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Explosión de viñas boutique inunda a Chile, con vinos de altísima calidad y en múltiples cepas

César Fredes, periodista y una de las voces más respetadas en Chile en materia de vinos, ubica los inicios de este fenómeno a mediados de los 90 y lo atribuye a una afortunada conjunción de factores.

"Primero comienza a haber una mirada más ambiciosa del empresariado chileno, que empieza a ver cómo puede subirle la calidad y el valor al vino chileno en los mercados internacionales. A esto se suma una camada de enólogos que se preocupan por estudiar y recoger las mejores prácticas internacionales (Francia, Nueva Zelanda, etc.) y, en varios casos, con el apoyo de las grandes viñas".

"Paralelamente -continúa Fredes- se da un gran salto tecnológico. De la mano de Miguel Torres, el empresario del vino catalán que se establece en Curicó, y de otros empresarios, comienzan a introducirse las cubas de fermentación de acero inoxidable, los intercambiadores de temperatura para controlar mejor la fermentación y nuevas barricas de roble francés, entre otros adelantos. A los que se agregaría otro factor clave: unos enólogos -que en Chile deben estudiar primero Agronomía- cada vez mejor preparados".

Javiera Lagos, enóloga de La Vinoteca, la mejor boutique de vinos de Santiago, coincide en que el factor tecnológico ha sido fundamental. "Hoy hay mucha tecnología y ciencia en todo el proceso de producción del vino. Y esto comienza desde el momento en que se escoge el terreno donde se va a plantar, con geólogos y agrónomos especializados en vinos".

El nuevo boom del vino chileno ha llegado a tal punto, que hoy hay más de 200 marcas en el mercado provenientes de viñas boutique que van desde el río Limarí (norte) hasta el río Maule (sur). La mayoría son pequeñas producciones, hechas en menos de 1.000 hectáreas y con volúmenes que rara vez superan las 50.000 cajas, pero con un gran sello común: una fuerte apuesta por la calidad.

La mejor forma de llegar a ellos

Por su producción limitada, buena parte de la cual además se exporta, estos no son vinos que se puedan hallar en un supermercado. La mejor forma de llegar a ellos es a través de tiendas especializadas, como La Vinoteca o El Mundo del Vino, y de dos libros esenciales: La Guía de vinos de Chile y Descorchados, este último, elaborado por el periodista chileno especializado en vinos Patricio Tapias, famoso por sus programas en el Gourmet Channel.

La mayoría de estos vinos no son baratos, pero tampoco inaccesibles. La guía Descorchados 2008 trae muchos recomendados entre los 3.900 y 7.000 pesos chilenos (7 a 13 dólares). Claro que hay vinos como el afamado Clos Apalta 2005, de la viña Lapostolle, que cuesta 60.000 pesos chilenos la botella: 116 dólares (en Chile).

Aunque el Cabernet Sauvignon sigue siendo el rey, las tendencias del momento están marcadas por un interesante renacimiento del Pinot Noir y un potente y sofisticado Syrah, ambos cada vez más populares en la gama de tintos; mientras que en blancos, Chile vive una auténtica fiebre de Sauvignon Blanc que, no obstante, no opaca a los sublimes Chardonnay del valle de Casa Blanca.

Pero lo más interesante de este nuevo boom del vino chileno es su gran variedad en cepas. La enóloga Lagos cuenta: "Todas las viñas están innovando y experimentando. En blancos, con Gewurztraminer, Riesling, Viognier, entre otros. En tinto se está experimentando mucho con Malbec; con Carignan, una cepa muy frutosa y con un cuerpo muy delgado, diferente al Cabernet Sauvignon, y con Petit Verdot, que antes solo se usaba para mezclas".

A lo que Fredes añade: "también hay un auge del vino rosé que ahora se está haciendo muy en serio en Chile, con Pinot Noir, con Syrah y con Cabernet Sauvignon".

Ahora, ¿qué recomendarían probar estos dos expertos a un colombiano que quiera sumergirse en el nuevo mundo del vino chileno?

