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Rockolas, ahora convertidas en 'iPod' gigantes, se volvieron a poner de moda

Ahora cuentan con un computador incorporado que guarda más de 5.000 temas. Los que viven del negocio dicen que su auge es causado por la posibilidad que tienen los clientes de elegir su propia música.

Bogotá cuenta con más de 10 locales especializados en el ensamblaje, venta y reparación de rockolas, ubicados en la carrera 10a. entre calles 19 y 22.

"Tener una rockola es como ser dueño de un negocio dentro del mismo negocio. Hay gente que compra seis y las pone a trabajar en distintos bares. Al final del mes puede llegar a recoger más de un millón y medio de pesos", reconoció Alirio, vendedor de estos aparatos en la carrera 10a. con 20.

Los primeros prototipos

La historia de las rockolas modernas se remonta a 1997. Joaquín Díaz, habitante de Suba, se valió de un computador personal, una tarjeta board, una memoria RAM, un procesador, un amplificador y un monedero para armar a su manera su propio aparato musical, que fue instalado en un negocio ubicado al frente de la Clínica Juan N. Corpas. En ella era posible mirar únicamente dos videos: Crying del grupo Aerosmith y Hotel California de Eagles.

El municipio de Chía es otro punto de referencia. En un bar llamado 'Mil puñaladas', frecuentado por campesinos, funcionó a mediados de los noventa una. En la pantalla se leía la frase: "Fernando Silva, las mejores rockolas digitales".

En las tripas de una rockola

Funcionan con monedas de 200. Los discos laser que saltaban en busca de ser escuchados son parte del pasado. Ahora la 'cajita musical' viene con un computador incorporado. Las canciones son guardadas en un disco duro de 80 gigas. Las descargas de sonido corren por cuenta de un potente amplificador de 200 vatios. El programa informático Central Rockola SP I es el encargado de administrar las piezas musicales y los videos.

Mientras el cliente selecciona la canción que quiere 'gozar', en la parte derecha de la pantalla mujeres semidesnudas lo seducen.
Son videos bajados de Internet y que por lo general muestran a bellas chicas que se contonean al borde de una piscina. El mercado bogotano de rockolas ofrece toda suerte de formas y colores. Diseños estrafalarios como el de una guitarra eléctrica con todo y sus luces de neón y un Chaplin con el bigote mal puesto pintado a un lado. El jueves pasado este modelo se lo llevó un cliente para darle fuerza a un club de billares del barrio La Victoria.

Se vende también la de moto Harley, ideal para colgar a la pared y que adorna los bares de rock cercanos a la Universidad Nacional.

La más llamativa es un modelo que cuesta 7 millones 200 mil pesos. Parece diseñada por el Renegado (Lorenzo Lamas), por las águilas estadonidenses, los rayos que se precipitan a tierra, el color negro de la madera y las Harley Davidson suspendidas en el aire, que le dan un toque original y muy rudo.

Es claro que las rockolas que funcionan en el sur son distintas de las del norte. No en la pinta como tal. La leve diferencia se presenta en el tipo de artistas que son seleccionados.

El rey de barrios como el Restrepo, Venecia, San Carlos y de lugares como los alrededores de Abastos y de la Primero de Mayo es Giovanny Ayala, el cantante que popularizó la canción 'De rodillas'. Entre las calles 80 y 82 y en la calle 59 con Séptima pegan duro Juanes, el rock en español y las baladas en inglés.

"Me gusta venir con mis amigos. Cambio un billete de 5 mil pesos en monedas de 200 y pido unas cervecitas. Ese es el plan de moda", sostiene Julián mientras elige una canción de una máquina ubicada en la esquina de la calle 80 con carrera 13.

El repertorio es tan amplio que se pueden disfrutar las cumbias que causan furor en Perú y Ecuador. Si se echan cinco monedas la máquina regala dos canciones. Se encuentran todos los géneros: vallenato, salsa, merengue, rock, llanera, ranchera, baladas de los 60 y 70, y metal.

Así se legalizan

Es necesario acercarse a las oficinas de Sayco y reclamar el formulario para la legalización de obras musicales en rockolas digitales.

Luego se debe entregar en un disco compacto la relación de las obras incluidas en el disco duro del aparato, donde se debe registrar: nombre de la canción, autor y compositor.

Después se lleva a Sayco la documentación solicitada para la respectiva elaboración del contrato de licencia. La firma debe ser autenticada en una notaria. La legalización cuesta 270.000 pesos anuales para un máximo de 2.000 canciones.

FABIÁN FORERO BARÓN
REDACTOR DE EL TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
2 de agosto de 2008
Autor

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