¿Y qué no se ha preguntado María Isabel?

¿Y qué no se ha preguntado María Isabel?


5 de agosto de 2008, 05:00 am

Jugando con la famosa fórmula de La W, quise formular esta pregunta: ¿qué es lo que nunca se ha preguntado María Isabel Rueda? Y quiero responderle, después de haber leído sus consejos al Congreso de la República en relación con no perder más tiempo en asuntos de género y en legislaciones que favorezcan a las mujeres.

En primer lugar, me parece de una audacia insolente hablar de lo que no se sabe y tener la osadía de sacar las inepcias más espeluznantes con una buena fe que lo deja a uno consternada. Yo, de lo que no sé no hablo y creo que se ha hecho notorio en las columnas mías de este diario. Hablo con seguridad de lo que sé y de mujeres yo sé. No todo, pero luego de treinta años de reflexión e investigación sobre el tema, sé algo del universo femenino; sé algo de la existencia de las mujeres colombianas, de sus vidas, de sus necesidades, de sus duelos y de su formidable valentía. Para saber de mujeres no basta ser mujer. Y María Isabel, lo siento mucho, pero de mujeres no sabes gran cosa. Entonces, ten el rigor periodístico de no hablar de ellas.

Tal vez lo que nunca te preguntaste es cómo estarían las mujeres sin las pocas pero eficaces peleas que han dado algunas congresistas con sensibilidad de género; cómo estarían sin su tenacidad y valentía para enfrentar un Congreso de enormes mayorías masculinas y, además, godas. Pues yo sí te puedo responder a esta pregunta. Las mujeres colombianas estarían aun más abandonadas de lo que están hoy. A pesar de figurar como el 51 por ciento del total de la población colombiana, sus voces seguirían sin eco y ellas sin representación y aun más invisibles, pues sus reclamos y necesidades nunca hacen parte de las prioridades de una sociedad indiferente, que no reconoce sino una única manera de habitar el mundo, de interpretarlo y de actuar sobre él: la manera masculina. María Isabel, las mujeres colombianas son discriminadas y muy pocas tienen las oportunidades que tú has tenido en la vida.

Yo tampoco sufrí grandes discriminaciones, pero hoy sé que nacer mujer es nacer con un coeficiente simbólico negativo, como lo han demostrado múltiples académicas feministas y lo ha recogido magistralmente el sociólogo Pierre Bourdieu en su estudio sobre 'La dominación masculina'. Yo también, como tú, tuve la posibilidad de estudiar y llegar adonde estoy, por mis méritos, pues es seguramente lo que me vas a responder. Sin embargo, soy feminista porque, a diferencia tuya, soy consciente de mis privilegios y al mismo tiempo de todo lo que la historia adeuda a las mujeres, a las mujeres que no tienen la posibilidad que hemos tenido, tú, yo y muchas otras de condición socioeconómica privilegiada. Y, créeme, aquellas mujeres, en Colombia, son la inmensa mayoría.

Recomendarle, entonces, al Congreso no perder el tiempo con las reivindicaciones de las mujeres me parece demostrar una visión ingenua, clasista, pobre y, sobre todo, tan centrada en tu propia condición. No cabe duda de que necesitamos un Congreso con una fuerte perspectiva de género, con una decidida voluntad política que les apueste a los derechos de las mujeres, con una bancada de mujeres que no se deje manosear por los patriarcas de siempre, que no tenga miedo de hablar de mujeres cada vez que sea necesario, pues al contrario de perder tiempo, sería ganar un tiempo invaluable para el desarrollo de este país.

El mundo empieza a saber que cuando las mujeres de un país avanzan, el país avanza y ningún hombre retrocede. Y para que las mujeres avancen necesitan herramientas legislativas, participación masiva en los espacios de decisión política y acciones positivas. Necesitan convicción para romper la aún mundial hegemonía masculina y convencer a mujeres como tú de que la democracia sin las mujeres no anda.

* Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad