo e información de Efe

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