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Una superación de fábula

En la Fundación Rafael Pombo Henry Villalba y Raisa, su hija, han vencido las adversidadesy han sobrellevado todas las adversidades, aquí su historia.

Los sueños sí se cumplen y no es una afirmación romántica. Lo dice Henry Villalba, el coordinador pedagógico de la fundación Rafael Pombo, que por 18 años ha impulsado la lectura en los niños, en esta casa a donde llegó luego de superar un mar de vicisitudes.

Enfundado en su disfraz de Pombo, cuando habla de los sueños lo sigue con máxima atención Raisa, una pequeña de 9 años, que a falta de escuela pasa los días leyendo en esta fundación. Mientras él enseña a los curiosos los recovecos de esta casa de 200 años de La Candelaria, en Bogotá, se le suelta una tímida y hasta atrevida confesión: "En mi trabajo, un poco de lo que hago es parecerme a Pombo. Mira, ¿cierto que sí?" Y su dedo apunta a un retrato del artista bogotano que gobierna la sala principal. "No sé si lo que él quería era que lo reencarnara", dice con cierta sorna el pedagogo teatral, que, acto seguido, aclara que ese aire al creador del Renacuajo paseador terminó por invadir sus sueños y tomar el matiz oscuro de las pesadillas, "pues él se me aparecía para preguntarme ¿Qué ha pasado con mi casa?", explica entre risas. Pero desde que se metió en el ropaje del fabulista, el susto mermó.

Llegar hasta donde está no le fue sencillo. Se graduó de la Escuela de Arte Dramático -ENAD- con una camada de artistas, hoy rutilantes estrellas de la televisión como Robinson Díaz, John Alex Toro y Fernando Rojas, más conocido como Aurelio Cheverony, el lobo de Club 10 de Caracol. Con él y otro amigo se iban al Parque Santander a hacer de mimos y pasar el sombrero entre los asistentes y cuando pudieron se compraron "una olla a presión desegunda o tercera mano" que llenaban con menudencias, arroz y lentejas.

Henry nació en Los Montes de María que descansan entre Sucre y Bolívar, exactamente en San José del Peñón, un pueblo de 160 habitantes que parece extraído de una fábula, pues allí, entre otras singularidades, hay iglesia pero los curas brillan por su ausencia y, por eso, a los novios los 'casa' la noche y el evento se anuncia soplando un cacho de ganado, una hora después de que han huido rumbo a la casa de un ocasional celestino. Por estas historias, que parecen 'macondianas', a Henry le volvió el alma al cuerpo, hace 10 años, el día que conoció a Gabriel García Márquez, gracias a su trabajo en la fundación cuando el Nobel la visitó para hablarles de por qué a los niños no hay que enseñarles arte, sino a jugar con el arte.

Y este actor, que recuerda cómo su abuela hacía lo propio cuando le contaba cuentos mientras fingía que le quitaba piojos, captó el mensaje. Sentada al piano, Raisa escucha las historias del que llama su "mejor amigo en la fundación", mientras él le ajusta una de sus hebillas y le cuenta que Carlos Vives, Ilona y Juanes ya sacaron el CD con las fábulas cantadas de Pombo. Pero ella no sabe de quiénes le está hablando porque sus verdaderos personajes son Los Simpson, Simón el bobito, Rin Rin Renacuajo y Pastorcita. Ella no tiene claro a qué edad comenzó a leer porque no le gusta contar los años, pero según los cálculos de Patricia Hernández, coordinadora de la sala de lectura que no le pierde paso, lo logró a los seis años. Y no va a la escuela porque su mamá, una humilde vendedora de dulces y su papá, un vendedor de plumillas para carros, no la pudieron poner a estudiar. Eso no merma su sed de saber. Devoradora compulsiva de cuentos, llega a las 9 de la mañana de lunes a viernes hasta allí, donde se queda hasta las 5 de la tarde, hora de regresar a casa.

La pequeña, que ha crecido en la fundación entre libros de cuentos y fábulas, sabe que su nombre ruso se lo debe a su mamá, otra apasionada de la lectura que antes que verla en la calle optó por dejarla en la casona mientras trabaja. El mismo lugar donde se refugiaba a leer cuando llevaba a Raisa en su vientre y donde han premiado la curiosidad intelectual de la niña poniéndole su nombre a la pasada temporada de vacaciones. Toda una inspiración.

Y así debe ser cuando la pobreza es el soplo vital de la creatividad. Henry para sacar adelante su carrera en Bogotá, vivió clandestinamente en una escuela en La Candelaria, donde por obra y gracia de una aseadora iba a dormir cuando todos se habían marchado. Su estómago es el que más recuerda esos días, porque sufrió una docena de intoxicaciones por culpa de las sardinas, ya que una lata tenía que alcanzarle para cinco días.

¿Hasta cuándo será Pombo? Todavía le quedan muchos años, apenas tiene 40 y quiere seguir inyectando pasión por las letras, aunque tiene claro que a San José del Peñón regresará para morir de viejo, porque su abuela, como tantas otras doñas, enterraban el ombligo de sus nietos recién nacidos bajo un palo de mamón, para que siempre retornaran a su hogar. Raisa, que se asombra con tal confesión, solo espera que la próxima vez que Henry viaje a Bolívar le traiga dulces de esa tierra.

Leer, una pasión que se contagia

- Que la falta de dinero o de tiempo no sea una excusa para no incentivar el gusto por la lectura. De su pasión depende el acercamiento de los niños con las letras.

- Recupere su capacidad de asombro. Recuerde qué le gustaba leer cuando niño y cuéntele esa pasión a sus hijos.

- Los niños imitan y usted puede constituirse en el mejor ejemplo. Léales en voz alta revistas y periódicos, así sean viejos. No les pregunte al final qué quiso decir el autor, que ellos no lo sientan como una tarea, sino conversen sobre lo que más les gustó.

- Siembre libros y revistas en todos los rincones de la casa, hasta en el baño. La lectura hay que mirarla desde el concepto más amplio, entonces deje por ahí no solo libros con letras, sino con dibujos e ilustraciones.

- Para los bebés, doble un pedazo de tela, métale fríjoles u otros granos o papeles de distintas texturas, cósalo y juegue con ellos. Los atraerán los sonidos que emiten. Colombia es rica en tradición oral, crecimos con mitos o leyendas. El solo hecho de sentarse a contarle historias y que el niño descubra la voz del papá y la mamá a través de estas, despertará su curiosidad.

- Incentíveles el gusto
por escribirles cartas a los personajes de cuentos que encantan a sus hijos. Qué tal hacerle una a Rin RinRenacuajo o construirle su casa con una sabana.

Si quiere saber más: Fundación Rafael Pombo, Tel. 281 4534, Bogotá

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
27 de agosto de 2008
Autor

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