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Fumigaciones acabaron con el boom de la coca en Cumaribo (Vichada)
Es el municipio que según el Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos IlÃticos (Simci) registró en el 2007 el área con más sembrados de coca en el paÃs (7.218 hectáreas),
Ese dato generó una polémica entre el Gobierno y la ONU sobre la medición de los cultivos ilÃcitos.
Pero pese a la cifra, en un recorrido por la zona, EL TIEMPO encontró que hay escasez de pasta y existe crisis del negocio.
Allà ya no se ven las largas filas de raspachines esperando a que lleguen los compradores en camionetas o en motos con talegos de billetes para recibir los pagos por la venta de la base de coca.
En un solo dÃa, los compradores podÃan repartir entre mil y 2 mil millones de pesos en efectivo a hombres y mujeres que se apostaban en cualquier esquina del pueblo.
Esa bonanza se acabó. En Cumaribo el comercio está por el piso; las vitrinas de los locales están a punto de quedar vacÃas y los comerciantes están cerca de la quiebra.
Comerciantes sienten el cambio
Macro Cruz, el 'Negro Macro', llegó de Venezuela a Cumaribo (Vichada) hace más de nueve años cuando la coca era la moneda más fuerte en esta región.
AllÃ, este moreno de 1,80 metros de estatura y 98 kilos de peso montó un negocio con cuatro mesas de billar en una de las pocas construcciones de material que hay en el poblado -la mayorÃa de las casas son de madera-, en las que los raspachines atraÃdos por las mujeres del local, el licor y la bonanza de dinero fácil disputaban los mejores 'chicos'.
Macro recuerda, mientras mira la calle principal embarrada, que en esos tiempos en un mes vendÃa más de 120 millones de pesos. Ahora, llega apenas a los 4 millones de pesos.
"Son las 9 de la noche y en todo el dÃa he vendido 80 mil pesos. Las cosas no están fáciles por aquà desde que comenzaron a fumigar. La coca se acabó, no hay plata y la gente se está yendo", dice Macro.
Asà como Macro, Húber Ortiz, un paisa que montó una miscelánea hace más de siete años, recuerda que hace apenas tres años vendÃa un millón de pesos en un dÃa.
Mientras se rasca la cabeza y observa a dos militares del Batallón Rojas que patrullan por el lugar, afirma que sus ventas bajaron un 85 por ciento. Ahora, sus clientes no compran más de 100 mil pesos.
"Para nadie es un secreto que este pueblo es cocalero, pero como están acabando los cultivos, la plata no se ve. Hay más seguridad, pero también hay más pobreza", asegura.
El sacerdote Rafael Misas comenta que hace tres años, cuando empezó a oficiar misas los domingos, los fieles aportaban 150 mil pesos en limosnas. Hoy, la bolsa que se pasa por las sillas de la iglesia no recoge ni 20 mil pesos.
Los compradores de coca también han tenido que cambiar. Primero porque pagan a los 'paras' de Pedro Guerrero, 'Cuchillo', 700 mil pesos de impuesto por cada kilo, que en la región cuesta entre 1 millón 900 mil pesos y 2 millones 200 mil pesos.
Coca como moneda
Uno de los poblados del Vichada que más está sintiendo la efectividad del programa antinarcóticos es el corregimiento de Palmarito, ubicado en carro a tres horas de camino desde Cumaribo, por una carretera enlodada, con huecos, que se abre paso entre la sabana llanera.
A escasos 200 metros de la vÃa, al otro lado lado de la maleza, aparecen las plantaciones de coca recién fumigadas por los aviones de la PolicÃa Antinarcóticos, que bañan los sembradÃos a 30 metros de altura.
Palmarito está ubicado en la vÃa a Puerto Nariño, en la frontera con Venezuela. Es de los pueblos de los Llanos Orientales donde todavÃa la coca es utilizada como 'moneda local' y no hay plata en efectivo.
Los comerciantes que aún luchan por sostener sus negocios guardan en sus vitrinas bolsas con gramos de coca que los raspachines llegan a cambiar por mercado.
