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Vendiendo su pelo decenas de personas se 'desvaran', mientras que otros lo procesan y venden

El año pasado, Colombia exportó a Estados Unidos cabello humano por 46 mil dólares.

Santiago Restrepo, un calvo de 45 años, vive de un pelo.
 
Desde niño veía a su madre tejer pelucas con las hebras que su padre recogía en pueblos de Cundinamarca.

Y ahora, cuatro décadas después, luego de haber perdido tanto pelo como el que ha visto en toda su vida, es la cabeza del negocio familiar y vende pelucas en un local llamado Bari, en el corazón de Chapinero, en Bogotá.

"En todos los pueblos, si hay algo fijo aparte de una iglesia, es una peluquería, decía mi papá. De esas correrías él llegaba con cajadas de pelo que les compraba a las campesinas", recuerda.

Con su negocio ha visto cómo ha cambiado el pelo en la historia. Antes, más largo, piojoso y virgen. Hoy, tinturado y corto, pero más limpio.

Hoy, sólo lo compran si es liso, mide mínimo 45 centímetros y no tiene piojos, pero como en todo mercado hay empresas -entre las 16 que se anuncian en el directorio- que no lo aceptan tinturado y otras que lo compran más corto.

A Santiago le causan risa las historias de que las pelucas se hacen motilando muertos en los cementerios y enumera -mientras peina una- las razones por las que la gente se atreve a perder su cabello.
 
Nohemí y Miriam, dos tejedoras de pelos y pelucas, le ayudan con la lista: por hambre, para comprar medicamentos o porque de todas maneras se lo van a cortar y en este país a pocos les sobra el dinero.

"La época en que más viene gente es febrero, para comprar útiles o conseguir lo que falta del colegio", cuentan las mujeres, que se encargan de espulgar el pelo de los clientes y rechazarlo si les llega 'premiados' con piojos. Si pasan la prueba del insecto, lo cortan y lo mandan al taller, donde se teje en máquina de coser.

Mientras ellas hablan, Édgar Ayala, un peluquero bogotano que acaba de llegar a Bari, asiente en silencio.

Tiene una bolsa blanca con mechones gruesos aún amarrados con cauchos o trenzas. Son cabellos de sus clientes que él recoge en silencio para ir a venderlos en el almacén de pelucas.

Lleva 20 años como estilista pero sólo hace 5 entró en el mundo de la compra y venta de pelo, cuando una hermana suya lo perdió a causa de un cáncer.

Como un acto de desprendimiento, la madre de Édgar se cortó el cabello para donárselo a su hija y que le hicieran una peluca, aunque también lo hizo por economía porque una peluca puede costar hasta 700 mil pesos.

Su hermana murió. Él quedó con la responsabilidad de toda la familia y entonces decidió darse una mano con el pelo que sus clientas se cortaban creyendo que iba a la caneca de la basura.

"Yo quiero que le den un buen uso a este cabello, que sirva para mucha gente con cáncer, y de paso me ayudo", dice.

Muchos peluqueros son los encargados de 'reclutar' a futuros vendedores de cabello, otro eslabón de este negocio.

En ese trabajo Édgar ha conocido mujeres que lo dejan crecer para pagar el semestre universitario y hasta supo de una señora que lo vendió porque no tenía con qué comprarle una muñeca de cumpleaños a su hija. Este día al almacén de pelucas llega la señora Hilda Vergara a preguntar cuánto pagan por el suyo.

Tiene 57 años y un cabello rubio y largo que quiere hacerse cortar para verse más joven. Se mira al espejo y cuenta que hace un año no le pasa una tijera. Escucha la oferta, titubea, pero al final dice que 'Sí'.

La única que lo hace sin rodeos es Marta Acevedo. Va con su hijo, pregunta y pasa a una sala pequeña con espejo y con flores donde la desprenden de su cabellera y puede recibir 90 mil pesos.

Miriam se la corta de un tajo, en una cola. La toma entre sus manos como un trofeo, aunque aclara que no será suficiente para una sola peluca.

Es el cierre de un ritual feliz, como lo ve Nohemí, porque mientras Marta cruza la puerta del almacén alegre por tener un peso menos en la espalda, entra una mujer calva con cáncer que quizá en poco tiempo llevará en su cabeza el pelo que Marta acaba de dejar sobre el mostrador.

Se vende afuera

Según el Dane, se vende desde cabello humano en bruto, "esté o no lavado o desgrasado", hasta peinado, aclarado o procesado para pelucas, casi siempre para mujeres con cáncer o para extensiones. China es el país que más lo vende, pero también es conocido en el mundo el cabello de la India que se comercializa en Europa.

CATALINA OQUENDO B.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
13 de septiembre de 2008
Autor

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