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'Humanae Vitae', cuarenta años después

La encíclica 'Humanae Vitae' tiene 40 años. Y creo que no fue casual que se produjera en julio de 1968, dos meses después de mayo del 68 francés, que había permitido a las mujeres descubrir la profunda relación entre deseo y poder, y entre sexualidad y política. 'Humanae Vitae', documento que fija la posición irreductible del Vaticano con respecto al aborto y a los métodos contraceptivos, fue, de alguna manera, una respuesta a lo que entonces se llamó la revolución sexual de las mujeres, cuya reivindicación central se expresaba por medio de un grito exasperante para la iglesia católica: "Mi cuerpo es mío".

Pese a las inmensas transformaciones tanto sociológicas como subjetivas de las mujeres a lo largo de estos 40 años, la posición de la Iglesia Católica, reforzada hoy por Benedicto XVI, no cambió y continúa prohibiendo el uso de cualquier método artificial de planificación familiar. Ni hablar de la píldora de emergencia, del condón, de la esterilización o del aborto.

Cuarenta años después, es entonces necesario contrastar esta posición de la iglesia católica con investigaciones recientes en Colombia sobre los derechos sexuales y los derechos reproductivos, y saber si sigue intacta la influencia de la iglesia católica en materia de sexualidad o si se desdibuja una profunda brecha por lo menos entre las prácticas contraceptivas de las mujeres y la permanencia de los dictados del magisterio católico.

Para hacer esto, es necesario tener en cuenta, en primer lugar, la particular situación de conflicto armado en el país, que ha generado impacto negativo en términos de planificación familiar. La píldora, que por mucho tiempo fue el método preferido de las colombianas, sufrió un descenso importante, al bajar del 14 al 10 por ciento en los quince últimos años. Y las mujeres menores de 20 años vienen aumentando su tasa de fecundidad en las últimas dos décadas. Sin embargo, datos provenientes de algunas encuestas -EL TIEMPO en el año 2001 y Católicas por el Derecho a Decidir en el 2003- nos entregan resultados alentadores en relación con cambios de mentalidades que se están dando poco a poco en el país.

Algunos ejemplos: el 88 por ciento de la población consideró que, en los cursos de educación sexual, se debe enseñar a los y a las jóvenes a prevenir el embarazo utilizando métodos anticonceptivos; 96 por ciento cree que el Gobierno debe proporcionar el uso del condón para combatir el virus del sida, y 82 por ciento está de acuerdo con la anticoncepción de emergencia para evitar un embarazo no deseado; 94 por ciento considera que los servicios de salud pública deben ofrecer anticonceptivos de manera gratuita. Ocho de cada diez encuestados apoyaron la idea de que la Iglesia permita el uso de métodos anticonceptivos modernos.

Tenemos también la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS 2005) que nos proporciona cifras interesantes en relación con lo planteado. Algunos ejemplos sueltos: en materia de contracepción, los métodos tradicionales están disminuyendo a favor de los métodos científicos. La tasa global de fecundidad en el país disminuyó de manera drástica: 7 hijos por mujer a mediados de los años 60 a 2,4 en el 2005.

Vemos entonces que, a pesar de los obstáculos para un real ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos en el país, es evidente la pérdida de la influencia de la iglesia católica en este campo. Por ello, los capítulos de sexualidad de la encíclica 'Humanae Vitae' son ya piezas dignas de un museo arqueológico que conserva las huellas del más obsoleto oscurantismo. Sé que algunos de mis amigos teólogos y amigas teólogas estarán de acuerdo con estos diagnósticos.

* Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
2 de septiembre de 2008
Autor
Florence Thomas *

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