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Cinco colombianos cuentan cómo es estudiar con Einstein, el Papa, Pierre Bourdieu y Peter Nolan

Sean famosos o no, todos hemos tenido profesores que consideramos eminencias, que están más allá del bien y el mal, que se las saben todas.

Unos pocos, además, han sido reconocidos en el mundo por sus conocimientos.

Por esa razón, haber sido sus alumnos marca con mayor fuerza la vida profesional y personal de quienes pudieron escucharlos en clases o compartir reflexiones de tipo académico.

La mayoría de quienes fueron sus estudiantes son también maestros colombianos que salieron al exterior a especializarse y compartieron con estas figuras.

¿Cómo fue tenerlos como maestros? Cinco colombianos hablan de sus experiencias.

Cartas de Einstein

En el primer patio de la casa colonial de Mario Laserna, en La Candelaria, cuelgan en marcos negros las cartas que intercambió con el científico más importante del siglo XX, Albert Einstein.

Laserna, fundador de la Universidad de los Andes, estaba en la Universidad de Princeton, en Nueva Jersey (Estados Unidos), y decidió escribirle un mensaje a Einstein para saber si podía ir a visitarlo y conocer sus conceptos sobre ciencia y universidad. "A Einstein lo conocí por amigos en común. Luego lo visité en su apartamento, porque teníamos varios temas de los que podíamos hablar. Fue una persona que con su mente y su capacidad transformó nuestra visión de la ciencia.

"Él era bastante ajustado a las condiciones dentro de las cuales se estaba conversando. Muy profundo", dijo Laserna.

El profesor de la Ministra de Cultura

Paula Marcela Moreno Zapata, ministra de Cultura, escribió esto para describir a su maestro: "Quisiera recordar a un profesor que condensa muchos elementos que me marcaron como profesional y docente: Peter Nolan, catedrático de globalización, mi tutor durante una maestría en la Universidad de Cambridge.

"El profesor Nolan me enseñó que los países con mayor nivel de desarrollo y aquellos que se proyectan como nuevas potencias han logrado su crecimiento gracias a su interés por afianzar el nacionalismo a través de los factores culturales que unen a la sociedad entorno a objetivos comunes y que encuentran en sus raíces su mayor factor diferencial.

"Nolan fue mi tutor de investigación y su acompañamiento me permitió desarrollar procesos de búsqueda que permitieran articular los estudios que realizaba con mi proyecto de vida. Me ayudó a definir ese espacio de vocación e interés personal".

Clases secretas con Pierre Bourdieu

Cuando el hoy decano de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional, Fabián Sanabria, se atrevió a hablarle al sociólogo Pierre Bourdieu durante un coctel en París, tumbó el mito y conoció de cerca al maestro.

"Nadie se atrevía a hablarle. Le tenían un miedo feroz. Yo me acerqué y hablamos de García Márquez y de Borges, de cuya obra él conocía mucho. Recuerdo que estaba nevando y él estaba tomando cerveza cuando me dijo: venga el próximo jueves al seminario", dice Sanabria.

La invitación no era ni más ni menos que al seminario secreto, una clase que daba en la Escuela de Altos Estudios de París, a un grupo selecto de personas a las que les llegaba la invitación de forma clandestina. Los otros seminarios eran masivos en el colegio de Francia y tan concurridos que debían hacer trasmisiones por TV.

Bourdieu era el más prestigioso sociólogo de los últimos tiempos, Doctor Honoris Causa de la Universidad Libre de Berlín (1989), Premio Erving Goffman, de la University of California-Berkeley (1996), entre otros.

Sanabria recuerda que durante el seminario secreto el profesor se sentaba en la mitad y no en la cabecera de la mesa y siempre hablaba en voz muy baja. "Todos nos veíamos obligados a callarnos", dice.

El mayor temor de sus estudiantes era no estar a la altura de los argumentos, "porque lo podía despedazar a uno con una ironía".

Cuando Ratzinger no era Papa

En 1974, cuando Erika Olaya, una educadora colombiana, estudiaba en Turín (Italia), en la universidad de los salesianos, nunca destacó entre sus mejores maestros a Joseph Ratzinger, el teólogo que les dictaba moral, cristología y doctrina dogmática de la Iglesia.

"No pensaba que fuera a llegar adonde llegó; era un profesor normal, un sacerdote común que hacía bien su labor. Yo le tenía más admiración a otro padre salesiano", dice Olaya, hoy jubilada. Tres décadas después, ese señor se convirtió en el Papa Benedicto XVI, y es reconocido como uno de los teólogos más importantes de la Iglesia Católica.

El padre salesiano Rodolfo de Roux también conoció la faceta del Papa como maestro, aunque en un curso corto en Colombia. De él recuerda que contestaba preguntas con amabilidad y hacía esfuerzos por expresarse en un español, que para esa época, hace unos 40 años, no era muy bueno. "Aunque era un teólogo notable, no lo imaginé de Papa".

Publicación
eltiempo.com
Sección
Educación
Fecha de publicación
4 de octubre de 2008
Autor

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