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Diez años en cautiverio cumplen cuatro uniformados secuestrados en toma de Miraflores

Familias de los militares y policías Luis Alfredo Moreno, Róbinson Salcedo, Arbey Delgado y William Donato esperan que Farc y Gobierno busquen la fórmula para liberarlos.

La euforia que provocó el rescate de Íngrid Betancourt, los tres estadounidenses y un grupo de 11 uniformados -el 2 de julio pasado- no puede hacer olvidar a Colombia de los demás secuestrados. Y por eso, cuando ya ha pasado una década del cruento ataque a esa base de Guaviare, EL TIEMPO conversó con los seres queridos de quienes aún se pudren en el monte.

La mitad de cautiverio sin una prueba de vida de Moreno

De los 10 años que Luis Alfredo Moreno Chagueza cumple secuestrado, casi la mitad han sido de silencio. "Han pasado cuatro años y 10 días sin una palabra ni una fotografía de mi hijo", dice María Concepción Chagueza, en una modesta casa de Pasto.

Las pocas pruebas fueron cuando existía la zona de distensión en el Caguán. Pero ella tiene la certeza de que está vivo. La última noticia la trajo el ex senador Luis Eladio Pérez, también nariñense, quien después de ser liberado les hizo saber que está un poco enfermo, como todos, pero se sostiene a punta de escribir, con muy buena letra, y dibujar. "Luis Alfredo ayuda con su ánimo", les dijo.

También les hizo saber que a este suboficial del Ejército le gusta escuchar los mensajes por radio. "Me da una tristeza cuando no logró comunicarme con las emisoras porque sé que él está esperando".

Desde el secuestro, la familia le manda a rezar una misa cada tercer día de mes, pero esta vez se aplazó porque espera la misa para todos los secuestrados este martes en el Congreso de la República.

Él, nacido en Córdoba (Nariño), el segundo de cuatro hijos, se fue a prestar servicio para quedarse en la vida militar. Dos días antes del secuestro masivo había sido trasladado a Miraflores.

Durante su ausencia murieron su abuelo materno Octaviano y su tío Octaviano. Pero nacieron dos sobrinos, Emmanuel, de 5 años, y Santiago, un bebé de un año.

En Pasto los familiares de Moreno se sienten muchas veces solos porque son los únicos que esperan militares de Miraflores.

"En la casa todos nos sentimos secuestrados. No le puedo pedir otra cosa a la guerrilla, que libere a mi hijo. Al Gobierno que nos ayude porque se nos han acabado las lágrimas", dice María Concepción.

CALI

Cuatro años sin saber de 'Pitalúa'

"Digno de admirar es aquel que habiendo tropezado la primera vez, se levanta y sigue adelante: 'Pitalua'".

La frase aparece escrita en una de las cartas que el cabo segundo del Ejército Róbinson Salcedo Guarín, 'Pitalua', secuestrado hace diez años en la base de Miraflores (Guaviare), le envío a la familia hace cuatro años.

Esa fue la última vez que sus seres queridos recibieron una prueba de supervivencia. Hoy, ruegan por que la guerrilla de las Farc les envíen nuevos datos o información que les permitan saber sobre el estado actual del cabo de la Policía.

Y esas mismas palabras de ánimo, son las que empujan a sus seres queridos a seguir 'aguantando' y salir a marchar las veces que se presenten para pedir por la libertad de todos los que se encuentran en cautiverio.

Desde que Róbinson fue secuestrado, el 3 de agosto de 1998 en Puerto Rico (Meta), su familia no volvió a celebrar la Navidad. "Ya ni siquiera escuchamos noticias", afirma Trinidad Orjuela, la mujer que lo crió desde que tenía tres meses de nacido a este cabo de la Policía.

"Lo amo como si fuera mi propio hijo. Lo recuerdo porque es muy alegre", dijo. su familia no volvió a celebrar la Navidad. "Ya ni siquiera escuchamos noticias", afirma Trinidad Orjuela, la mujer que lo crió desde que tenía tres meses de nacido.

IBAGUÉ

A la mamá de Arbey la alientan anécdotas de los liberados

Doña María Ruth Argote ya no sabe caminar sin la foto de su hijo Arbey Delgado, esa que tiene estampada en un cartel de 70 centímetros de alto por 40 de ancho, y que carga como una cruz a cuestas por donde quiera que vaya.

Y no es para menos, esta mujer de 62 años, menuda y de baja estatura, hace más de 10 que no ve a su hijo en persona. La última vez, lo vio despidiéndose ondeando la mano desde la ventana de un carro a la salida de su finca, en la vereda El Cabuyo de San Agustín (Huila). Iba para el Comando Central del Ejército en Bogotá, pero nunca regresó.

"Mami, si no fuera por sus mensajes yo ya me había muerto", dice un aparte de la última prueba de supervivencia que le llegó a María Ruth de su hijo, en febrero pasado.

La carta la guarda en una carpeta junto a cientos de esquelas y tarjetas que Arbey le ha hecho a mano desde la selva en estos diez años.

"Si a él lo mantienen vivo mis mensajes, a mí me dan vida sus cartas, la esperanza de volverlo a ver, y claro, las cosas que me cuentan ahora los que ya salieron libres", dice doña María.

Se refiere a los ex congresistas Jorge Eduardo Gechem, Gloria Polanco y al militar rescatado Juan Carlos Bermeo. Estos tres huilenses compartieron cautiverio con él.

Jorge Eduardo, por ejemplo, le ha contado a Ruth que su hijo le cargaba parte del equipo cuando su salud se quebrantó en la selva. Y que le lavaba la cuchara y le hacía la fila para recibir la comida.

Juan Carlos Bermeo, que no habla mucho, también le ha dado detalles de la vida de su hijo en la selva. Y Consuelo González, que compartió cautiverio con Delgado tres de sus seis años de secuestro, también le cuenta historias donde su hijo termina como un héroe, así como ella lo ve.

NEIVA

Donato ha tenido que realizar muchos sacrificios en medio de la selva

Al dolor de saber a su hijo William Donato con diez años de más y con muchas enfermedades encima, doña María del Carmen le suma otro hecho que la atormenta. Lo que más le duele es que le frustraron sus planes de especialización en Estados Unidos y la privaron a ella y a su familia de compartir con él los mejores momentos de su vida.

William llegó a Miraflores como parte de su aspiración al ascenso a capitán y un día antes de la toma esperó a su reemplazo, pero no lo vio llegar.

Con las liberaciones unilaterales de políticos y el rescate de 11 uniformados le han llegado noticias de su vida en cautiverio. Por uno de ellos supo que su hijo tuvo una aparición antes de la toma: vio una corona de espinas. Para doña Carmen ese era una especie de mensaje divino que le quería decir que se fuera del pueblo, pero que él no supo interpretar. Ella cree que pudo haber sido por eso que cayó en manos de las Farc, pero también confía en que está cerca el día de su regreso.

También por lo que le han contado los que hoy están libres sabe que en cautiverio es un buen compañero y tan solidario que ha hecho varios sacrificios por ellos. Claro que por él también los han hecho, porque en las pruebas de vida que recibió en enero supo que tiene una especie de tumor en el cuello por cargar las cadenas. Para acabarle con ese tormento, su familia pide a Gobierno y Farc hacer el canje.

TUNJA

Publicación
eltiempo.com
Sección
Justicia
Fecha de publicación
2 de agosto de 2008
Autor

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