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Descubra dónde tomarse un buen café en París

En algunos de estos locales se detuvieron Ernest Hemingway y Pablo Picasso. Siga sus pasos tras una taza de esta bebida.

Todo comenzó cuando preparaba la lista de los cafés que visitaría en mi viaje a París. A partir de guías prestigiosas como Michelin y artículos de The New York Times, tomé apuntes sobre los locales más afamados, elegantes y de moda de la capital francesa.

Me dejé engatusar con frases como "ahí se va para leer el periódico, un libro, meditar, escribir la novela del siglo".

Llegué a París dispuesto a sufrir una sobredosis de cafeína. Mis amigos en la ciudad me aseguraron que hacía mucho tiempo que no había un sol tan resplandeciente.

Era un signo auspicioso, que comprobamos caminando por la ribera del Sena, rumbo a la primera parada: el ultrafamoso Angelina.

En el número 226 de la rue de Rivoli, a dos cuadras del museo del Louvre, Angelina es uno de los cafés más reputados. Las guías destacan su elegancia, que está a la vista en su servicio, sus muebles y sus antiguos cristales.

Sus puntos en contra comienzan con la cuenta: 6 euros, sin propina, por un expreso, una diminuta taza de un café muy normal. Más allá del precio, el problema es que, por la cantidad de gringos, el local pareciera funcionar en cualquier ciudad de Estados Unidos.
Aquí es imposible oír más de tres palabras en francés. Partimos a Fouquet's. "En el corazón de Champs Élysées, es el más sofisticado de los cafés", leí en una revista. En el camino atravesamos el Jardín de las Tullerías y la Plaza de la Concordia. El paseo nos demostró que por dos euros se compra un café decente en cualquier kiosco.

Solo hay que elegir una plaza donde beberlo, sentado al sol. Fouquet's está en el número 99 de la Av. des Champs Élysées. Es hora de almuerzo y en la terraza desde donde se ve el Arco del Triunfo no hay espacio. Vamos adentro, donde según las guías de viajes pululan las celebridades televisivas y literarias.

Les pregunto a mis amigos si ven a algún famoso local, pero no reconocen a nadie. Quizás tuve mala suerte. De todas formas Fouquet's es un restaurante anticuado y con una insoportable música de acordeón.

Las cosas mejoran

De vuelta a casa con Camila y Jorge, mis amigos, les pido que llamen a sus conocidos parisinos y les pregunten dónde diablos toman café.

Después de una hora, dos nombres se repiten. Rumbo a los cafés más famosos del barrio Montparnasse, pasamos a chequear el primero de esos datos: Au Petit Suisse. Al frente del perfecto Jardín de Luxemburgo, la terraza del café es pequeña, con buena vista al parque. Con este día soleado, se entiende que los afortunados vecinos del barrio, que hoy alcanzaron mesa, no se muevan de ahí.

Dentro, Au Petit Suisse combina mesas, sillas y sillones, y con suerte conseguimos un lugar en el segundo piso. La música proviene de una estación de radio y el café, que cuesta 2 euros, es excelente. Aprobado. Con la sensación de haber hecho un gol en el último minuto del primer tiempo, caminamos 15 minutos al otrora revolucionario y artístico Montparnasse, para buscar La Rotonde (7 place du 25 aout) y Le Dome (108 blv. du Montparnasse), dos cafés de mi lista inicial.

El reporte: La Rotonde está en la esquina de dos calles ultratransitadas, con muchísimo tráfico, bocinazos y ruido de motos. La mayoría de los clientes son japoneses, de 60 años hacia arriba, que inmortalizan en video su paso por el lugar o leen un folleto que la especialidad de la casa son las ostras y que ahí estuvieron Modigliani, Lenin y Trotsky.

Al otro lado de la calle Le Dome es muy similar, salvo porque sus clientes históricos son Henry Miller, Picasso y Man Ray. En ambos, el café cuesta 3 euros. Para no vivir del pasado, me apuro a comprobar el segundo local recomendado por los amigos de mis amigos: Le Piano Vache (8, rue La Place, métro Maubert).

En un callejón escondido, a dos cuadras del Panteón y muy cerca de la iglesia de St. Etienne du Mont, tiene paredes tapizadas de afiches de conciertos de rock independiente. "Es un bar-café. Lo mejor es venir por las noches, siempre hay música en vivo", explica el dependiente.

En la mesa de Voltaire

A la mañana siguiente, dos datos sacados de las guías de viaje cumplen con lo prometido. Primero, Le Flore en Lile, ubicado en la Isla San Luis, justo al lado del puente que la une con L'ile de la Cité. Tiene la mejor terraza al aire libre de París para observar Notre Dame y su café es irreprochable.

El segundo, Beaubourg (43 rue Saint Merry), promete onda artística, justo frente al centro Pompidou. Si la vanguardia cultural es lo suyo, o si le gustan los sombreros con estilo, Beaubourg debería ser su favorito.

Para el final del recorrido, el vanidoso sector de Saint Germain des Prés. Es el barrio cultural de antaño, repleto de clubes de jazz y discusiones literarias. Ahí están los cafés más elegantes de París, según la guía Michelin.

Partiendo por Le Procope (13 rue de l'Ancienne Comédie), el más histórico y tradicional de la ciudad. Fundado en 1686, cuando el aroma del café comenzó a expandirse en Europa, Le Procope fue el primer establecimiento de este tipo en Francia y por él pasaron Voltaire, Robespierre y Benjamin Franklin.

Vale la pena beber un café y echarle una mirada a su interior elegante, con una atmósfera extrañamente apacible para ser un sitio tan recomendado.

No sucede lo mismo con Les deux Magots (6 place St. Germain de Pres), predilecto de Hemingway, Zweig y Sartre. Por el bullicio, hoy parece el comedor de un McDonald's. Lo mismo que el Café de Flore (172, Boulevard St. Germain), que se jacta de ser la cuna del surrealismo.

Ahí Apollinaire y Breton trazaron las primeras líneas del movimiento a comienzos del siglo 20, mérito apreciado especialmente por los japoneses que se adueñan del lugar. Tan buenos clientes son los nipones, que este café ostenta cuatro sucursales en Japón.

Con la misión cumplida, mis amigos me invitan a su lugar favorito, el Café Viennois (8, rue de l'École de Médecine). Pequeño y de mesas apretadas, se trata de un local de barrio, frecuentado por estudiantes de medicina. El café es barato (1,5 euros), bueno y abundante, así como los croissants.

El mito de los cafés parisinos vive, pienso, pero los mejores no están en las guías de viajes. Hay que salir a buscarlos y dejarse sorprender. 

Si usted va

  • Los colombianos necesitan la visa Schengen para viajar a Francia.
  • Air France vuela entre Bogotá y París.
  • La temporada alta va hasta el 30 de septiembre.
  • En clase económica se encuentran tarifas desde 1.119 dólares (sin impuestos); en ejecutiva, los precios publicados (desde 3.209 dólares, sin impuestos) se mantienen iguales, independientemente de la temporada. A partir del primero de octubre, ya en temporada baja, en clase económica se consiguen tarifas desde 1.067 dólares (sin impuestos).
  • También se puede llegar a París por Iberia (vía Madrid).
  • Moneda: 1 euro equivale a 2.758 pesos.

RODRIGO CEA
EL MERCURIO DE CHILE
GDA
PARÍS

Publicación
eltiempo.com
Sección
Viajar
Fecha de publicación
6 de agosto de 2008
Autor

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