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McCain en Colombia
Un verdadero acto de equilibrio será el que deban hacer el Presidente y su Canciller ante la visita del candidato republicano de E.U.
John McCain se convierte hoy, una vez llegue a Cartagena, en el primer candidato a la presidencia de los Estados Unidos en la historia que visita a Colombia en un viaje de campaña. El protagonista de este viaje es, además, miembro del Partido Republicano, en la canasta de cuya administración actual, la de George W. Bush, el gobierno de Álvaro Uribe ha puesto desde su inicio todos sus huevos. De allí el acto de equilibrio que el presidente colombiano y su gabinete deben realizar durante esta visita, habida cuenta de la importancia que tienen las relaciones con Estados Unidos para el país.
Por notable que sea el huésped e inusitado su viaje, ambos son, a fin de cuentas, menos importantes que el resultado de las elecciones del 4 de noviembre en E.U. y que la evolución futura de las relaciones bilaterales. Por razones obvias: además de que solo entonces se sabrá con cuál presidente de Estados Unidos habrá de vérselas Colombia (el demócrata Barack Obama arranca en el partidor como el más opcionado), el Congreso de ese país estará de todos modos dominado por el partido rival del ilustre visitante.
El análisis del viaje tiene dos caras. Por una parte, la del interés y los objetivos que tiene el candidato para haber escogido a Colombia. Por otra, la del efecto que el viaje tendrá -dependiendo, en buena medida, de lo que haga o deje de hacer el gobierno colombiano- en la relación bilateral.
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El Gobierno, al más alto nivel, se verá con el candidato republicano. McCain se encontrará con el presidente Uribe y con su canciller, Fernando Araújo. Habrá rueda de prensa y reunión con empresarios estadounidenses. Se ha especulado no poco sobre las razones por las cuales el candidato republicano ha decidido dedicar a Colombia dos días de su apretadísima agenda, programada minuto a minuto para los próximos cuatro meses, y que incluye también una visita a México, a donde parte mañana desde Cartagena.
Se habla de enviar una señal al voto latino en E.U., cada día más importante. Por algo, Barack y McCain hablaron hace poco ante la influyente Asociación Nacional de Latinos Elegidos y Designados (Naleo). Pero un viaje como este poco influye en ese electorado allá, más preocupado por temas económicos locales o por la suerte de los inmigrantes ilegales. McCain fue el impulsor de la fallida reforma, que el Congreso no quiso aprobarle a Bush, y, en ese sentido, tiene credenciales suficientes sin necesidad de venir a la región. Al igual que Obama, proclama que América Latina será una prioridad en un gobierno suyo. Todos los candidatos en E.U. suelen decir lo mismo y casi nunca cumplen con esa promesa: Bush mismo es quizá la mejor muestra de ello.
Más plausible es que McCain, con este y otros viajes, esté siguiendo la senda de la agenda de seguridad, guerra contra el terrorismo y libre comercio de Bush. La versión republicana -que comparte plenamente el gobierno en Bogotá- es que Colombia es una de las pocas "success stories" (historias de éxito) en el frente que definió a la administración Bush. Ni en Irak, ni en Afganistán, dice ese guión, se encuentran resultados similares en la lucha contra el terrorismo. El viaje del candidato, que ya había visitado a Colombia en dos ocasiones como senador, tiende a enfatizar ese objetivo. Con un espaldarazo a uno de los pocos aliados incondicionales que le quedan a Washington en la región. Y la promoción, de paso, de la causa del TLC y el libre comercio (que lo diferencia del candidato demócrata) -y de la apreciable inversión estadounidense en el país, en especial en el ramo minero y energético-.
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Más allá del debate sobre ese balance (hay bastantes más "resultados" en la lucha contra las Farc que contra las drogas, objetivo original del Plan Colombia), lo delicado de la visita es que el presidente Uribe y su gobierno comparten por entero esas ideas, tienen sobrados motivos para estar agradecidos con los republicanos y, en consecuencia, no les quedará fácil no mostrar su honda simpatía con quien encarna la continuidad en esta campaña electoral. Un error garrafal.
Ya le ha costado suficiente al país la "relación privilegiada" con la administración Bush como para no tomar las indispensables distancias frente a un candidato que, pese a su 'desmarque' del desprestigiado mandatario estadounidense, sería claro heredero de su administración. Más allá de que la ayuda del Plan Colombia haya servido en la lucha contrainsurgente, la triste suerte del TLC en un Congreso dominado por los demócratas es un poderoso argumento para demostrarlo. Sin hablar de la "soledad" de Colombia en una región dominada por intentos de todo tipo de marcar diferencias frente a Estados Unidos.
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Esta visita debe servir para que el gobierno colombiano dé señales claras de que no va a seguir depositando todos sus huevos en la canasta republicana. Ojalá actúe como lo hará la propia embajada estadounidense: por ley, para la delegación, una cosa es un viaje de un senador y otra la visita de un candidato en campaña, hecho que la obliga a guardar el más estricto equilibrio. Un gesto que los demócratas no dejarían de notar y apreciar. Lo mejor sería que se concretara la posibilidad de que Obama también visite al país y el Presidente y su canciller se reúnan con él. Todo ello equilibraría las cargas y dejaría a Colombia en mejor posición ante la delicada labor diplomática que le espera después del 4 de noviembre, cuando se sepa quién ocupará la Oficina Oval de la Casa Blanca.
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Editorial - opinión
- Fecha de publicación
- 30 de junio de 2008
- Autor
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