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Ojo, poetas
Lo que menos me gusta es escribir lo contrario de los amigos, sobre todo de los que amo, a quienes adeudo más de lo que debiera, con quienes he sido la misma mugre en la misma uña. Pero, cuántas veces se debe escribir a pesar de sà mismo, en estos tiempos de aldeanas guerras globales, cuando hablar sobre árboles es un crimen, porque implica callar sobre tantas alevosÃas. Me conviene olvidar al poeta que dijo esto.
Digamos que la fortuna me ha llevado a muchos festivales mundiales de poesÃa, desde cuando hace apenas 25 años fui a caer en Struga (Macedonia), donde se celebraba por entonces el más grande, importante e inveterado; 81 de los 90 poetas invitados del mundo eran izquierdistas, y yo me sentà feliz de pertenecer al 10 por ciento de la disidencia, no porque fuera de derechas, sino porque me sentÃa un revolucionario imparcial.
Por el Festival Internacional de PoesÃa de MedellÃn, ahora el mayor y más importante, y su director, Fernando Rendón -asà no me invitaran, por lo que en su momento expresé mi berrinche-, he sentido siempre una admiración sin lÃmites, por lograr recuperar a MedellÃn de la imagen de olla infernal que le legara Pablo Escobar. Y lograr convertir al bello villorrio, de estercolero universal del crimen, en capital mundial de la poesÃa. Una vez me invitaron, y pasé de lo lindo, sin percibir ninguna indoctrinación, ni siquiera de mis bellas modelos acompañantes.
Este festival logró, en el 2006, el Nobel Alternativo de Paz, de la Fundación Right Livelihood Award, de Estocolmo, "en reconocimiento al coraje y a la esperanza en tiempos de desesperación". También se dijo, para nuestra fortuna, que a Gabo lo premió la Academia Sueca por izquierdista, desbancando al desvirolado derechista de Borges.
Antes de continuar, advierto que detesto los métodos de la guerrilla, en especial el secuestro, tanto como los métodos del paramilitarismo para combatirla, y los métodos de los gobiernos y los terratenientes que a ambos les dieron alas para nacer, sobrevivir y crecer. El Gobierno podrá exterminar la guerrilla, pero si no suprime sus causas, en poco volverÃa a pelechar. También es delirante considerar de nuevo digna de exterminio la izquierda en pleno, acusándola de cómplice de asesinos. Ese tiempo demente ya lo vivimos, y es vergüenza para Colombia. El asesinato de 3.000 integrantes de la Unión Patriótica.
El Festival de PoesÃa de MedellÃn se ha visto abocado a las reiteradas insidias de un pernicioso psicópata y resentido contrapoeta -auspiciado por no se sabe qué tránsfugas-, quien además se ha arrogado el derecho de amenazar borracho con el exterminio personal a poetas que manejan una página virtual crÃtica del régimen.
Lo que más duele es que el amigo más cercano a mi alma, el poeta Eduardo Escobar, embelesado por la imagen del presidente Uribe, haga eco de tamañas canalladas. Un nadaÃsta de 65 años puede ya creer en quien quiera -tanto en Uribe él, como yo en Jesucristo-, sin que nadie lo recrimine. Pero que de allà pase a señalar con el dedo a sus activos colegas, como en los tiempos de Brecht, a quien ya recuerdo, es inadmisible. O que sostenga que el Estado no tiene por qué patrocinar manifestaciones artÃsticas que lo confronten, como lo hizo toda su vida con los teatros de Santiago GarcÃa y de Enrique Buenaventura, comunistas confesos y seguidores del Berliner Ensemble, para gloria de Colombia en los tablados mundiales. Imposible que ser de izquierda impida ser gestor cultural.
No puede calificarse este fraterno festival como "una maquinaria de desprestigio del Gobierno entre sus despistados huéspedes internacionales, y de propaganda solapada de las pandillas de la izquierda asesina". Si estás contra los poetas, Eduardo, disparas contra ti mismo. No te puedes poner a la altura del más bajo de los petardos que nos está estallando en las filas desarmadas de la poesÃa. Ay, Eduardo, Eduardo. Estoy seguro de que el mismo presidente Uribe se sentirÃa avergonzado. Ya hasta al otro ministro de su defensa le pidió que se comportara.
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Editorial - opinión
- Fecha de publicación
- 15 de julio de 2008
- Autor
- Jotamario Arbeláez
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