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La pianista Ruth Marulanda es la mamá de la música colombiana

EL TIEMPO ZONA rinde homenaje a esta intérprete, arreglista y compositora de músicas colombianas.

Marulanda nació en Buga "la ciudad señora" y su cuna fue arrullada por cumbias, joropos, pasillos, currulaos y toda la música colombiana que sus padres y hermanos entonaban con una guitarra y al vaivén de una hamaca.

Con más de 30 años como arreglista, compositora e intérprete de música colombiana, Ruth es, al lado del maestro Jaime Llano González, una de las más insignes embajadoras de la música tradicional.

Diez discos, entre compilaciones de grandes artistas y composiciones propias, hacen parte de su repertorio.
Incluso, al mejor estilo de los compositores nacionales, tuvo que correr con la totalidad de los gastos de un disco, desde los estudios de grabación hasta los diseños e impresiones de carátula.

'La música es para todos'

Su día empieza a las 6 de la mañana, cuando le abre la puerta de su estudio al primer alumno. Despide al último a las 7 de la noche. Así, de lunes a sábado.

"Mi fortaleza, mi compañía es Dios. Dios es mí mejor armonía", asegura ella que siempre está con una sonrisa y tarareando una canción.

En su apartamento del barrio Vizcaya, Ruth mira la vida desde la cúspide de la experiencia, esa misma que se ganó a punta de luchas casi desde la misma infancia.

Europa es su gran escuela

Transcurría el año 1968 y como alumna del conservatorio de la Universidad Nacional, se hizo acreedora a una beca para estudios musicales en Viena, Austria. Sin embargo, algunos directivos de la facultad estaban interesados en que los becarios que viajarían ese año a Europa tuvieran como trayectoria la música clásica. No era el caso de Ruth, para quien el fuerte eran sus cumbias, guabinas y todo el repertorio de músicas colombianas, aunque estudiaba con pasión a los intérpretes clásicos y los conocía.

Pese a todo, su talento se impuso y la llevó a ser la primera opcionada a la beca. "Yo siempre había estudiado música clásica -afirma- la conocía y la tocaba; pero la herencia de mi casa fue la música colombiana y eso no podía dejarlo de lado".

Así, alistó maletas para el viejo continente, no sin antes darse el paseo familiar como despedida, con tan mala suerte que en medio de la algarabía por el viaje resbaló y se daño un tendón en su mano derecha. "Así me fui y una vez llegué a Viena con mi mano vendada y dos prendas de vestir en la maleta, me entero de la noticia..."

Con notas de dolor

El proceso no había terminado allí, debía presentar una nueva audición, esta vez para que le asignaran una academia musical, de las muchas que hay en Viena. El examen era tocar una intensa melodía de Ravel en el piano. Pero, ¿cómo iba a afrontar una prueba de ese calibre con una mano lastimada?

"Empecé a tocar y con el dolor de mi mano derecha que era como el dolor del alma, abordé la prueba y toqué el Rabel más furioso que alguna vez haya interpretado al piano", dice.

Uno de los maestros que evaluaba la prueba vio el dolor en el rostro de la joven. El examen se canceló. No le permitían estudiar en esas condiciones y lo mejor era volver. "Yo no iba a permitir eso, les dije que me postulaba para estudiar pedagogía musical -recuerda-. Así que presenté un examen teórico que pasé sin ningún problema".

Pero los problemas no terminaban ahí. Ningún profesor quería dictarle clase a una alumna que solo podía tocar con una mano. "Una profesora, de esas que aparecen como enviadas por Dios, me enseñó una composición hecha para tocar solo con la mano izquierda, apartir de allí hice todos mis estudios en el conservatorio solo con la mano izquierda".

De hecho, cuando llegó a Colombia, con el auditorio León de Greif a reventar y bajo la dirección del maestro Olav Roots, tocó el 'concierto de Rabel para la mano izquierda'.

JOHN WILLIAM MONTAÑO GÓMEZ
EL TIEMPO ZONA

johgom@eltiempo.com.co
 

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
4 de julio de 2008
Autor

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