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VÃctimas del secuestro que marcharán hoy en libertad recuerdan cómo lo hicieron en la selva
Caminatas de hasta 12 horas con ropa mojada, muchas veces encadenados y casi siempre con hambre.
"Ya no doy más. Es mejor que me fusile porque no puedo seguir", le dijo el cabo de la PolicÃa Julio César Buitrago Cuesta a un guerrillero cuando en medio de una marcha no pudo seguir más
"Ya llevábamos casi 10 horas dándole", dijo.
Buitrago, uno de los 15 rescatados por el Ejército hace unas semanas, marchará este domingo por las calles de Leticia. Y será inevitable, dice, comparar esa caminata para exigir la liberación de los secuestrados con las que lo obligaban a hacer a él y a sus compañeros en la selva para alejarlos de la libertad.
En febrero, en la primera gran marcha masiva, aún estaban en el monte. Dicen que ese dÃa sintieron que no estaban solos y que eso les dio "moral, aliento y vida", según el teniente Javier RodrÃguez.
También fue la oportunidad para enrostrarles a sus captores que poco o nada representaban al pueblo por el que decÃan luchar. "Ese dÃa les ponÃamos duro la radio y les gritábamos que a las Farc nadie las quiere en Colombia", dice el intendente Armando Castellanos.
'Marcha a 2 X 20'
Los dÃas casi calcados de un secuestrado empiezan antes de las 5 de la mañana, sin falta, con la ropa mojada. "Siempre estábamos llenos de barro y habÃa que lavarla, y esa misma ropita era la que habÃa que ponerse porque no habÃa tiempo para que se secara entre una marcha y otra", relata el teniente RodrÃguez.
La orden es "tragarse la sopa de pasta (...) Allá no se come sino que se traga, para salir temprano", cuenta el cabo John Jairo Durán.
El objetivo es aprovechar y caminar tres o cuatro horas antes de que el sol se levante con fuerza y ponga la manigua a más de 25 grados.
"HabÃa parada a las 9 para preparar lo que llaman refrigerio, que es fresco Royal. A las 11 y media se saca la bolsa con la arveja y el arroz, el almuerzo, y vuelven y preparan el fresco", recuerda el intendente Armando Castellanos.
Después de eso, la fatiga y el calor apenas permiten caminar de 45 a 50 minutos con intervalos de 10 minutos para descansar.
Las marchas varÃan según el terreno y si hay o no operaciones militares. Con el Ejército al acecho y el rumor de los helicópteros, recuerda el sargento del Ejército Erasmo Romero, se camina amarrado y 'a 2 X 20'. Caminan dos horas y descansan 20 minutos: "Uno va amarrado, para evitar que intente la fuga cuando el Ejército está cerca". Donde hay pantanos a los secuestrados les quitan las ataduras porque corren el riesgo de caer y morir ahogados.
En terreno montañoso o escarpado se marcha en fila india. En otros van en rombo. Son seis clases de formación en las caminatas en las que por cada secuestrado van de dos a cuatro guerrilleros vigilándolos.
Al caminar, la guerrilla no solo dice por dónde se va, sino también dónde descansar. En la selva 'la libertad' del cautivo para elegir dónde reposar puede costar la vida. Sentarse encima o cerca de un leño podrido es buscar la muerte con una serpiente de coral que mata en menos de 24 horas.
Por lo menos asà lo escuchaba Julio César Buitrago de labios de los guerrilleros, que no cargaban suero antiofÃdico pero sà una droga para mordeduras de estas culebras.
En su caso, cuando cogió un costal durante el descanso de una marcha, lo picó una araña que los guerrilleros llaman rayuela. Estuvo dos dÃas con malestar.
REDACCIÓN JUSTICIA
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Otros
- Fecha de publicación
- 19 de julio de 2008
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