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Opinión/No, gracias, no tomo 'güisqui'

Una de las expresiones más paradójicas que los colombianos oímos desde los años 70 es la acusación, a los contradictores de izquierda, de practicar "ideologías foráneas". Guanes, panches y muiscas no fundaron aquí ideología alguna, y sabemos que, descontados el chocolate, la totuma, el tamal, la chicha y el tabaco, casi todo nos llegó de fuera. Y bienvenido. En las lenguas, la actividad de los hablantes también llena de conceptos y voces foráneas y novedosas el habla, contribuyendo a la utilidad y vitalidad de los idiomas.

¿Serán buenos o malos estos hechos inherentes a la dinámica de las lenguas? Si elementos de sánscrito no hubieran sido llevados a Europa y, allí, adaptados, a través de guerras y comercio, a dialectos europeos, y si el latín no hubiera viajado y evolucionado en los diferentes lugares del imperio romano, ¿cómo podríamos hablar español?

A estas alturas, entonces, ¿tiene sentido que el cúmulo de términos nuevos, matices, giros, significados, todo el repertorio con que contribuimos hoy a mantener viva y vital nuestra lengua, no dependan en su legitimidad de nuestro propio uso? El Diccionario Panhispánico de Dudas es un esfuerzo claro en este sentido de legalizar realidades lingüísticas. Pero a destiempo. Mientras tanto, los correctores de estilo aquí se esmeran en hacer cumplir elecciones idiomáticas no siempre acertadas.

Ni que en España digan: ¡Vamos, qué chimba! o ala, ¡qué tía tan chirriada!, ni que acá escribamos elite, por élite, ni cóctel por coctel, ni güisqui por whisky, ni reguetón por reggaetón. O escribamos yaz, por jazz; dans por dance, y regue por reggae.

FRANCISCO CELIS ALBÁN

Publicación
eltiempo.com
Sección
Educación
Fecha de publicación
11 de octubre de 2008
Autor

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