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Daniel Samper Ospina: "El desnudo permite hacer piruetas"
El señor director de la revista que publica fotos de mujeres desnudas llega tarde a su oficina porque estaba en compañÃa de tres chicas: Claudia, Guadalupe y Paloma. La noche anterior fue algo escabrosa debido a que la más joven agarró una gripa, de modo que los cuatro han ido a consultar al médico. Más exactamente, al pediatra, porque la acatarrada Paloma tiene apenas unos meses de edad y es una de sus dos hijas.
Una vez cumplida esta prioridad familiar, el señor director sube hasta el tercer piso del edificio de la editorial y en el recorrido saluda a todo su equipo con una calidez que, dicen sus compañeros de trabajo, es una constante en él. Daniel Samper Ospina, timonel de la aventura periodÃstica más exitosa de la última década: SoHo, la publicación que desde sus inicios, hace 100 meses, se especializó en despojar a las mujeres de sus ropas con el mismo desparpajo conque erradicó los prejuicios de las mentes de lectores y anunciantes.
La culpa es de Vallejo
Con un carácter tan apacible en apariencia, es difÃcil entender por qué Samper Ospina casa tantas peleas. Fundamentalmente, con el gobierno y sus defensores, pagados y de oficio, o sea más del 80 por ciento de los colombianos; con los comentaristas de fútbol tradicionales; y con la Iglesia, hacia la que experimenta una inquina fundamentalista desde que a sus 15 años el profesor de literatura del Gimnasio Moderno, Pompilio Iriarte, le dio a conocer ciertos textos en los que Vallejo -César, no Fernando- reclamaba e increpaba Dios y a las jerarquÃas. "No existe un momento clave, una suerte de epifanÃa al revés, que me haya hecho odiar a los curas. En mi caso se trató de un proceso racional más que emocional, porque nunca hubo violación, como podrÃa suponer erróneamente alguien, sino que siempre me asombró la doble moral de la Iglesia".
Vallejo le deslumbró hasta tal punto que se sintió animado a escribir sonetos con el mismo espÃritu, uno de los cuales terminaba con el verso "si Dios fuera sensato serÃa ateo". A partir de ese punto, la lectura de los grandes poetas le permitió sentirse "autorizado a disentir, a imprecar, a protestar, a increpar, inicialmente contra Dios, por copiar a Vallejo, y después contra lo que quisiera. La poesÃa me dio sentido crÃtico. Lo del anticlericalismo vino después, al ver a los curas convertir un problema de salud pública en un reproche moral. Condenan a quienes usan condón, se meten en la cama de los demás, dicen que las mujeres divorciadas no pueden comulgar y fustigan con el látigo de la moral, pero ellos mismo se tapan entre sà sus escándalos de pedofilia".
Tras esa mini diatriba, quizá el secreto temor de parecer demasiado trascendental le obliga a aclarar que ha tratado de cambiar y suavizar sus posiciones: "Ahora puedo decir, por si usted quiere ponerlo, que he aprendido a respetar no sólo a los curas sino a sus novios".
Trasgresiones y ajiaco
Carente de una formación polÃtica académica, era inevitable impregnarse con lo que veÃa en su casa; esto es, un padre informal, de izquierda, bastante progresista, que les mamaba gallo a los curas, al Opus Dei y a toda la ortodoxia de derecha. No es propiamente una formación polÃtica sino algo que él prefiere llamar sintonÃa ideológica, una manera de ser, un temperamento, aunque algunos tienen la teorÃa de que el pensamiento liberal de su tÃo Ernesto Samper influyó en él. "Si lo hizo fue a mis espaldas", aclara.
Ese cierto espÃritu trasgresor es el que domina los consejos de redacción de cada mes y aquellos otros, más concurridos y prolongados que tienen lugar en la casa de Samper cada seis meses, y que, además, sirven para diseñar el temario de las siguientes seis ediciones. "Es casi un retiro espiritual, sin rezos pero con la misma disciplina. Y para el almuerzo hay un ajiaco delicioso", cuenta un colaborador del equipo que encuentra en SoHo un espacio de libertad grandÃsimo en el cual tienen cabida las propuestas más osadas y extrañas. 'Bizarras', para usar un término muy socorrido en las salas de redacción contemporáneas.
Primeras piruetas
Estudió literatura porque le gustaba, pero pronto se dio cuenta de que sólo de ella no podrÃa vivir, y le pareció que el periodismo era una buena manera de practicarla en secreto. "Cuando no se tiene mucho talento para las letras, el periodismo de revista es una buena salida porque permite géneros hÃbridos, con respeto hacia la información como tal, pero también hacia la literatura".
Por eso cuando era primÃparo en la Javeriana leÃa mucho El PaÃs Semanal, en el que publicaban escritores como Juan José Millás y Manuel Vicent, que hacÃan "piruetas periodÃsticas", como le gusta denominar lo que otros llaman periodismo literario, o nuevo periodismo, o paraperiodismo.
Desde los inicios de su carrera universitaria ya era profesor de literatura y coordinaba talleres de cuentos en los gimnasios Campestre, Moderno y en un colegio de Ciudad BolÃvar que tenÃa en concesión el propio Moderno. Aparte, por iniciativa propia escribÃa sus opiniones sobre lo divino y lo humano sólo por hacer el ejercicio, como si sospechara que algún dÃa iba a ser aquel columnista y cronista que a sus 25 años saltó al agua en Cromos. Su primera crónica la entregó a Marianne Ponsford, a la sazón directora, empastada como un trabajo universitario. Era sobre un impostor que se hizo pasar por el sobrino de Julio Mario Santodomingo.
Con las columnas fue a otro precio, pues debió pagar la novatada en no pocas ocasiones, cuando por inexperiencia pisó callos institucionales con cierta ligereza en sus juicios. Sufrió insomnios por esa causa, pero aprendió rápido la ciencia del apuntalamiento de sus opiniones.
El reversazo
La primera vez que le ofrecieron la dirección de la revista SoHo se negó a aceptar porque en aquel entonces era "especialmente mamerto", no en el significado tradicional del colombianismo que designa al comunista, sino en el utilizado por la juventud contemporánea, para la cual todo aquello que emane cierto tufillo a conciencia social es, en el sentido más peyorativo posible, un mamerto. Asà las cosas, a Samper Ospina le parecÃa "insultante" que circulara una revista con carros y relojes costosos, 200 y más páginas dedicadas al consumo en medio de una realidad como la colombiana.
La segunda vez que le propusieron el cargo lo pensó mejor porque vio claro que la fachada de una revista de estilo de vida para hombres podÃa servir para abrirle un espacio al periodismo narrativo. Se trataba de llevar a la práctica en Colombia la experiencia de las revistas gringas de los años 60 y 70, tipo Playboy y Esquire, con temáticas abiertamente comerciales que les garantizaban el éxito económico y al mismo tiempo les permitÃan hacer experimentos periodÃsticos. La fórmula que le aceptaron -"gracias a Dios ha tenido éxito"- consiste en el viejo mascarón de proa con modelo desnuda, más un muy cuidado material escrito que constituye el primer interés del señor director y reemplaza los temas del tipo soy-un-macho-remacho-que-practica-kayaking-tiene-Harley-y-lo-hace-tres-veces-cada-noche, por una filosofÃa editorial que no le teme a publicar un artÃculo sobre indigentes, por supuesto entreverado con avisos de relojes suizos y automóviles de alta gama.
Marbelle, Tino y Yidis
A él no siempre le toca hacer la propuesta del desnudo. De hecho, tiene con las modelos mucha menos interacción de lo que la gente cree, porque prefiere el conducto más profesional de plantearles el tema a través de sus apoderados (managers). La tarea de convencimiento corre más por cuenta del equipo de producción de la revista.
