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驴Jaque al rey?

En un reciente art铆culo (El Pa铆s, 13-07-08), Mario Vargas Llosa se quejaba del escaso reconocimiento internacional del m茅rito obtenido por el presidente colombiano 脕lvaro Uribe V茅lez, por la "liberaci贸n de 脥ngrid Betancourt y otros 14 secuestrados por las Farc". Alegaba, en cambio, que el presidente franc茅s Sarkozy hab铆a sido "quien hasta ahora le ha sacado mayor provecho publicitario". Y tiene raz贸n. En la medida en que pasan los d铆as, cada jefe de Estado o de gobierno que es invitado a participar de un frente com煤n para forzar a las Farc a una liberaci贸n de los secuestrados acepta, pero no con el prop贸sito de apoyar la labor que est谩 adelantando Uribe, sino m谩s bien toma distancia buscando sacar provecho del papel que puede jugar en la pacificaci贸n del pa铆s.

A primera vista, esa reacci贸n se explicar铆a por la visibilidad que internacionalmente han recibido las pugnas del Presidente con las Cortes, los v铆nculos de una gran parte de miembros de la coalici贸n de gobierno con el paramilitarismo, la condena a una ex congresista por haber aceptado prebendas a cambio de su voto de aprobaci贸n a la reelecci贸n presidencial inmediata y, sobre todo, la intenci贸n de Uribe de volver a cambiar la Constituci贸n para hacerse reelegir por segunda vez. Cada hecho ha terminado por sembrar grandes dudas sobre el car谩cter democr谩tico que tiene su tarea pacificadora.

Ya nadie se atreve a afirmar, como s铆 lo hace Vargas Llosa en su reclamo, que la lucha del Presidente colombiano contra el terrorismo se haya llevado a cabo "sin menoscabar la libertad de prensa, la independencia del poder judicial, la oposici贸n parlamentaria y extraparlamentaria". Por el contrario, la tendencia del Gobierno colombiano a eludir ciertas reglas del juego pol铆tico e institucional parece haber convencido a la comunidad internacional de que el empe帽o de Uribe por limitar los poderes de la justicia, subordinar al Congreso y estigmatizar a la oposici贸n se ha llevado a cabo sin quebrantar su prop贸sito de combatir a las Farc, que se ha convertido en el argumento que justifica su prop贸sito de mantenerse en el poder.

En realidad, para quienes siguen de cerca el conflicto colombiano, es cada vez m谩s claro que Uribe ha terminado por instaurar una especie de r茅gimen personalista, en el que el Presidente copa la mayor parte de la escena pol铆tica e institucional, muchas veces usurpando las funciones de los poderes Legislativo y Judicial, con intervenciones que resquebrajan las formas de representaci贸n partidista. Es el r茅gimen en el que el Presidente, m谩s que representar la unidad de la Naci贸n, encarna la unidad de todo lo que desean los ciudadanos, de manera que, todo lo que hagan sus opositores ser谩 interpretado como un intento por ir en contra de 茅l y, por tanto, ir谩 en contra de los ciudadanos.

Por esa raz贸n resulta comprensible que en el pa铆s la operaci贸n 'Jaque' le haya significado un mayor poder al presidente Uribe. Pero en el exterior, ese 茅xito se puede revertir en una prudente distancia de los gobiernos extranjeros, por ejemplo, con respecto al prop贸sito del Gobierno de mantener un esquema cerrado de negociaci贸n con las Farc. Mucho m谩s cuando 脥ngrid Betancourt les pide al Presidente y a los colombianos que, sin renunciar a la mano dura, cambien su lenguaje extremista y de odio hacia las Farc y acepten un frente internacional, en el que la participaci贸n de Ch谩vez y Correa tiene una importancia crucial en el prop贸sito de lograr que esa guerrilla libere sin condiciones a los secuestrados y emprenda un proceso hacia la paz.

No hay duda de que las presiones que provengan del exterior van a tratar de convencer a Uribe de que el unanimismo no puede ser la fuente de legitimaci贸n del poder, y m谩s bien, deba buscar el paso hacia el pluralismo como principio de movilizaci贸n democr谩tica. Es el llamado que tarde o temprano se puede convertir en una presi贸n insostenible para el Gobierno colombiano. Una r谩pida reacci贸n le permitir谩 al propio Uribe evitar que la exitosa operaci贸n 'Jaque' se pueda revertir en un jaque al rey.

Publicaci贸n
eltiempo.com
Secci贸n
Editorial - opini贸n
Fecha de publicaci贸n
14 de julio de 2008
Autor
Pedro Medell铆n

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