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Debido al calentamiento global el mar ha invadido playas del Caribe colombiano

Cerca de 515 kilómetros de costa Caribe, una distancia similar a la que une a Bogotá con el puerto de Buenaventura (Valle), se están literalmente desmoronando en frente del mar.

El fenómeno se llama erosión, una palabra muy técnica, de la que casi nadie habla, pero que resulta casi tan agresiva como un huracán.

El diagnóstico lo ha dejado en el ambiente el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (Invemar). La entidad pudo establecer que el mar que baña a los ocho departamentos que tienen terrenos sobre el Atlántico se ha comido más de 100 hectáreas de terrenos dedicados a la agricultura, una extensión similar de playas y ha afectado al menos 1.000 viviendas.

Todo ha sido como una especie de tsunami que ha cubierto las costas lentamente y que se ha intensificado desde los año 80.

La erosión en la costa Caribe, aunque parezca increíble, ha comenzado en Bogotá y otras ciudades del interior que han degradado las cuencas de los ríos al talar los bosques, cambiar el uso del suelo y represar las aguas de sus afluentes.

Por eso ahora no llegan al mar las mismas cantidades de sedimentos formadores de playas. Y de ahí que se hagan más evidentes los daños que comienzan a producirse por ese golpe repetido de las olas contra los terrenos que antes estaban lejos del agua.

Este es un problema que se ha intensificado por el calentamiento global, que ha derretido enormes bloques de hielo en la Antártida y el Polo Norte y ha generado un incremento en el nivel de las aguas de 29 centímetros en los últimos 50 años (lo que equivale a un crecimiento de casi 6 milímetros por año) y que ya es notorio en Santa Marta, Barranquilla y Cartagena, según lo anunció recientemente el capitán de navío Julián Reina, director de la Comisión Colombiana del Océano.

Pero hay otros atentados ambientales que llevan a que la erosión se reproduzca como una plaga: una de ellas es la extracción de arena de las playas, que les quita estabilidad y reduce su tamaño.

Esta ha sido una actividad muy común en las poblaciones costeras, donde gran parte de la infraestructura urbana se ha hecho gracias a las arenas y otro mineral conocido como 'piedra china' que se extraen del litoral. La pérdida de terrenos se está concentrando en sitios turísticos.

El departamento más golpeado por la erosión costera es La Guajira, donde el 21 por ciento de su costa (183 kilómetros) está afectado, principalmente en Dibulla, Riohacha, Manaure y Uribia.

Le sigue Córdoba, con 89 kilómetros erosionados en San Antero, San Bernardo del Viento, Moñitos y el resto de sus municipios costeros.

Antioquia tiene 81 kilómetros de costa dañados que se notan en Necoclí, Arboletes, San Juan de Urabá y Turbo.

En Magdalena, que tiene 79 kilómetros de costa erosionados, los problemas se concentran en zonas como la barra de Salamanca y en playas del parque nacional Tayrona, como La Piscina y Cañaveral.

En Bolívar es preocupante que la erosión afecta las playas de Cartagena, como la de El Laguito y Manzanillo del Mar. Además, el Golfo de Morrosquillo, en Sucre, tiene procesos de erosión muy avanzados, principalmente, en San Onofre, Tolú y Coveñas.

515 son los kilómetros de costa Caribe, una distancia similar a la que une a Bogotá con el puerto de Buenaventura (Valle), que se están desmoronando.

183 kilómetros de costa de La Guajira han sido golpeados por la erosión. Este es el departamento más afectado por este fenómeno.

75 mil millones para frenar problema

El Gobierno redactó un documento Conpes para afrontar este problema. Según Planeación, se requerirían más de 75 mil millones de pesos para resolverlo, con la construcción de espolones o diques, que aunque ya se han levantado en algunas zonas, no han cumplido con los parámetros técnicos y, según Blanca Posada, investigadora del Invemar, están generando más daños.

Hay obras planeadas para Antioquia, Santa Marta y Coveñas

El Fondo Nacional de Regalías (FNR) podría aprobar 17 mil millones de pesos para financiar las obras de recuperación del litoral entre Arboletes (Antioquia) y Puerto Rey, en Los Córdobas (Córdoba). La idea es ejecutar ese dinero a partir de diciembre del 2008. También, hay estudios y prediseños para la recuperación de la zona costera aledaña a la Ciénaga Grande de Santa Marta, entre el corregimiento de Isla del Rosario (Pueblo Viejo) y Costa Verde.
El único sector que tiene recursos asegurados es el Golfo de Morrosquillo, ya que el FNR destinó dineros para la recuperación de las zonas afectadas en Coveñas. Esto dependerá de un proceso licitatorio que lidera el Instituto Nacional de Vías (Invías).

Tala de manglares y edificios también causan erosión

Así como hay factores naturales que causan la erosión, como el normal golpeteo de las olas sobre las rocas, y que aumenta con las tormentas y los eventuales huracanes, el hombre es el responsable principal de los daños.

Uno de ellos es la tala de los manglares, esos pequeños 'bosques' que se forman en muchos pantanos costeros y en los estuarios, es decir, cerca de las costas.

Cuando una porción de mangle desaparece o es deforestado para utilizar la madera en la construcción de casas, el mar no encuentra resistencia y revienta sin control contra las playas que históricamente han utilizado estas plantas de pantano como una especie de dique natural.

En algunas ciudades, los manglares enfrentan otro atentado: son rellenados con escombros para transformarlos en terrenos habitables que en ocasiones son vendidos o usados para levantar hoteles. Esto es visible y sucede en frente de las autoridades ambientales en el golfo de Morrosquillo y en la zona oriental de la bahía de Cartagena, donde funciona el sector industrial de Momonal.

De acuerdo con Blanca Oliva Posada, geóloga e investigadora del Invemar, la erosión también es producida por la construcción de edificios en zonas cercanas a la costa, que perturban los procesos de transporte arenoso que se dan naturalmente.

"Muchas obras se hacen cerca del mar para proteger carreteras, puentes o como parte de la infraestructura portuaria, pero de paso son perjudiciales porque alteran el régimen de las corrientes y el transporte y distribución de sedimentos", explicó Posada.

Además, el crecimiento urbano en zonas de acantilados no contemplan, en la mayoría de los casos, según el Invemar, estudios geotécnicos que indiquen la carga que puede soportar estas zonas costeras sin desestabilizarse frente a las aguas negras y de escorrentía que llegan de las viviendas.

JAVIER SILVA HERRERA
REDACCIÓN VIDA DE HOY

Publicación
eltiempo.com
Sección
Nación
Fecha de publicación
3 de octubre de 2008
Autor

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