Tranquilo, nunca ha tenido que preguntarse '¿y ahora a quién empeloto?'. Lo atribuye a que el desarrollo de las industrias textiles y de la TV promocionan de manera permanente gran cantidad de modelos y actrices bonitas que de la noche a la mañana saltan al ruedo, hacen una carrera, escalan rápido y llegan en un dos por tres a la portada. Algunas, incluso, repiten, "siempre y cuando muestren más de lo que mostraron la primera vez". Y como se trata de causar conmoción, como manda el manual de supervivencia del mercado editorial, con el paso del tiempo ha descubierto que al público ya no le atrae tanto el desnudo 'bonito', como sucedÃa hace unos años, sino el desnudo inesperado.
Fue esa súbita conciencia la que originó el desnudo de Marbelle, caracterizada como una pin-up de los años 50 y fotografiada con la estética que imperaba en la década que vio nacer el rock'n roll y la revista Playboy. El siguiente paso en ese sentido fue Faustino Tino Asprilla, pues "mostrar un pipà no solo era una cosa aterradora sino inesperada".
Y asà hasta llegar al reciente y polémico caso de Yidis Medina, fotografiada en la cárcel El Buen Pastor para mantener la fidelidad hacia una estrategia editorial que Samper define como "una especie de administración del asombro que a veces incluye mujeres bonitas y a veces unas que son más comentadas por otros motivos".
Error de cálculo en 'La Última Cena'
El caso de una demanda que los tribunales ya fallaron a favor de la revista, es quizás el que más contribuyó a poner a la publicación en los titulares. Inicialmente la modelo y presentadora de televisión Alejandra Azcárate iba a posar crucificada, y el equipo de producción tenÃa todo dispuesto para que asà fuera, pero luego surgió la idea de invitar a doce personajes para que fungieran como los apóstoles de la Ültima Cena. Samper supuso que meterse con la religión podÃa resultar un tanto arriesgado, pero igual se sorprendió ante las reacciones de la Iglesia, entendida ésta como la jerarquÃa y sus feligreses: "Me quedó clarÃsimo que la religión es un tema susceptible hasta la locura", pero a pesar de las demandas legales y juicios públicos que debió enfrentar, cree que el escándalo "valió la pena, no solo por los evidentes beneficios comerciales que acarreó para la marca SoHo, sino porque quedó una especie de seguridad jurÃdica para la libertad de expresión. Ahora hay una jurisprudencia según la cual los iconos religiosos no pertenecen a la fe sino a la cultura, y en esa medida uno puede reelaborarlos, caricaturizarlos, parodiarlos".
Pastorear a Yidis
La idea de desnudar a Yidis Medina fue de Samper, aunque él atribuye todo el mérito a la productora y fotógrafa Alejandra Quintero, quien empujó una carta de solicitud de entrevista a través de todo el periplo legal, incluidos el Inpec y la Corte Suprema, además de hablar con la propia ex congresista, sus abogados y, de ñapa, tomar en un tiempo récord de tres horas unas fotos que al Director de SoHo le parecen "muy estéticas", aunque cuando lo dice la mitad de las personas presentes meneen la cabeza en señal de desaprobación. La otra mitad las pueden aprobar, quizá porque les recuerdan los albores de la fotografÃa erótica, aquellas postales europeas que los conscriptos llevaban a las trincheras durante la Primera Guerra Mundial.
El hecho concreto es que la modelo no modelo de la edición 99 no protestó después de la publicación, aunque el debate entre los lectores fue marcado por las discusiones alrededor de la estética, incluso más complicadas que las suscitadas en torno al tema religioso. Eso lo sabe Samper cuando se defiende y asegura que "las fotos de Yidis, como las de Marbelle, al menos estaban matizadas por la técnica fotográfica. En colores, con liguero y mordiendo una cereza hubieran sido una absoluta cag... Algo similar ocurrió con el Tino Asprilla, a quien se le veÃa todo aunque las fotos no fueran fotos eróticas. Es que una cosa es hacer desnudo y otra distinta hacer fotos eróticas".
