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Pinchos de anguila, estrella de mar y gusanos son el menú en PekÃn
El último alacrán se sigue moviendo aunque está hecho brocheta. Lo acompañan cuatro más de su especie, todos gueritos.
Los exhiben como banderillas, apilados en un recipiente con hoyitos donde por lo menos 100 brochetas más esperan ser sumergidas en una nata de aceite quemado. Al menú de alacrán se suman caballitos y estrellas de mar, gusanos de seda fritos, vÃboras, escarabajos, pinchos de pajaritos, anguilas, vÃsceras y menudencias como corazones, hÃgados y pescuezos. Todas convertidas en banderillas.
Es el mercado de Donghuamen. A las seis de la tarde en punto se cierra un bloque entero de la avenida donde está el mercado y se llena de carritos de brochetas dirigidos por alegres cocineros que animan a la gente a probar lo más exótico de la cocina china.
La mayorÃa de lo exhibido es más fotografiado por los turistas que deleitado. Muchos se animan y prueban lo menos exótico, como las brochetas de carne de cordero, pollo y camarones gigantes que son un verdadero manjar, pues para la fortuna de los mexicanos, pican y tienen un toque de grasita que hace que el estómago comience a crujir en cuanto se pasa por los carritos.
Los olores que desprende cada carrito son tan variados como lo que venden, algunos huelen a dulce, otros desprenden un olor parecido al de las carnitas michoacanas y otros más remiten a los puestos de tacos o a las zonas de comida de afuera de las estaciones del metro de la ciudad de México.
Es difÃcil etiquetar lo más exótico de todo, pero lo más caro y llamativo son los escorpiones. Vienen de a dos por palito y cuestan 70 pesos. Cada uno mide unos 10 centÃmetros.
¿Lo mordÃ? SÃ, claro. Pero hacerlo no es fácil, primero piensas ¿y el veneno? También te pasa por la mente que te picará en cuanto sienta la mordida. Es tan raro tener una brocheta de escorpión en la mano que se olvida que está muerto. De negro pasa a verde tras ser frito. La cola es dura y realmente imposible de comer. Una vez que está en tu boca se pega al paladar. ¡Agggg! No tienen carne, asà que su piel cruje en los dientes y lo salado escalda la lengua. Es imposible comerlo todo: no sabe bien. Y, después de masticar tres patas, parte del cuerpo y seguir sin encontrarle el sabor, no vale la pena seguir poniendo cara de asco.
No es un platillo que degusten todos los chinos, ni siquiera es tÃpico porque hasta ellos se sorprenden, sobre todo las mujeres, de que alguien compre escorpiones y se los coma. Las demás brochetas, como las de caballito de mar o alacrán tampoco son tan comunes ni se ven por todo PekÃn.
Lo que si comen y por montones son las de escarabajo, res, pollo y cordero que es carne muy suave a precios realmente baratos. Una brocheta de estas no sólo en el mercado de Donghuamen sino en toda la ciudad cuesta tres pesos y es fácil comerse hasta seis pues son pequeñas.
Las brochetas son para los chinos como los tacos para los mexicanos. Las hay desde dos pesos y las venden por todas partes, desde puestos callejeros hasta restaurantes. Fuera del mercado, que es muy turÃstico, se pueden encontrar brochetas menos exóticas exhibidas en vitrinas, algunas tienen la fotografÃa del animal al que pertenecen, por aquello del idioma, otras sólo el nombre en chino asà que adivinarle es más difÃcil que comprar una y probarla, vale la pena, total, todas saben a chile.
En Sanlitun, un barrio de bares, hay carritos de brochetas, como los de hot dog en los antros mexicanos. Venden por la noche y aunque no tienen mucha variedad de carne, sà venden las más sabrosas. En poco tiempo uno se hace fan.
Eso sà a los chinos les ofende que una vez que se compraron se tiren o no se prueben, pues casi siempre esperan que uno las muerda y están a la expectativa de una expresión de gusto, por eso una vez que te acercas al puesto o carrito lo más decente es comprar, aunque sea una de dulce, pues el postre también lo montan en palillos y se puede escoger entre kivi y fresas gigantes encarameladas que por cierto, son todo un éxito entre los curiosos, pues además de que están buenas, resaltan entre tanta carne.
Para salvarse de dolores de estómago, después de andar de curioso, hay que seguir las reglas puesteras mexicanas: es decir, arriesgarse donde se vea más gente.
Cinthya Sánchez
Enviada El Universal, México,
GDA
BEIJING
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Deportes
- Fecha de publicación
- 7 de agosto de 2008
- Autor
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