En Colombia crece la tendencia del 'couchsurfing': conocer el mundo durmiendo en sofás

En Colombia crece la tendencia del 'couchsurfing': conocer el mundo durmiendo en sofás

Jóvenes que se contactan por Internet viajan a otros países y conocen su cultura, sin pagar hospedaje. En el país hay 2.252 miembros de este grupo.

20 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

Después de recorrer Brasil, Argentina, Paraguay, Bolivia, Perú y Ecuador, en una aventura que emprendió el pasado 12 de abril por conocer las maravillas de Latinoamérica, Gustavo Rodríguez, un suizo de 27 años, de origen hondureño, encontró el destino de sus sueños en Bogotá.

No solo por Monserrate ni por la arquitectura de La Candelaria. Tampoco por los museos ni por la entretenida y diversa vida nocturna de la ciudad, que se gozó visitando desde el sector de Cuadrapicha, en la avenida Primero de Mayo hasta las discotecas capitalinas más cotizadas.

Lo que realmente encantó a este ingeniero mecánico que renunció a su trabajo en una planta industrial en Zurich (Suiza) para recorrer el mundo con su morral al hombro fue la calidez que encontró en Diana Gómez y su grupo de amigos.

Ella es una profesora de idiomas que vive en un conjunto residencial del nororiente bogotano.

Gustavo estaba en Bolivia, hace un mes, cuando se enteró de que había una red social en Internet, tipo Facebook, que promueve la hospitalidad entre los viajeros del mundo.

El proyecto tiene cinco años de vida y ya cuenta con una fraternidad internacional que busca que cada miembro ofrezca su sofá a un viajero y encuentre también uno cuando viaje a otro destino, sea cual fuere, no importa el lugar de origen y a dónde quiera llegar.

En el mundo ya suman 735.511 miembros, en 232 países. En Colombia, la mayoría (956) son de Bogotá. El resto está en ciudades como Medellín, Cali, Manizales, Cartagena, Bucaramanga e Ibagué.

Gustavo se inscribió en la página y, buscando alojamiento a través de este sistema, encontró el perfil de Diana.

Le escribió pidiéndole que lo recibiera, y ella, que en el año que lleva en la comunidad ha albergado a 11 mochileros de diversos países, lo acogió con gusto. No en un sofá, sino en su cuarto de huéspedes dotado con una cama de colchón cómodo y cobijas cálidas.

¿Pero cómo meter a la casa a un desconocido? La respuesta es sencilla. Casey Larkin Fenton, estadounidense de 30 años, programador de sistemas y uno de los cofundadores de Couchsurfing, explica que todo funciona bajo los preceptos de la buena fe.

Hay que creer en las buenas intenciones por encima de todo. En pocas palabras, el plan de 'surfear en sofás' se enmarca en una de las siete obras de misericordia de todo buen cristiano: dar posada al peregrino.

"No es lo mismo quedarse en un hotel o en un hostal. Con este sistema uno, como turista, no se siente tan solo y vive las costumbres de la gente local que de otra manera sería imposible conocer", cuenta Gustavo con un español enredado, que aprendió de niño, antes de que se lo llevaran a vivir a Suiza.

El paseo termina en caridad

Durante su estadía en la ciudad, Diana llevó a Gustavo a la estación de Las Aguas, en el centro de la ciudad, para que se reuniera con los couch surfers bogotanos (así se les dice a los miembros de esta comunidad).

Todos los miércoles se congregan allí para darles aguadepanela con pan a los indigentes del sector. Gustavo, emocionado, se trepa un termo metálico en la espalda, empieza el recorrido, y pide que lo dejen distribuir la merienda. Son unas 30 personas las que hacen parte de esta actividad, entre estas, siete extranjeros que están 'surfeando' en sofás bogotanos.

"Ustedes no solo se gozan la vida en una ciudad y un país maravilloso, sino que se preocupan por los más pobres", dice Gustavo al aplaudir que esta red social trascendió del plano virtual al terrenal. No en vano, una de los principios de Couchsurfing es ayudar a construir un mundo mejor.

Y tiene razón. Entre los miembros de esta red de amantes de los viajes ya son amigos, salen de rumba, se informan sobre actividades culturales y hasta les ayudan a conseguir trabajo a los que no lo tienen.

Y claro, están al tanto sobre todo visitante que llega, o que quiera venir, para conseguirle su sofá y para que su estadía en el país sea grata.

Gustavo estuvo 10 días en el apartamento de Diana, luego se fue para la Costa, y enamorado de Colombia regresó a Suiza con la promesa de volver.

Así funciona

Hay que crear un perfil como en cualquier red social, en el que la persona debe establecer su disponibilidad de sofá. Hay muchos miembros que no tienen cómo hospedar a un visitante, pero que sí pueden llevarlo a conocer la ciudad o a tomar un café.

Estando en la página (www.couchsurfing.com) busque el lugar a donde quiere ir, dentro o fuera de Colombia. Escoja a quién escribirle, póngase de acuerdo en si lo puede recibir o no, y defina cuáles serían las condiciones: tiempo de estadía y planes por realizar.

La seguridad es fundamental. Por eso, a la hora de abrir el perfil, hay que suministrar datos reales que luego son corroborados. Cada integrante va adquiriendo prestigio dentro de la red, gracias a las referencias que ponen tanto las personas que lo reciben como las que este hospeda.

Las experiencias negativas, registradas en la página, son mínimas. Esta red sobrevive gracias a donaciones voluntarias.

Una buena imagen del país

"Esta es nuestra forma de hacer patria. Con esto mostramos una buena imagen de Colombia ante los extranjeros", sostiene Luis Betancourt, embajador de Couchsurfing en Colombia, y afirma que esta comunidad crece como una bola de nieve, no solo en el mundo, sino en el país, tanto así que la red también tiene su funcionamiento interno.

Por ejemplo, Luis está de paseo en Cali con varios amigos. Se está quedando donde una persona a la que conoció a través de Couchsurfing.

Él, y la mayoría de sus miembros, piensan que el éxito radica en que no solo se limitan al tema del hospedaje.

Acá acompañan a los visitantes, le muestran la ciudad y le comparten sus costumbres. Los llevan a comer ajiaco y a las mejores rumbeaderos de la ciudad.

Diana, que piensa hacer su primer viaje el próximo año, a Grecia, donde una couch surfer que se quedó en su apartamento, aclara que en esta comunidad lo más importante es tener una mentalidad abierta. "Aquí no hay estratos sociales, ni límites de edad, ni desconfianza ni prejuicios".

JOSÉ ALBERTO MOJICA P.
REDACTOR DE EL TIEMPO

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.