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| Actualizado hace 16 minutos

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¿Ahora Álvaro Uribe, congresista?

MARÍA ISABEL RUEDA: ¿Es cierto que hay conversaciones secretas con las Farc?

Luis Carlos Restrepo: No las hay, ni conmigo ni con ninguna otra instancia del Gobierno. Hemos tendido un puente hacia Alfonso Cano y Pablo Catatumbo a través de un intermediario que nos da confianza a ambas partes, pero se han negado, alegando que no ven condiciones especialmente en materia de seguridad. El contacto sigue y se le han dado todas las garantías para que se mueva en la cordillera Central del Valle y del Cauca, pero ya nos queda muy claro que en este momento el interés de Cano es fortalecerse como jefe militar de las Farc, mostrar autoridad y capacidad de hacer la guerra y, por conducto de ella, abrir espacios políticos.

¿El canje está suspendido también?

No le veo mucho interés a Cano en el tema del canje de los secuestrados. Lo está manejando como un tema secundario. Nosotros en este momento tenemos mucho contacto con las estructuras regionales de las Farc, con frentes y bloques, porque la organización está muy porosa. Ya no es esa estructura hermética que conocimos hasta el año pasado. Hay mucha información, es fácil mandar mensajeros para convencer a esos mandos medios que tienen a los secuestrados de que no les quedan alternativas, pero también insistiremos en mandarle mensajes a Cano, aunque la apuesta de él sea construir una estructura terrorista del siglo 21. Sí se está dando un acercamiento entre las cúpulas de las Farc y el Eln para superar el chaparrón Uribe.

¿El temor a Uribe ha logrado unirlos?

No solo eso. Hay gran afinidad intelectual entre un Alfonso Cano y un Antonio García. Ahora tenemos a universitarios que gerencian las organizaciones terroristas colombianas. Están preparando activistas para actuar dentro de las universidades. La orden es darles formación militar y preparar milicias como explosivistas y francotiradores para producir hechos de mucho impacto urbano, pensando que con eso posicionan su discurso político.

¿Considera un fracaso de la ley de Justicia y Paz que los cabecillas paramilitares estén siendo extraditados antes de haber dicho la verdad en Colombia?

Siempre, por supuesto, resulta doloroso tomar estas medidas aflictivas para que personas que entregaron las armas tengan que ser finalmente extraditadas, pero apoyé en las extradiciones al Presidente porque creo que eso orientó el proceso por el buen camino y los puso en una situación de responder ante las dos justicias. Si los extraditados permanecen en Justicia y Paz, siguen contando la verdad y entregando los bienes que tienen acá, podrían recibir la pena alternativa, y la ley establece que ellos pueden descontar esos años de los pagados en una cárcel en el exterior.

Ni están contando la verdad ni entregando los bienes ni las rutas del narcotráfico, que están heredando los grupos emergentes...

El proceso hay que mirarlo en su gradualidad. Lo único que yo podía lograr es que entregaran las armas y se pusieran a disposición de la justicia. Pedirle más a un Comisionado de Paz es pedirle milagros. Personas de las que ni siquiera teníamos una foto, como Macaco o Berna, se entregaron voluntariamente. El primero, incluso, estuvo dos meses en La Ceja sin poderlo encarcelar formalmente porque ni siquiera tenía un requerimiento judicial. Era una organización mafiosa, cerrada sobre sí misma, en la que lo peor era ser sapo. Gracias al proceso, muchos aceptaron empezar a contar la verdad. Miguel de la Espriella se le adelantó a Mancuso cuando supo que este iba a hacer público lo del Pacto de Ralito.

¿Qué opinó de las tres reuniones en la Oficina Jurídica de Palacio con el abogado de 'Berna' y de alias 'Job'? Dicen que cuando supo, se murió de la rabia...

Supe días después de su ocurrencia. Desde el primer momento dije que de buena fe habían caído en una trampa. Ellos buscaron un contacto con la Casa de Nariño con el argumento de llevar alguna información, pero lo hicieron para crear el hecho y después filtrarlo a los medios. Trataron de crear un 'positivo' para poder decir que tenían contactos con el Gobierno. Si me hubieran preguntado, habría desaconsejado esa reunión. Yo conocí mucho a esos señores de los paramilitares. Incluso alias 'Job' me valió un distanciamiento con el entonces alcalde Sergio Fajardo, porque les daba mucha interlocución a ese señor y al grupo de alias 'Don Berna'. Por eso no acompañé en términos generales ese proceso de Medellín, porque yo tenía mis distancias y siempre hubo un choque. Alias 'Job' era muy manipulador, no era un hombre transparente. En su momento lo saqué de la mesa de diálogo. Era un maestro de la maña. Creaba situaciones para después manipular a partir de ellas. Si me hubieran consultado, nos habríamos ahorrado el dolor de cabeza.

