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Cuando preservar resulta rentable

Una reserva natural a orillas del Orinoco se convierte en un ejemplo gratificante de lo que está pasado en Colombia en materia de responsabilidad social empresarial.

Omacha. Los indígenas le llamaban Omacha y rompían a reír. En ese entonces él era un joven biólogo lleno de ilusiones que había aterrizado en Leticia en un avión de carga pensando que tenía las llaves para cambiar el mundo. No sabía lo que significaba esa palabra que les causaba tanta gracia a los habitantes del Amazonas y sólo después de muchas intemperies, observando delfines a la orilla del río más caudaloso de mundo, que Fernando Trujillo lo comprendió: Omacha quiere decir 'el delfín que se transforma en gente' y bajo ese disfraz de apariencia humana ha venido para salvarlos de la devastación y el exterminio.

Eso fue él para los nativos de las selvas húmedas del sur colombiano y eso sigue siendo años después para los delfines y cientos de especies amenazadas del Amazonas, el Caribe y la Orinoquia colombiana, los tres frentes en los que trabaja una fundación bajo su mando dedicada a la investigación y conservación de recursos naturales y que, por supuesto, no podría tener un mejor y más adecuado nombre: Fundación Omacha.

En 2003 la Fundación decidió adquirir 1.294 hectáreas rodeadas de bosques de galería, monos aulladores que emulan al viento, libélulas de alas translúcidas, horizontes infinitos y sabanas inmensas que sólo se pueden dar en las lejanías del Vichada. A esta abrumadora perfección la bautizaron Bojonawi, que en lengua Sikuani significa nutria. Con el tiempo y el interés de otras personas la reserva creció y hoy son 4.800 hectáreas de naturaleza pura.

En este laboratorio distante 860 kilómetros de Bogotá, donde el verde es infinito y la tierra es roja, y quizá mucho antes de que se acuñara el término en las grandes ligas empresariales del mundo, Trujillo, el hombre-delfín, aprendió y puso en práctica uno de los mayores aciertos en materia corporativa: la responsabilidad social empresarial.

Esta visión propone a la ética como la variable integradora de todas las políticas y actuaciones de una empresa hacia sus empleados y todos sus públicos de interés. 'Ir más allá' se ha convertido en la hoja de ruta que han empezado a comprender, cada vez con mayor convicción, los empresarios y las organizaciones para alcanzar una sostenibilidad social, económica y ambiental caracterizada por el respeto hacia el entorno donde se mueve la compañía y por involucrarse de manera comprometida con el bienestar social.

La responsabilidad social empresarial es una estrategia corporativa. A través de ella se comprende cómo la generación de riqueza y el cumplimiento de las leyes no son los únicos objetivos de las empresas. Involucrarse en los problemas sociales y hacer una apuesta a largo plazo acarrea apreciables ganancias para la marca y para la reputación.

Con ella se logra, además, un aumento en la productividad, fidelidad por parte de empleados y clientes, respaldo de los entes gubernamentales, oportunidad de nuevos negocios, mejora en la cultura organizacional y en las comunicaciones internas y externas y un incremento en el valor de la empresa. Varios estudios demuestran que muchas personas prefieren adquirir productos y servicios de empresas socialmente responsables. 

Como concepto, la RSE debe atravesar todas las acciones y políticas de la compañía. Es un todo que incluye desde el pago de salarios justos para los empleados hasta las buenas prácticas con los proveedores, la competencia y la comunidad. Esta forma de hacer negocios va más allá de la filantropía. No es dar por dar; por el contrario, es parte clave de la estrategia de negocios de la compañía y su proceso y seguimiento debe ser planificado e incluido con anterioridad en los objetivos estratégicos de la misma. 

La RSE se basa en una cultura de autorregulación voluntaria en la cual es fundamental la comunicación continua con los grupos de interés para indagar sobre sus expectativas e intereses y coordinarlos con los de la compañía, se hace fundamental. Bajo esta perspectiva, aumenta la conciencia de las empresas acerca de que la sociedad es esencial para su propio desarrollo y de que se deben buscar herramientas para actuar a su favor  aminorando así los impactos negativos de su accionar. En un país en donde la mayoría está excluida, la gestión empresarial responsable se convierte en una alternativa justa y necesaria.

En la práctica real
Después de haber ganado el año pasado el equivalente al Nobel de conservación, conocido como el premio Whitley, y prescindiendo de la jerga propia de la gestión empresarial, Fernando Trujillo recuerda cómo el día del triunfo le preguntaron qué significaba obtener un premio por la conservación de los delfines en un país lleno de problemas sociales y económicos como Colombia. Su respuesta encierra buena parte de lo que significa la responsabilidad social: "Nosotros hablamos de conservación, pero la gente es una parte fundamental de nuestro discurso. En un país en donde hay pobreza y necesidades no podemos hacer conservación pura".

