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¿Qué tan blindados?

Una de las semanas financieras más dramáticas de los últimos 20 años terminó el pasado viernes en medio de aplausos por la aprobación en la Cámara de Representantes de Estados Unidos del paquete de rescate a Wall Street. Sin embargo, el sí a la esperada medida, avalada en unos 700.000 millones de dólares y considerada la mayor intervención económica del gobierno estadounidense en la historia, no pudo impedir una caída del índice Dow Jones de 157 puntos.

El entusiasmo se vio opacado por la publicación del reporte de empleo de E.U. -159.000 puestos de trabajo perdidos en septiembre-, la caída de los precios de la vivienda y el ritmo del consumo, que confirman el camino hacia la recesión oficial de la economía más poderosa del mundo. Existe consenso en los limitados alcances con los que cuenta este plan de salvamento para resolver de manera inmediata la crisis global. Los problemas de solvencia de los bancos y de liquidez en los mercados de crédito están sirviendo como correas de transmisión, llevando el contagio a la economía real y a los sistemas financieros en Europa y Asia.

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De Irlanda a Hong Kong, de Rusia a India, los bancos golpeados están cerrando el grifo del flujo de dinero mientras las tasas a los que se prestan están por las nubes. Para una economía emergente, como la colombiana, esto implica difícil acceso a los préstamos de la banca internacional y a un mayor costo, como lo reconoció el ministro de Hacienda, Óscar Iván Zuluaga. Asimismo, la percepción de riesgo de la economía colombiana, medida por el Índice de Bonos de Mercados Emergentes, se duplicó desde junio pasado de 150 a 300. Esto encarece los intereses que pagaría el país si necesitara acceder a recursos en los mercados globales.

Todo parece indicar que las turbulencias económicas no sólo son globales sino que no se disiparán en el corto plazo. La Cepal anunció que fijará a la baja la proyección del crecimiento de América Latina para el 2009. Si bien los analistas coinciden en que las economías regionales están mejor equipadas que en crisis anteriores -Chile, por ejemplo, tiene un fondo anticíclico con recursos del cobre-, la escasez del crédito y la caída de los precios de las materias primas amenaza con poner fin a los recientes años de bonanza. Las perspectivas en Brasil, México, Argentina y Venezuela son preocupantes y pronostican un frenazo tanto a los ingresos por exportaciones como al buen desempeño fiscal.

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Lo anterior lleva a preguntarse qué tan blindada está la economía local para soportar los efectos de esta crisis mundial. Al igual que otros países de la región, Colombia tiene de dónde agarrarse en el sacudón. Hasta ahora, el mensaje oficial ha sido de calma y de confianza en los pilares económicos. En varios discursos ante los gremios de Confecámaras, publicistas y Colfecar, el presidente Uribe lanzó un plan de contingencia de cinco puntos para enfrentar la restricción de los créditos. No obstante, además de anunciar las estrategias esperadas como anticipar necesidades de endeudamiento para el 2010 y el 2011, no hay aún claridad sobre cómo logrará el Gobierno buscar mercados alternativos -como los de los países árabes y asiáticos- para los recursos financieros y de inversión en medio de un contagio cada vez más globalizado. Ante una crisis generalizada y las economías más fuertes del mundo tomando medidas desesperadas, la confianza inversionista de la política de seguridad democrática no parece, en principio, un argumento tan cautivador como antes de la debacle.

Tal vez más importante que los anuncios es lo que no se ha dicho: cómo se revisarán las proyecciones económicas a la luz de las dramáticas nuevas condiciones mundiales. La intención del Gobierno de promover que todo está bajo control es entendible ante la necesidad de generar confianza y evitar que las expectativas se hundan a la par de la crisis. Sin embargo, mantener los mismos niveles de crecimiento e inflación para el año entrante, garantizar los niveles del gasto público y hasta aumentar la inversión en programas sociales ha generado la impresión en los analistas de que las autoridades económicas están subestimando los potenciales impactos del coletazo.

Un parte de tranquilidad no puede obviar el alto grado de incertidumbre que aún subsiste sobre los daños que la crisis producirá en la economía real. Gobiernos, hogares y empresas tendrán que reajustar sus números en sus respectivos presupuestos de gasto, créditos de consumo y planes de financiación. Reconocer esto no disminuirá la efectividad del plan de contigencia del Gobierno y confirmará que es realista sobre los peligros que se ciernen.

editorial@eltiempo.com.co

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
4 de octubre de 2008
Autor

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