¿Por qué aparece usted como coautor de un libro que se publicó contra la investigación que hizo la Fundación Arco Iris sobre la parapolítica?

Mi capítulo está dedicado a la recuperación del monopolio de la justicia. El poder judicial había quedado amarrado en su capacidad de actuar, reemplazado por el poder de facto de las autodefensas. Ahora: hay que entender que lo que hoy se llama parapolítica, hace unos años era considerado un acto natural. Cuando yo llegué originalmente a las regiones había una especie de locura colectiva: la gente asumía que las autodefensas eran necesarias. Nadie me aplaudió por desmovilizarlas: ni las clases altas ni los sectores populares en las regiones ni la dirigencia política en Bogotá. En la investigación de la Fundación Arco Iris hay mucho de juego político. Conozco a León Valencia y mantenemos una interlocución, a pesar de que tanto él como Claudia López intentan mostrar al Presidente y a su Gobierno como condescendiente con los paramilitares, lo cual no es cierto, pero eso hace parte más del juego político que de la investigación judicial, que yo celebro. El presidente Uribe y este Gobierno le han devuelto la confianza al país. Esa era nuestra labor y, en gran parte, está cumplida.

Y si está cumplida, ¿por qué el Presidente no acaba su período y se va?

Lo más sano es que haya un relevo en el 2010 pero tampoco se debe desechar el liderazgo del Presidente. A mí personalmente me gustaría verlo encabezando una lista para el Congreso, porque mientras la seguridad democrática ha fortalecido al Ejecutivo y a la justicia, el Legislativo sigue sin recuperar su legitimidad y autoridad. Esa sería mi preferencia personal. Quiero que se abra una opción para que un Presidente aún en ejercicio pueda liderar una lista al Senado, de manera que los dos órganos de elección popular como la Presidencia y el Congreso puedan tener unos vasos comunicantes, para poder mantener una continuidad política. Aunque admito que es sano despersonalizar todo este proceso de recuperación de confianza y el planteamiento de la seguridad democrática pluralizando los liderazgos, al presidente Uribe hay que darle un ejercicio real de poder. Y este debate hay que darlo por fuera del Presidente mismo. Me parece muy curioso que sus potenciales sucesores estén esperando que diga si se decapita o no se decapita para que empezar ellos a ejercer su liderazgo. Como están las cosas, el Presidente tiene que irse en el 2010 y nos lo repite todos los días en el Palacio de Nariño.

Pero parece que José Obdulio no lo ha escuchado, porque le insiste en que le pida al Congreso que saque adelante el referendo de su reelección...

Es una opinión de José Obdulio, que es un gran polemista. Así como las mías no las estoy dando como Comisionado, creo que los líderes políticos tienen que empezar a jugársela sin temor.

¿Y qué hace un potencial sucesor como Juan Manuel Santos para adivinar qué quiere el Presidente? ¿Sería conveniente que renuncie antes de averiguarlo?

Juan Manuel tiene que continuar todo el tiempo que sea necesario en el Ministerio de Defensa. Ha hecho una buena labor y no debe apresurar decisiones, pero el debate que hay que dar en el país es qué debe hacerse con el liderazgo del presidente Uribe. Él tiene su peculiar estilo y el país se lo adora. Combina el papá cauteloso con el domador de caballos, con el administrador del detalle. Hay que ambientar el debate sin satanizar el liderazgo que ha logrado. Ante la alternativa de su reelección en el 2010 ó en el 2014, le añado otra: que el Presidente pueda encabezar una lista para el Congreso.

Muy interesante su propuesta, aunque no faltarán quienes digan que ahora el Presidente no solo se quiere apoderar de la justicia sino del Congreso. Si no hay reelección, ¿vuelve a la psiquiatría?

No la he dejado nunca: este cargo es el más psiquiátrico del mundo, pero yo realmente siento que mi tarea está cumplida.

¿Este es un adiós?

Puede ser. He pensado en retirarme porque necesito recuperar mi capacidad crítica. Llevo siete años muy disciplinado en este cargo. Quiero volver a mi condición de simple ciudadano y, como tal, expresar puntos de vista con los que eventualmente pueda discrepar del Gobierno.

¿Cuándo piensa oficializar su renuncia?

Pronto, pero estoy madurando esta idea porque no puedo exponerme a que el Presidente me vuelva a pedir que no me vaya.

Suerte, pero no la veo fácil.

MARÍA ISABEL RUEDA
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Política
Fecha de publicación
13 de octubre de 2008
Autor

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