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Baldosas son transformadas en obras de arte en las manos de Roberto Freidel

Este artista es arquitecto, pero de manera empírica llegó a convertirse en un experto en calentar y transformar estas piezas con las que realiza grandes mosaicos en cerámica.

Cuando Roberto Freidel se sienta en uno de los bancos del antejardín de su casa en el barrio Francisco Miranda, su cabeza no solo se recuesta sobre la aureola de San Francisco de Asís, a quien admira, sino sobre años de trabajo y pasión.  

En una pared donde los círculos son planetas y los animales hechos con segmentos de baldosas hacen parte de un gran mosaico de cerámica, conforman una representación a escala de la creación del mundo en siete días.  

Su autor, Freidel, caleño de nacimiento, con alma de bogotano. Ambientalista, muralista y ceramista transformó su profesión de arquitecto en un cuento menos acartonado.  

Juega con los colores, las baldosas y las figuras. Es amante de los acuarios, los corales y los peces, y parece ser el único en el país que se atreve a armar grandes mosaicos que él mismo llama 'postmodernistas'.  

De ahí que su casa-taller, tatuada de caballos, tigres y aves, rompa con la cotidianidad y la tradición de un barrio donde las casas parecen dibujadas por un mismo pincel.    

De overol café y de buen humor entrega sus días a calentar vidrio, sometiendo al fuego distintos esmaltes para sus creaciones. "No es una tarea fácil, ni un pasatiempo -explica Freidel- es un arte milenario", y parece tener razón, porque sus mayores creaciones le han tomado más de ocho meses.  

Por eso, aunque sus colegas piensen que está perdiendo el tiempo, es la pasión que desde pequeño sentía cuando conoció el trabajo de Leopoldo Richter, un biólogo alemán que construyó mosaicos sobre animales y paisajes de Colombia.  

Freidel, es un artista empírico con más de 20 años de experiencia, que se declara autodidacta, y que luego de trabajar en la fábrica de Corona como diseñador de baldosas, afianzó un método de elaboración lejos de la tradición de los mosaicos.  

"No tengo porqué andar recogiendo piezas de baldosas; yo mismo las elaboro y las pinto", dice este personaje que con tenazas en mano rompe cuidadosamente su materia prima.  

Su dedicación y paciencia han hecho que su trabajo no solo pueda observarse en el restaurante principal del hotel Radisson, sino en lugares como el Simón Bolívar, un hotel en Aruba o la representación de los días de la creación en Miami.  

Ha puesto su taller en dos lugares en la localidad de Usaquén, pero fue en la calle 108 con carrera Décima en donde prefirió quedarse. "Era un lugar de galerías. Al frente quedaba la ruta de buses Chicó-Miranda y ni siquiera existía la carrera Novena y Once", contó.  

Aunque ya no vive en el segundo piso de esta casa, sino en La Carolina, la considera su segundo hogar.

Gasta más de ocho horas pintando, cortando y calentando las baldosas para mosaicos que encargan clientes o que hacen parte de su inspiración, como los retratos de colombianos que se dio a la tarea de iniciar este año.  

Freidel es un artista con los pies en la tierra que defiende a capa y espada su trabajo, ama los animales y el mar y, así como el profundo azul de sus ojos, sabe que sus cuadros nunca perderán esta tonalidad que desde el principio los han caracterizado.  

Periodismo ciudadano
EL TIEMPO ZONA
zona@eltiempo.com.co  

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
3 de septiembre de 2008
Autor

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