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Colombia recuperó 66 bienes arqueológicos que habían salido ilegalmente del país

Los objetos recuperados esta semana con la colaboración de E.U. son 15 piezas en oro y otros metales, 16 en esmeralda y 35 en cerámica. de acuerdo con los primeros análisis, datan del 500 A.C.

La recuperación marca un significativo pero poco frecuente triunfo en la lucha contra los que trafican con el patrimonio histórico colombiano.

Son piezas de las culturas Nariño, Calima, Tumaco y Tayrona que, no se sabe cómo, terminaron en Miami en manos de un italiano que pagó 17 meses de cárcel por esos negocios ilegales y que el año pasado fue deportado a su país.

La Universidad Internacional de Miami estableció que pertenecían a Colombia. Y gracias al Acuerdo de Entendimiento suscrito con E.U., que prohíbe la venta de bienes arqueológicos y culturales, el director del Instituto Colombiano de Antropología e Historia, Diego Herrera, las recibió el martes pasado en una oficina de la Aduana del país del norte.

Fue una buena noticia en medio de la preocupación por los alcances del saqueo, que no se detiene. Hace dos meses, un cementerio indígena de comienzos del período clásico (entre el siglo I a.C. y el siglo IX d.C.) en Isnos, cerca de San Agustín (Huila), fue destruido y saqueado. No se sabe cuántas piezas se perdieron.

Y tres meses atrás, en Morelia, vereda de Saladoblanco, en esa misma región, los ladrones intentaron llevarse de un cementerio dos estaturas humanoides de la cultura San Agustín. No se las pudieron robar, pero en el intento las afectaron considerablemente.

Tras la pista de 3 extranjeros

Cada año, según los cálculos no depurados de las autoridades, atraviesan las fronteras del país por lo menos 10.000 piezas de incalculable valor hacia España, Francia, Dinamarca y Estados Unidos. Esos son los principales mercados de los guaqueros en Colombia, según Víctor González, arqueólogo del Icanh.

El tráfico es tan grande que desde junio del 2007 el grupo de investigación de patrimonio cultural de la Dijín de la Policía se ha dedicado ha establecer redes y rutas del mercado negro de estos bienes. Tras un año de investigaciones y de interceptación de llamadas, la Policía tiene en la mira a los que serían los primeros responsables de traficar con estas joyas: dos españoles y un estadounidense.

Los tres registran visitas al país cada tres meses o, por lo menos, tres veces al año para verificar, realizar y sacar sus pedidos. Entre los traficantes de guacas también están cinco colombianos que sirven de contactos e intermediarios. Todas las identidades se mantienen en reserva, pues aún no han sido judicializados.

"El estadounidense es una persona que conoce y ha estudiado sobre el tema. Uno de los españoles es casado con una colombiana y el otro tiene familiares ecuatorianos. Los colombianos se mueven entre Bogotá y varias regiones del Huila", explica la teniente Erika Correa, directora del grupo de Investigación de Patrimonio Arqueológico de la Dijín.

Los viajes a zonas turísticas tradicionales en arqueología son aprovechados por los extranjeros, que dicen estar de vacaciones, para hacer sus contactos.

Ya en territorio colombiano se mueven entre Bogotá-Santa Marta y Bogotá-Neiva. El primer recorrido lo hacen vía aérea hacia la Sierra Nevada y el segundo vía terrestre hacia San Agustín.

Allí, en las paradas o en las ventas de artesanías, indagan por piezas originales. En la mayoría de los casos ya tienen a personas que se encargan de ubicar a guaqueros para ofrecerles la 'mercancía'. "En Bogotá también se consiguen piezas originales en centros de cachivaches y en el mercado de las pulgas", asegura la teniente Correa.

Pese a los controles que se hacen en los aeropuertos para evitar que piezas arqueológicas salgan del país, los traficantes se las arreglan para vencer las requisas. La Dijín estableció que una de las estrategias es etiquetarlas con estampillas de 'réplica'. Además, les adhieren bordados o pinturas evidentemente recientes y otras son envueltas en ropa u ocultas entre otros artículos, para desviar la atención de los controles.

