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Niños gitanos en Colombia conviven entre la modernidad y sus costumbres ancestrales

En Bogotá pasan inadvertidos porque están inmersos en la sociedad. Dicen que están mejor acá que en otros países donde los persiguen. Crónica.

"Sí, soy gitana", confesó Geraldín Gómez ante sus compañeros de clase, cuando una profesora le preguntó si era cierto lo que se comentaba en el colegio. Eso sucedió hace apenas un mes.

"No lo había dicho antes, porque, aunque no es un secreto, tampoco es para contárselo a todo el mundo", dice la niña, de 12 años, estudiante de quinto de primaria.

Sus amigas, asombradas, le preguntan con curiosidad si vive en carpas, como muestran las telenovelas y las películas, y hasta le han sugerido que les lea la mano.

Aunque de sus padres y abuelos heredó las tradiciones de su cultura milenaria, y domina la lengua del pueblo Rom, la quiromancia no le gusta. Además, aclara que se trata de un arte con el que se nace y que ella no tiene.

Geraldín ya es casi una mujer: una mujer hermosa, además. Y eso tiene preocupado a su padre, un hombre recio que, como la mayoría de los varones gitanos, se gana la vida como artesano del cobre.

Lo usual es casarse a los 15

En su casa, donde viven 23 personas, en un barrio de estrato 3 del occidente de Bogotá, comparte un taller con hermanos y parientes.

Por la edad, y por la belleza de Geraldín, él confiesa que piensa retirarla del colegio. "El estudio es bueno, pero afuera, con los 'gadzhe' (no gitanos), puede perder sus costumbres. Además, es casi una mujer y los hombres pueden asediarla", sostiene.

Y añade que el futuro que espera para su hija, como lo mandan las leyes del pueblo Rom, es que a eso de los 15 años ya tenga su familia, con un varón de su comunidad.

Pero ella, como muchos de estas épocas, piensa distinto. Y eso, según Dalila Gómez, coordinadora general del Proceso Organizativo del Pueblo Rom de Colombia -que busca garantizar los derechos colectivos de su comunidad-, se ha convertido en un problema.

"Aunque heredaron el idioma y las costumbres, es imposible pretender que sean iguales a los gitanos de otras épocas. Viven en una dualidad: entre lo místico y el mundo contemporáneo", sostiene Dalila, una de las pocas gitanas en Colombia que tienen una profesión encima. Es ingeniera industrial y trabaja con el Estado.

Ella tuvo que enfrentarse a sus padres y a toda su comunidad cuando decidió que, en lugar de casarse a tan corta edad, quería estudiar.

Hoy no solo es la líder más visible del pueblo Rom en el país, sino que se convirtió en un modelo para los jóvenes.

Su mundo es lo moderno

Dalila añade que, desde hace unas dos décadas, los niños gitanos no han vivido esa vida itinerante de sus ancestros, que el tema de la quiromancia y de las artesanías no los desvela, y que tendencias actuales como la música e Internet ya son parte de su cotidianidad.

No obstante, Geraldín afirma que los niños gitanos de Colombia tienen suerte, comparados con los de Europa.

Hace poco, ella se enteró en las noticias de que en Italia se generó una polémica por la propuesta del Gobierno de ese país que pretendía tomarles las huellas dactilares a los niños de esta raza con el fin de evitar que mendiguen.

Y también supo que dos niñas gitanas murieron ahogadas en una playa italiana, ante la mirada indiferente de los turistas. "Eso es inhumano, y absurdo. Somos personas como las demás, no una plaga como muchos nos ven", dice.

Geraldín respeta las intenciones de su padre, pero espera que él comprenda que los tiempos han cambiado y que ella puede ser profesional sin dejar a un lado su herencia gitana, como lo hizo Dalila, su tía. Tanto así que quiere montar su propia academia de danza y ser cantante, mientras va a la universidad.

"Aún no se sabe qué puede pasar con el futuro de la niña, pero yo la apoyo. Quiero que estudie y tenga una mejor vida. Esto de ser gitano, de andar de un lado para el otro, de no tener nada, es muy difícil", dice su madre, Miryam.

Geraldín sabe que tiene una lucha férrea con su destino. No quiere repetir la historia de su madre: quiere ser una gran profesional, sin dejar de ser una buena gitana.

"El futuro para los gitanos no existe. El futuro es hoy y ahora. Esperemos a ver qué pasa cuando llegue el momento de decidir", dice.

Aquí viven 5.000

En Colombia, según el censo del 2005, viven unos 5.000 gitanos. De ellos, 1.446 son menores.

Son considerados como etnia por el Estado desde 1998.

Los hombres viven del comercio informal, de la artesanía de metales como el cobre y de la reparación de maquinaria pesada.

Las mujeres se dedican a la quiromancia, a la costura y a los cuidados del hogar.

Los gitanos son originarios del norte de India. Su presencia en Colombia se inició en el siglo XIX.

Llegaron a Latinoamérica en el tercer viaje de Colón.

JOSÉ ALBERTO MOJICA P.
REDACCIÓN VIDA DE HOY.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Vida
Fecha de publicación
16 de agosto de 2008
Autor

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