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'Es como vivir en otro planeta', dicen colombianos que se adaptaron a la cultura de China

Testimonios de tres nacionales que son testigos de que vivir en ese país, donde el viernes pasado se inauguraron los Juegos Olímpicos, no es tan sencillo como decir chop suey.

A la densa capa de smog que lo cubre todo en Pekín le atribuye Manuela Londoño, quien vive hace ocho meses en la capital china, su nostalgia por el cielo estrellado de su natal Manizales.

A Jorge Alberto Torres le ha tomado tres años aprender un mandarín "de supervivencia", con todo y que su señora es china, y Valeria Nicholls se ha resignado a que hasta los taxistas pekineses le reprochen el tener 28 años y no haberse casado.

"Es como vivir en otro planeta", afirma Nicholls, una psicóloga nacida en Medellín que en el 2005 empacó sus maletas para instalarse en el país más poblado del mundo, junto con 1.330 millones de personas.

Ella iba en busca de oportunidades de negocio y supuso que, por el hecho de saber alemán, italiano e inglés, no le sería muy complicado aprender mandarín. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que esos idiomas no le servían de nada.

"Nunca me sentí tan inútil, desde para montarme a un taxi hasta para averiguar por una carne en el mercado", afirma y añade que en China es imposible andar solo sin saber la lengua.

"Si uno va a algún lugar no lo puede escribir en un papelito porque ningún taxista va a entender. Toca tenerlo todo anotado en caracteres", cuenta.

La barrera del idioma también ha sido un obstáculo enorme para Torres, un ingeniero industrial caleño que hoy comercia entre Colombia y China, y que al comienzo de su vida en la tierra de Mao, tres años y medio atrás, tenía que recurrir a las señas para hacerse entender.

'Un buen vividero'

A él lo golpeó no poderse comunicar y depender de traductores que no decían lo que deseaba expresar. "Con el inglés se sobrevive en una ciudad grande como Pekín, donde mucha gente de la universidad lo habla más o menos, pero en los negocios hay que afianzar el chino si se quiere viajar a pueblos pequeños, donde ni los empleados de los hoteles hablan inglés", explica. A pesar de las dificultades que presenta el idioma, China parece ser un sitio acogedor para los colombianos.

"Una vez que uno se acopla, este es el paraíso. Pekín es una ciudad desarrollada en la que se vive barato y con buena calidad de vida", cuenta Londoño, abogada manizaleña de 25 años que vive en la capital china hace ocho meses.

Nicholls concuerda. Según ella, China reemplazó a Estados Unidos como el país de las oportunidades, y ahora el gigante de Asia es "un vividero muy bueno y muy tranquilo".
Lo dice con convicción, aunque se queja de la polución que le irrita los ojos y a veces le impide ver más allá de 50 metros.

Y aunque admite que son estrictamente puntuales y muy amables con los extranjeros, a veces hasta el punto de querer tomarse fotos con ella, también encuentra que los chinos son imprudentes y no conocen la privacidad.

"Te preguntan cuánto te ganas, cuánto vale la ropa que te pones y cuánto gastas", asegura la psicóloga.

Esto, sin mencionar al taxista que casi le ordenó buscar un chino para casarse; y otras costumbres que resultan chocantes para los occidentales, como escupir en la calle, sacarse los mocos y eructar en público.

Asuntos de baño

Para Londoño, otra aspecto difícil de soportar es el fuerte olor de los chinos. "Creo que sí se bañan todos los días -muchos, por la noche, porque dicen que no tienen tiempo por la mañana-, pero a veces usan la misma ropa hasta tres días seguidos".

Justamente, el aseo es algo que se debe tener en cuenta a la hora de buscar un apartamento. Londoño cuenta que en China no existe el patio de ropas y que la lavadora está en el baño, donde el inodoro es reemplazado por una letrina, al lado de una ducha sin cortinas ni puertas, por lo que el piso se encharca. "Pero yo encontré un sitio con inodoro y ducha normales", anota.

Por su parte, Nicholls asegura que en la vida cotidiana se encuentran otros obstáculos, como la limitación del acceso a la información, pues ciertas páginas de Internet están prohibidas.

"Cuando viajo a Colombia me entero de muchas noticias que en China no se dan a conocer", dice. Sin embargo, todo se compensa con la seguridad y la amplia oferta de cultura, restaurantes, bares, discotecas y parques de Pekín, un lugar que solo se puede entender viviéndolo.

JUAN URIBE
REDACTOR DE EL TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
9 de agosto de 2008
Autor

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