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El padre Almansa, ¿el santo de Bogotá?

A sus 71 años, monseñor Álvaro Fandiño solo espera un milagro: que el sacerdote más famoso que ha tenido la capital llegue al santoral.

Hace tres años, mientras dormía, el padre Rafael Manuel Almansa Riaño se apareció en los sueños de monseñor Álvaro Fandiño Franki.

Estaba hincado ante la imagen de Cristo con el Santísimo Sacramento entre las manos, mientras un coro de niños le cantaba con fervor.

Tenía esa túnica negra que siempre lucía con humildad sobre su traje café de fraile; un rosario de pepas grandes pendía de su cintura y un sombrero negro de ala ancha cubría una cabellera blanca y frondosa. Y él, precisamente, estaba a su lado.

Al despertar se descubrió con los ojos encharcados. Aunque se trató de un sueño, para monseñor Fandiño fue un encuentro sobrenatural que le reavivó los ánimos.

"Esta lucha no ha sido fácil. El demonio se atraviesa", cuenta al sacerdote, de 71 años, al explicar lo complicado que ha sido llevar al padre Almansa a los altares de Dios. "La tentación del desánimo se ha aparecido varias veces".

Una causa con historia

Ya se cumplen 14 años desde que Fandiño, bogotano y especialista en historia religiosa de la Universidad Gregoriana de Roma, asumió la causa de canonización del sacerdote más querido que ha tenido Bogotá y de quien se siguen contando favores y milagros 80 años después de su muerte.

"Fue un santo y murió con olor a santidad", y agrega que aunque la devoción por el padre Almansa es famosa, y pese a que muchos lo han querido ver santo, solo él se echó al hombro la carga pesada "que he llevado con cariño".

Todo empezó en 1990 cuando lo nombraron párroco de la iglesia de San Diego, en el centro, donde el padre Almansa fue capellán por 30 años. Allí están sus restos.

Estando en San Diego recordó lo que su madre le contaba sobre él, lo mismo que pensaban y sentían los fieles que visitaban el templo: que fue generoso, bondadoso, custodio de los pobres, magnífico confesor y asesor espiritual de la Bogotá de entonces. Y que vivió en extrema pobreza: dormía en una cama sobre piedras, sin almohada ni cobijas.

Y empezó a investigar. En esa labor contactó a unos 20 testigos de sus milagros. Recopiló sus pasos, desde que era acólito y hasta que se convirtió en franciscano; cuando fue perseguido por el presidente Tomás Cipriano de Mosquera y se refugió en Pamplona (Norte de Santander), y hasta que asumió como sacerdote secular de la Arquidiócesis de Bogotá.

Almansa: un hombre bueno

Los caminos que recorrió desde que nació en Bogotá el 2 de agosto de 1840 y cuando murió el 28 de junio de 1927, así como el entierro al que fueron más de 100 mil personas, fueron plasmados en el libro El padre Almansa, un signo de santidad en la historia de Colombia.

La publicación, de 792 páginas, se convirtió en el primer escaño para que el padre Almansa sea canonizado. También escribió una novena en su honor.

En 1994 se abrió un primer tribunal en Bogotá con el respaldo del cardenal Pedro Rubiano, y dos años más tarde la causa estaba en la Santa Sede. Gracias a la investigación que allí se inició, Almansa ya es Siervo de Dios, primera fase en este camino.

Para lograrlo no fue suficiente el libro, sino la testificación del milagro en el que una mujer asegura haber salido airosa de un parto difícil en el que ella y su hija estaban en peligro de muerte.
Hoy, ambas dicen que sobrevivieron gracias al favor del sacerdote.

Hace dos semanas, monseñor Fandiño estuvo en Roma verificando el proceso. Le dijeron que es probable que, en un año, el Papa Benedicto XVI decrete las virtudes heroicas del padre Almansa y se inicie un escrutinio entre los cardenales que conllevaría a su beatificación. Eso podría tardar dos años más. Y el paso siguiente, la canonización, no se sabe cuántos años.

Para él no resulta descabellado que el padre Almansa sea el primer santo nacional, aunque otros hagan fila.

Aunque su salud está bien, pese a las más de siete décadas que lleva a cuestas, sabe que "la vida no la tiene comprada". Por eso, el milagro que le pide al padre Almansa, y el único que le ha pedido, es que antes de que muera lo pueda ver santo.

Una forma propia de hacer patria

Además de los cuatro años de estudio y de las noches en vela que pasó escribiendo las memorias del padre Almansa, monseñor Fandiño -ahora párroco de la iglesia de Cristo Maestro en el norte de Bogotá- ha invertido mucho más que sus fuerzas en este proceso: sus ahorros.

Los repetidos viajes a Roma, los honorarios de los tribunales que llevan la causa, en Colombia y Roma, y la producción del libro han salido de su bolsillo. Pero eso no le importa.

"Más que una misión, o una obsesión, esta es una responsabilidad ciudadana, esta es mi forma de hacer patria", dice.

El santoral colombiano

A la fecha Colombia no tiene ningún santo propio, aunque ya cuenta con varios beatos que están en proceso de canonización.

Los más destacados son la madre Laura Montoya, el padre Mariano de Jesús Eusse Hoyos y los siete mártires de la guerra civil española que fueron masacrados cuando adelantaban una misión médica en ese país: Juan Bautista Velásquez, Esteban Maya, Melquiades Ramírez, Eugenio Ramírez, Rubén de Jesús López, Arturo Ayala y Gaspar Páez Perdomo.

También hay varios Siervos de Dios. Entre estos están el arzobispo de Bogotá monseñor Ismael Perdomo (su causa está en Roma desde 1953); monseñor Jesús Emilio Jaramillo (obispo de Arauca), Isabelita Tejada (discípula de la madre Laura) y monseñor Miguel Ángel Builes (obispo de Antioquia).

Sin embargo, algunos religiosos y misioneros extranjeros que hicieron su obra en Colombia ya están en los altares o van para allá. Se trata de San Pedro Claver, San Ezequiel Moreno, San Luis Beltrán y la hermana Bernarda Butler.

JOSÉ ALBERTO MOJICA P.
REDACTOR DE EL TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
27 de junio de 2008
Autor

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