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Capitulaciones: Tertulias de El Tigre y El Alcaraván/ OPINIÓN

Por Alberto Baquero Nariño, economista y escritor

 Hablamos con el tigre sobre la evolución regresiva de las sociedades estables. Alcaraván dice que ellas se constituyen bajo el prurito de la verdad sabida, la palabra dada y la fe recíproca entre los asociados. Entre ellos lo hablado es una escritura. El Tigre responde con el ejemplo de las Capitulaciones firmadas el 5 de junio de 1871, para aplacar a la "Revolución de los Comuneros". Tal hecho frustra a las guerras de independencia al perder el sustrato reivindicativo popular, afirma el maestro Antonio García. Se disuelve la insurrección creyendo en lo pactado, pero son reversadas por el Virrey el 14 de marzo de 1782 y se inicia una cruenta persecución a los líderes, entre ellos a José Antonio Galán que es encarcelado y torturado en Guaduas. Sí, agrega el Alcaraván: Esta Villa que data desde 1542, tiene el Mirador Piedra Capira. Allí se inspira el toritogarzamorena, porque se observa la majestuosidad de los tres nevados y de la hoya del Magdalena, con sus pueblitos. Galán -que intuyó la traición de Berbeo - es asesinado en Santa Fe de Bogotá el 1 de febrero de 1782.

Agrega el Tigre: "Capitular es ceder, claudicar, por cansancio o por la fuerza de los argumentos contrarios", según el diccionario. Por estos días -continúa- la capitulación está en el código civil. Permite plasmar en una minuta la mutua desconfianza de los contrayentes, la necesidad de curarse en salud para cuando se separen y el dulce se reparta a mordiscos. La figura se volvió necesaria dados los buitres de las contrapartes.

Alcaraván replica que tal figura es una aberración ética y legal para amparar a lobos esteparios debido al entramado jurídico contra la legitimidad, que los llenó de derechos. El problema es conductual. Si amo a un monstruo y deseo entrar a su cueva, es natural que tenga armas y garras para defenderme. Si todo es diáfano bastaría un acuerdo sin extorsión, ni violencia sicológica. Una simple sugerencia de conveniencia de la garza morena hace firmar al Alcaraván, aún sin leer. Lo que a uno le sirve, conviene a ambos. Tal es eso tan extraño como el honor llamado respeto.

¡No sea ingenuo Alcaraván! Replica vehemente el Tigre. El jet set copia el pacto flemático de Onasis y Jacqueline, en una absoluta racionalidad financiera derivada de la conveniencia que para el multimillonario tenía esa alianza donde la princesa Lee Radzwill, hermana de Jacqueline, detentaba vínculos que abrían camino al tránsito de las navieras del griego, amén de exhibirla como un magnífico trofeo de safari.

Alcaraván dice que firmar una capitulación significa manifestar no asaltar a la amada, porque ella no se deja robar, ya que la confianza está diluida. Sería renunciar a creencias, ideología, pertenencia, identidad y sobre todo a la trompilicitud. Alcaraván firma donde sea para que jamás lo compren, ni él mendigue gracias, apegos o caricias. Zingar es el nivel del afecto sumo donde todo es valoración intensa y solidaria.

El Tigre le sonríe de modo paternal al Alcaraván, porque en el fondo su sensibilidad sigue latente, pese a su  crónico escepticismo. Son épocas donde un cadáver se vuelve negocio de terceros. Alcaraván cita a Neruda: "Para que nada nos amarre, que no nos una nada". El Tigre guarda su felinidad al quedar pensativo y regresa pedaleando a Barbatuscas, en el Cairo Alto.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Nación
Fecha de publicación
27 de junio de 2008
Autor

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