"El problema es que no tenemos capacidad de recibir más porque los proveedores en Villavicencio nos tienen ahorcados con facturas y no les podemos pagar con coca sino en efectivo", dice el comerciante Juan Barrera.
La economÃa del pueblo, basada en la coca, llegó a mover hasta 3 mil millones de pesos en el ciclo natural de producción, de 45 dÃas, y habÃa unas 3.000 personas en las calles del pueblo.
Hoy, el panorama es otro. Solo hay unas 700 personas, la mayorÃa viviendo de lo que queda de la coca.
"En Cumaribo, Palmarito y sus alrededores el que diga que no vive de esto es un mentiroso", concluye Teodoro Cotinchara, un habitante del lugar.
Resiembra: la trampa para salvar las matas
Después del sobrevuelo de las aeronaves que descargan el glifosato sobre las plantaciones de coca, los cultivadores buscan en pocos minutos salvar las matas del quÃmico.
En Cumaribo, los productores de hoja de coca le llaman 'soquear' a todas las 'mañas' que usan para salvar las matas que son fumigadas.
La malicia de los campesinos les revela que una vez los aviones asperjan la plantación, hay menos de 18 horas para evitar que el quÃmico llegue a la raÃz y acabe la mata.
Por esto optan por cortar las hojas y el tallo por encima de los 10 centÃmetros desde la base de la tierra. Luego le aplican al cogollo miel de purga y grandes cantidades de abono para estimular y fortalecer el crecimiento.
El general Óscar Naranjo, director de la PolicÃa Nacional, ya habÃa advertido que esta práctica conocida como la resiembra habÃa influido en el aumento del número de hectáreas de coca cultivadas en el paÃs en el 2007.
Los campesinos también buscan sembrar observando los cambios del clima. Sus conocimientos les indican que la soca solo puede ser utilizada en tiempos de verano y afirman que en esa región del paÃs las temporadas de sol oscilan entre diciembre y marzo. En el resto del año las lluvias son constantes, de ahà que las condiciones sean favorables para los cultivos.
"La soca es una práctica que solo se puede realizar en tiempos de verano porque cuando llueve el veneno llega muy rápido a la raÃz y no hay nada que hacer", revela un 'chagrero' o cultivador de coca.
En el ciclo de la coca, la rapidez del tiempo de producción después de 'soquear', que oscila entre los tres y seis meses, depende de las veces que haya sido fumigado.
Lo que los 'chagreros' también tienen claro es que la capacidad de producción de hoja se reduce sustancialmente con cada fumigación a pesar de la resiembra.
"Después de tres fumigaciones ya no hay nada que hacer, todos los esfuerzos que se hagan no sirven para nada", dice el cocalero.
Otra de las prácticas que los cocaleros utilizan para salvar el cultivo es dejar crecer el pasto o la maleza para evitar que sean detectados en el sobrevuelo de las aeronaves que realizan las tareas de inspección.
Unos más optimistas consideran que 'toca raspar' mientras el avión asperja. Pero hay una práctica más particular. Hay quienes utilizan agua de panela para proteger las hojas y evitar que el glifosato penetre en la planta.
Las cifras de la coca en Cumaribo
- 1 arroba (25 libras) de hoja de coca dulce produce 35 gramos de base.
- Por la misma arroba un 'chagrero' recibe 5.000 pesos.
- 2.000 pesos es el costo de un gramo de coca en Palmarito, esto alcanza para pagar una cerveza.
- Una arroba de arroz cuesta 25 gramos y un bulto de papa, 60 gramos.
- 4.000 arrobas de hoja de coca producen las veredas La 16 y El Ariba. AllÃ, según los raspachines, están los cultivos más extensos de quedan.
- 6 hectáreas de coca sin fumigar producen 800 arrobas de hoja.
- El mismo plantÃo asperjado no alcanza las 200 arrobas de hoja de coca.
MIGUEL ANTONIO HERRERA
ENVIADO ESPECIAL DE EL TIEMPO
CUMARIBO (VICHADA)
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Nación
- Fecha de publicación
- 13 de julio de 2008
- Autor
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