La fachada presidencial
Un dÃa en que se sintió cansado de tantas fotos tomadas en playas y 'naturaleza salvaje', con su equipo acarició la idea de cambiar la agenda y hacer algo más arriesgado, aunque no supieran muy bien dónde. ¿Y qué tal con la Casa de Nariño como fondo? En ese caso, más que el concepto, lo importante era su ejecución, que hubiese una modelo dispuesta a hacerlo frente al sancta sanctórum del poder ejecutivo, luego aproximarse al lugar atravesando una zona donde, por decirlo de alguna manera, hay un arma automática por cada diez metros cuadrados, y enseguida tomar las fotos "sin que arresten a nadie".
Los reporteros gráficos lo saben bien: levantar una cámara en inmediaciones de la residencia presidencial, dependiendo del humor del oficial de guardia y del clima de orden público que impere por esos dÃas, puede llegar a ser toda una proeza. Pero si el fotógrafo es hijo de Alicia Arango, nadie menos que la consejera del Presidente, aparecen como por ensalmo varios argumentos lo suficientemente convincentes para cualquier acucioso oficial de seguridad, aunque Daniel no vivió la experiencia de esgrimirlos ese dÃa porque no asistió a la sesión fotográfica, como no suele hacerlo casi nunca porque prefiere sorprenderse con el producto final.
... y Mina Camacho, voló
Comparte con su padre y tocayo Samper Pizano muchos de sus gustos, incluido el fútbol, aunque reconoce que le ayuda mucho que él no viva en Colombia la mayor parte del año. La herencia suya de la que se siente más orgulloso la recibió una tarde soleada de domingo, cuando vio a James Mina Camacho, el arquero de Santa Fe, sobrevolar la grama de El CampÃn para atajar un taponazo. Quedó enamorado del fútbol en general y del equipo rojo en particular. Salvo eso, nunca en su vida se sintió obligado a emularlo, ni tampoco oprimido o forzado a tomar éste o aquel camino por ser hijo de quien es, si bien hubo momentos "en que hubiera preferido llamarme distinto".
Eso sÃ, cuando siente el pálpito de que puede embarrarla, llama para consultar, no a su papá sino al periodista. Como aquel dÃa en que le dieron la exclusiva de Madame Rochi, quien salió a su encuentro con un antifaz para informarle, con nombres propios, que estas y aquellas modelos y presentadoras de televisión eran prepagos. Se devolvió para la revista y terminó descartando el tema cuando gracias a una conversación con Samper Pizano entendió que "una cosa es que las personas acepten posar desnudas y una muy diferente darle voz a alguien oculto, que no ofrece pruebas y que habla de cosas que en el fondo no son delito, porque cada quien verá si cobra o no cobra cuando se encama", recuerda que le dijo el periodista canchero.
El sueño cumplido
Más allá de las modelos, SoHo representa para Samper Ospina una manera fresca de ejercer la profesión, un rescate de los géneros del periodismo literario que los demás medios impresos debieron olvidar cuando los estranguló la falta de espacio. Otro anzuelo de venta han sido "piruetas periodÃsticas como las suplantaciones, que han permitido captar a lectores que no lo eran habitualmente. Hemos dejado impresas crónicas memorables porque les hemos dado espacio a personas de todas las generaciones a que hagan ese tipo de periodismo".
Es una estrategia coherente y estructurada, "aunque no lo parezca. Pero nosotros ya sabemos qué hacer y qué no hacer, y somos conscientes de que nuestra meta es sorprender dentro de ciertos lÃmites. Aquà la gracia radica en que cada modelo haga las fotos más eróticas de su carrera. Y también sabemos que si sobrepasamos cierto lindero perdemos avisos". Avisos es la palabra clave, es el nombre del juego. Mientras existan, habrá revista. Los avisos representan el éxito económico y Samper no lo dice, pero en su mirada está claro que el dÃa en que la fórmula deje de funcionar, todos estarán fritos.
De cualquier modo, y esto sà lo dice, aquel reversazo de hace años valió la pena. Y mucho, no solo para él sino para el periodismo, lo cual equivale a decir el público. El lector y el mirón.
Rafael Baena
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Cultura y entretenimiento
- Fecha de publicación
- 4 de agosto de 2008
- Autor
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