Las piezas más cotizadas siguen siendo las hechas en oro, pero también se cotizaron las cerámicas precolombinas y las esculturas o momias en piedra. Por ellas pueden llegar a pagar precios exorbitantes. Hace dos años, en una casa de subastas en Francia el precio base de un colgante en oro de la cultura Tayrona ascendió a los 400 mil euros (unos mil millones de pesos).

Para frenar el tráfico ilegal de estos bienes, hace seis años se expidió el Decreto 833, que prohíbe su venta dentro y fuera del país. Además, Colombia firmó la convención con la Unesco para proteger estos bienes y creó en el 2005 un comité integrado por 13 entidades que trabaja para evitar su comercialización.

Pese a estos esfuerzos, piezas arqueológicas se siguen moviendo en el mercado negro porque, según la Dijín, la ley sigue siendo blanda con los traficantes.

Lo máximo que pueden hacerles en Colombia cuando los detienen es quitarles el material y, rara vez, procesarlos por hurto y multarlos con 20 mil pesos.

Por cuenta de ese vacío de normas el país no deja de perder testimonios de su memoria histórica. "Al extraer las piezas se pierde la asociación entre ellas y el contexto social de las sociedades pasadas, que desde el punto científico es lo más importante. Además, muchas piezas y cementerios son destruidos en medio de la guaquería", dice Herrera, director del Icanh.

"La riqueza arqueológica de Colombia es tan grande que casi donde uno abra un hueco encuentra algún tipo de huella histórica", dijo Diego Herrera, director del Icanh.

"El estadounidense conoce y ha estudiado el tema. Uno de los españoles es casado con una colombiana y el otro tiene familiares ecuatorianos. Se mueven entre Bogotá y Huila", explica por su parte Erika Correa, jefe de investigación de patrimonio de Dijín.

 Regiones más guaqueadas

El comercio ilegal de las piezas arqueológicas persiste en el país debido a que existen guaqueros profesionales y/o campesinos. El primero, según las autoridades, actúa a través de una cuadrilla y programan saqueos. Y el segundo es esporádico, es el campesino que mientras está labrando la tierra se encuentra con estos hallazgos.

Las zonas más guaqueadas son Huila, en San Agustín; Magdalena, en la Sierra Nevada de Santa Marta y Tayrona; Córdoba, en los valles del San Jorge y Sinú; Valle del Cauca, en los alrededores de Calima y Palmira; Santander, en Guane; Cesar, en Tamalameque; Nariño, en Tumaco, y el Eje Cafetero, Meta, Cundinamarca, Tolima y Boyacá.

Pelea por piezas arqueológicas fuera del país

Trece entidades, entre las que están Procuraduría, Ministerio de Cultura, Icanh, Dijín, Dian, Ministerio de Relaciones Exteriores, Fiscalía, entre otros, trabajan en un comité para la educación y prevención del tráfico de bienes culturales desde diciembre del 2005.

Una de las tareas es adelantar reclamaciones de estas piezas que están en casas de subastas o en manos de la justicia de otros países. Según el Icanh, están en proceso cuatro reclamos, uno vía acción judicial y seis por canales diplomáticos. La acción judicial se adelanta en Dinamarca, en donde se busca repatriar la estatua 155 de San Agustín, hurtada en 1988.

Los otros tres reclamos se dan: uno en La Rioja (España), otro en París (Francia) y en Munich (Alemania). De igual forma, hay otras piezas en Nueva York, París y Bélgica, pero los procesos están complicados porque no hay pruebas que demuestren que los bienes son de Colombia.

Cifras del Ministerio de Cultura indican que desde 1998 al 2007 se han repatriado 83 piezas. El año pasado regresaron 11 desde Nueva Orleans (E.U) y 72 desde Francia, las cuatro primeras en 1998 y 68 en junio del 2006.

PAULINA ANGARITA MENESES
REDACTORA DE JUSTICIA

Publicación
eltiempo.com
Sección
Justicia
Fecha de publicación
9 de julio de 2008
Autor

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