Menos aún cuando los lugares más hermosos del país parecen ser los más olvidados. "En el Amazonas y el Orinoco hay mucha gente y muchos pescadores viviendo en condiciones marginales. No hay un manejo del recurso, no hay presencia del Estado, hay muchas debilidades y no hay alternativas económicas. Cuando yo empiezo a hablar de delfines, la comunidad internacional empieza a entender que hay un montón de personas que tienen necesidades y que de alguna manera presionan a los delfines o tienen malas prácticas de pesca porque no tienen alternativa.  Hemos logrado que la Ong Conservación Internacional, a través nuestro, haga inversión en el tema de turismo y en opciones alternativas de ingreso y que esto se convierta en un tema de responsabilidad social y ambiental", continúa.

La reserva garantiza la integridad de los sistemas del Orinoco, región que por su biodiversidad y riqueza hídrica es estratégica para el desarrollo económico del país. Además de trabajar con los pescadores buscando buenas prácticas de pesca y alternativas económicas sostenibles, Omacha ha articulado a los vecinos para que conviertan sus predios en reservas privadas y las aprovechen a través del turismo y las producciones limpias.

Las empresas se involucran
En 1999 Kofi Annan, por entonces presidente de la ONU, propuso crear un mecanismo para que las empresas del mundo colaboraran con los organismos de las Naciones Unidas y al mismo tiempo promovieran principios sociales y ambientales de carácter universal. Ante la imposibilidad de los Estados para resolver los grandes problemas mundiales, se hizo necesaria la participación de las empresas. Acostumbradas por muchos años a ser espectadoras, ahora deberían ser artífices del cambio.

Así nació el Pacto Global, iniciativa que promulga que las empresas apoyen y ejecuten en sus ámbitos de acción un conjunto de valores relacionados con los derechos humanos, la transparencia frente a la corrupción, las condiciones laborales y el medio ambiente.

Hoy hacen parte del Pacto empresas de todos los continentes, organizaciones internacionales de trabajadores e integrantes de la sociedad civil. Basado exclusivamente en la responsabilidad de cada uno de sus miembros, el Pacto no ejerce vigilancia sobre los compromisos adquiridos, no impone sanciones por incumplimiento y tampoco evalúa las acciones de las empresas. Es, en definitiva, la esfera más alta en donde se reúnen las muchas expresiones de la responsabilidad social.

Una de las primeras compañías multinacionales en adherirse al Pacto fue Hewlett-Packard. Desde su fundación, este gigante informático ha estado  comprometido con el cuidado del medio ambiente y el bienestar social. En Colombia, no sólo cuentan con programas fuertes en educación y desarrollo económico sostenible; también manejan dos áreas de trabajo medioambiental. 

La primera se denomina Planet Partner y es un programa que desde junio pasado recolecta cartuchos y toners para llevarlos a una planta de reciclaje especial en Virgina, E.U., donde son descompuestos y convertidos en nuevos objetos como ganchos de ropa, bandejas y partes plásticas para el sector automotor. Este programa de carácter voluntario y gratuito permite a cualquier empresa deshacerse de un material inservible para ellos y, al mismo tiempo, contribuir con el medio ambiente.

La segunda es precisamente el apoyo a Bojonawi. Siguiendo una línea de continuidad que permite unir y consolidar esfuerzos para el logro de un mismo objetivo, HP invierte el dinero que algunas otras empresas dan a sus clientes como retribución por la devolución de cartuchos, en apoyo a la Fundación Omacha, específicamente a la reserva natural del Orinoco.

Para Carlos Gaviria, gerente de consumibles de HP Colombia, "Este programa  corporativo hace parte del programa de  responsabilidad social, ambiental y de ciudadanía global que tiene Hewlett-Packard. Una primera donación al proyecto fue de 15 mil dólares y luego tenemos un apoyo continuo de 5 mil dólares trimestrales indefinidamente. El programa Bojonawi ya arrancó pero aún falta mucho por consolidar".

El apoyo de HP a Fernando y a la Fundación es enérgico. Tanto que HP no descarta hacer lo mismo en otras regiones del país. "Vamos a terminar de fortalecer Bojonawi y posteriormente podríamos entrar a estudiar las otras dos iniciativas que tiene la Fundación, una en la Pacífico y otra en el Atlántico", asegura Gaviria.

Con la RSE como faro, HP y la Fundación Omacha se encontraron y formaron una llave de apoyo a favor del medio ambiente y la comunidad. Con pensamientos afines acerca de la problemática ambiental y social, trabajan desde las áreas en las que cada uno es fuerte para integrar los eslabones de una misma cadena.  

Para Fernando, "empieza a haber empresas privadas como HP y otras que ven que el tema ambiental es importante. Pienso que no debería ser una empresa, deberían ser muchas las que empiecen a entender que la parte ambiental es un activo más del país. El apoyo hacia lo ambiental tiene que ser definitivo, sin olvidar que quienes trabajamos en esto no desconocemos para nada la necesidad social y económica de la gente; por el contrario, ellos están inmersos en esta problemática".

Un lugar remoto, en el extremo oriental de Colombia donde las montañas sagradas de los indios son de lava negra petrificada; el agua es reflejo del cielo y sus pobladores empiezan a tener alternativas viables de sustento sin atacar el paraíso en donde posan los pies, es sólo uno de los ejemplos de lo que puede lograr ese impulso voluntario y determinado, de alcances extraordinarios llamado responsabilidad social empresarial.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Cultura y entretenimiento
Fecha de publicación
2 de julio de 2008
Autor
Alejandra Grillo Calderón

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