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Las madres del Cañón de las Hermosas en el Tolima ruegan para que las Farc no recluten sus hijos

Esta zona que limita con Valle y Huila fue por años el sitio de descanso del secretariado de las Farc, y el lugar donde se planearon operaciones y ataques a gran escala contra la Fuerza Pública.

No hay un solo día en la vida de Amparo, una humilde mujer que vive desde hace 67 años en el cañón de Las Hermosas, en Chaparral, que no ponga en las manos de Dios a sus siete muchachos. 

Ella ora y encomienda su familia a los santos pues no quiere vivir la misma angustia de muchas mujeres de esta zona que no se resignan a ver sus hijos en las filas las Farc.

Cuentan en este corregimiento ubicado a cuatro horas del casco urbano de Chaparral, que cada mes desaparecen dos jóvenes que parten rumbo a la guerrilla.

Aunque hoy las cosas han mejorado, el Coronel Ricardo Andrés Bernal, comandante de la Sexta Brigada del Ejército afirmó que "cada familia del Cañón de Las Hermosas, tiene al menos uno de sus miembros en la subversión".

Las madres no se equivocan al afirmar que esta región ha sido la zona de Colombia más difícil para criar hijos. Allí muchos, por engaños y ofrecimientos de dinero, terminan en las filas de la guerrilla.

Otros lo hacen porque esta región de la Cordillera Central no sólo es la cenicienta del gobierno sino que las oportunidades de educación y empleo para los jóvenes, son escasas.

"La guerrilla dice que necesita nuestros muchachos para tumbar al gobierno, pero al cabo del tiempo uno recibe los cuerpos envueltos en bolsas, llenos de plomo", señala Amparo.

Ella ha sido afortunada. Dios ha escuchado sus oraciones y ninguno en su familia ha sido robado por la guerra.

Hace dos años, uno de sus hijos que entonces aún no había aprendido a leer, recibió la propuesta de dejar los libros y empuñar las armas.

Un guerrillero del frente 21 de las Farc le dijo que se rebelara contra el gobierno porque la mayoría de las 29 veredas de Las Hermosas tiene las escuelas en pésimas condiciones, y hasta les faltan profesores.

Afortunadamente ni él ni sus hermanos oyeron las insinuaciones. Hoy, dos terminan el bachillerato y los demás se dedican a cosechar café.

María Dolores Torres no ha tenido la misma suerte de Amparo. Esta madre que hace rato pasó la línea de los 60 años, aun no se recupera de la muerte de su hijo José Ramiro Oliveros Torres.

El menor de 17 años, que deja 3 hijos, sindicado de hacer parte de las milicias del frente 21 de las Farc, murió a manos del Ejército a comienzos de marzo en la vereda Santa Bárbara.

Su mamá lo defiende. Asegura que nunca le notó nada malo. No entiende qué sucedió si ella crió hijos buenos para la vida.

"El trabajaba, pero, a conciencia, no se nada", agrega.
Poco valieron sus consejos ya que, a decir de los campesinos de la región, José Ramiro sí 'andaba en malos pasos'.

Jóvenes sin opciones

Muchas madres en este cañón, en el que Isagen construye una hidroeléctrica sobre el río Amoyá, reconocen que el problema es delicado en una zona donde los jóvenes que terminan el bachillerato no tienen recursos para ingresar a la educación superior.

"Cada año, solo entre tres y cinco jóvenes van a la universidad, pero el sacrificio económico de los padres es muy grande", dice un líder comunal.

Esa 'fiebre' de ingresar a las Farc fue alimentada por la presencia de comandantes que se movilizaban en motos y carros lujosos.

Llegaban atraídos por el clima fresco y la cercanía del Valle, Huila y Quindío. Andaban sin Dios ni ley por esta inmensa montaña que desde este año retomaron las tropas de la Sexta Brigada del Ejército.

Sin embargo, y con las tropas guardando su tierra, las madres de Las Hermosas aún ruegan para que sus hijos no cojan camino 'p'al monte'.
 

'Guerrilla se lleva a las más bonitas'

Las mujeres que tienen hijas en Las Hermosas, tampoco escapan de la continua incertidumbre.

En los últimos 15 años muchas madres han tenido que salir del cañón para evitar que sus hijas terminen en las filas de las Farc.

Relatan que en años anteriores camino a las escuelas y colegios, las estudiantes eran engañadas con falsas promesas.

"A los guerrilleros les gusta echar piropos, y prefieren las niñas más bonitas", dice una de ellas. Y es que en Las Hermosas ninguna madre puede dejar de orar por sus hijos.

Los ejemplos abundan y una joven de 25 años relata que una familiar se fue a vivir a otra ciudad luego que descubrió a su hija hablando con un subversivo. Le dan gracias a Dios porque hoy las cosas han cambiado con la presencia del Ejército.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Nación
Fecha de publicación
10 de octubre de 2008
Autor

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