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La muerte de Solzhenitsin

Si alguien pudo demostrar el poder inmenso de la literatura, ese fue Alexander Solzhenitsin, el escritor ruso que acaba de morir en Moscú a los 89 años. Él volvió internacional el término gulag, acrónimo de la Dirección Principal de Campos de Corrección Laboral soviética. También significa la era en que el estalinismo envió a millones de ciudadanos al destierro estepario, los trabajos forzados, los hospitales siquiátricos y la muerte por discrepar del régimen. Y significa, por extensión, toda represión masiva que hunde a los disidentes en un oscuro laberinto de dolor y olvido.

Solzhenitsin fue uno de esos disidentes. Narró lo que era el gulag y dio vida literaria a un mundo ignominioso desconocido en Occidente. Las primeras líneas de El archipiélago gulag aparecieron en París en 1973; lograron burlar la vigilancia de la KGB, que decomisó, sin embargo, partes del manuscrito. Poco después se acusó de traición a este descendiente de cosacos que estudió matemáticas, fue capitán de artillería en la Segunda Guerra Mundial y en 1945, por una carta en que criticaba a Stalin, purgó once años de destierro en campos de prisioneros.

Cuando lo detuvieron de nuevo, era famoso en el mundo entero (había ganado el Nobel en 1970) y temido por los dómines de la URSS. Su novela Un día en la vida de Iván Denísovich gozó de inmediata popularidad desde su aparición, con permiso del régimen, en 1962. Su firma se hizo frecuente en artículos críticos de revistas y periódicos, hasta cuando pasó de ser escritor célebre a escritor perseguido. Al salir en Moscú El primer círculo (1968) y El pabellón del cáncer (1968) se había convertido en un dolor de cabeza para las autoridades. Tras una campaña de intelectuales y gobiernos de Estados Unidos y Europa, Solzhenitsin fue deportado a Alemania en 1974. Se creyó entonces que moriría sin volver a su tierra natal. Pero en los años noventa cayó el régimen soviético y en 1994 el escritor regresó a Moscú, donde sobrevivió 18 años a quienes lo expulsaron.

En Iván Denísovich, un personaje dice que solo superan el gulag "quienes no roban la comida de los otros, no cuentan con que los doctores los sacarán adelante y no denuncian a sus compañeros". Solzhenitsin atendió estos consejos y por eso su literatura fue una fuerza llena de dignidad y de libertad, pese a las añoranzas levemente feudales que a veces la acometían.

editorial@eltiempo.com.co

 

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
4 de agosto de 2008
Autor

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