"Yo -dice Lagos- le daría un Pinot Noir o un Petit Verdot, para que pruebe algo distinto al Cabernet Sauvignon y al Carménère, que son los más conocidos. Y un Malbec chileno, que es excelente".

Fredes, por su parte, dice que empezaría por un buen Sauvignon Blanc, seguiría con Pinot Noir y "alguno de los fantásticos Syrah que se están haciendo en Chile". Y para ello, el mejor lugar son las boutiques de vinos de Santiago, donde hay gente especializada que lo asesorará.

Ahora, si quiere visitar una viña boutique, la recomendación de Fredes es el Valle de Casablanca, muy cerca de Santiago (hacia la costa), con 4.500 hectáreas plantadas y hogar de varias de las más modernas viñas boutique de Chile, como la viña Matetic.

Una recomendación final: no se deje intimidar por el lenguaje rimbombante de los catadores y láncese a descubrir este maravilloso mundo armado con una frase que repiten la mayoría de los enólogos chilenos: 'El mejor vino es el que más le guste a usted'.

Una bella historia de testarudez

En los años 60, don Miguel Viu Manent, propietario de la viña que lleva sus apellidos, recibía constantes presiones de sus empleados para que cortara unas parras viejas y de hojas un tanto raras que producían unas uvas que solo se usaban para mezclas. Pero él siempre se negó. Hoy, gracias a su testarudez, esas parras, algunas de ellas centenarias, producen no solo el mejor Malbec de Chile, sino también uno de los más premiados de Suramérica.

Juan Pablo Lecaros, enólogo y gerente de producción de esta viña de Colchagua, cuenta: "Fuimos los primeros en embotellar Malbec en Chile. Y hoy es nuestra cepa emblema. En la primera guía de vinos de Suramérica, Austral Spectator, y que fue hecha por periodistas argentinos, nuestro Malbec Single Vineyard 2001 fue escogido como el mejor Malbec de Suramérica. Y en los dos Vinos de la Cordillera que llevamos a la fecha, un evento que se hace con enólogos y periodistas chilenos y argentinos, el mejor Malbec ha sido nuestro Viu 1 que, además, ha sido escogido por dos años consecutivos entre los tres mejores vinos de nuestro país, por la Guía de vinos de Chile".

Hacer buen vino cuesta más

"Hacer un vino mediocre es muchísimo más barato que hacer un vino de calidad. Todo es distinto, desde el comienzo mismo del proceso", dice el periodista especializado en vinos César Fredes.

Y explica: "Para lograr un vino premium como Don Melchor, por ejemplo, se utilizan parras específicas, normalmente viejas y que son controladas día a día por especialistas. Eso cuesta. Además, viñas como Lapostolle traen enólogos de fama mundial como Michel Rolland, que asesora su famoso Clos Apalta.

"Las parras se podan dejando poco piton, para privilegiar calidad sobre cantidad. Es decir, son parras que producen menos uva por hectárea. Los vinos premium se hacen con rendimientos de 6.000 kilos por hectárea, un Casillero del Diablo con 18 mil kilos por hectárea y de ahí para abajo.

"Y luego viene el tema de las barricas: los vinos premium se hacen con un paso por barricas de roble francés de uno, dos o máximo cuatro usos: en barricas nuevas. Y cada una de esas barricas puede costar entre 500 y 700 dólares.

"Pero después hay que envejecerlos, o criarlos, durante dos años, lo cual, a parte de ser un lucro cesante enorme, demanda cuidados en bodega muy técnicos, como el control de la temperatura. En la actualidad hay bodegas de vinos que manejan sensores de humedad y temperatura que activan pequeñas lloviznas para humedecer las barricas en caso de ser necesario.

"Mientras que el vino barato se hace con uva comprada por kilos a terceros que suelen regar mucho sus viñedos -algo pésimo para el vino- para así lograr el mayor volumen posible de uva".

VÍCTOR MANUEL VARGAS
EDITOR DE EL TIEMPO
SANTIAGO DE CHILE

Publicación
eltiempo.com
Sección
Vida de hoy
Fecha de publicación
31 de agosto de 2008
Autor

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