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Los héroes del olvido

Pedro Hernando Vergara tenía 19 años cuando fue herido en una pierna y en la cadera mientras combatía en Corea del Sur, ahora sobrepasa los 70 años.

Él, junto a otros 5.100 valerosos jóvenes, salieron de Colombia sabiendo que la muerte les esperaba en una guerra que no era suya.

Hace más de 50 años, Colombia perdió 143 soldados de un batallón heroico que se ganó el respeto de toda una nación.

Hoy, los valientes que guerrearon tan lejos de sus tierras parecen olvidados.

"Tuvimos como tres o cuatro meses de entrenamiento", recuerda de aquellos días Orlando Bernal García, veterano de la guerra, que sentado en su silla retrocede en el tiempo.

"Nos entrenaron en armas, combate cuerpo a cuerpo y nadie se podía negar, porque el servicio militar era obligatorio. Pero la paga era buena para los que nos fuimos, 39 dólares era un platal y no teníamos que gastar nada allá", concluye el veterano que después de la guerra se dedicó al negocio de productos farmacéuticos, pues cuando pisó de nuevo tierras colombianas lo único que recibió fue indiferencia.

Los veteranos ya no ganan dólares, el único verde que ven es el de sus trajes color oliva con el que se presentan en reuniones y entrevistas, porque ante todo son militares.

Muchos de estos héroes terminaron de obtener este adjetivo al regresar a Colombia, por eso personajes como Orlando se rebuscaron la vida en otros oficios. Alguna vez Napoleón Bonaparte dijo: "La guerra te puede matar, pero vivir sin victorias o gloria, es morir todos los días".

Sin duda, en lo que se refiere a lo militar estos hombres ya cumplieron su misión y con creces, pero lo que viven hoy es totalmente ajeno a la gloria que aún (y paradójicamente) solo recuerdan en Corea del Sur.

"Así la gente no lo crea, todavía hay heridos de guerra, hay muchos compañeros que tienen esquirlas de granada incrustadas en sus cuerpos y, lo peor, cuando volvimos acá no nos recibieron como héroes, sino como asesinos", comenta Pedro Hernando, mientras mira de reojo las fotos colgadas en las paredes de Ascove (Asociación Colombiana de Veteranos de Corea).

Hoy, los una vez llamados héroes de guerra, se reúnen en una pequeña casa en el centro de Bogotá. Allí llevan sus recuerdos, sus historias, sus añoranzas. Su sede es pequeña en comparación a sus hazañas.

"Nuestra guerra no se terminó, porque desde la presidencia de Andrés Pastrana, estamos luchando para que les quiten ese apelativo de indigentes a todos los veteranos de guerra que quieren acceder al subsidio de ayuda", concluye Pedro, y Orlando lo complementa:

"No nos llamaron indigentes cuando fuimos a la guerra, pero ahora nos tratan como si lo fuéramos".

Orlando y Pedro se ven bien, hablan con firmeza sobre lo que vivieron y sobre lo que están experimentando ahora, pero la suerte no les sonríe a muchos otros veteranos que han terminado en la calle, tirados y con la mirada perdida.

Lo más escalofriante es pensar que estos mismos hombres, que a veces se suben en el bus a pedir dinero o se arrastran por las calles, bien podrían ser los soldados del glorioso Batallón Colombia, que hace 56 años y justo en este mes, participaron en una sangrienta batalla en el paralelo 38, el lugar más caliente de toda la guerra. Una cruzada que dejaría el mayor número de pérdidas de vidas de soldados colombianos en todo el conflicto: 143, sin contar los 28 prisioneros y los 69 desaparecidos en acción.

La batalla de Old Baldy, fue la más sangrienta. Los combatientes salieron como leones a defender esas tierras extrañas como si se tratara de su propia emancipación.

Nuestros soldados alzaron sus armas y salieron victoriosos. Sin embargo, de ellos solo en el 2007 había 677 con subsidio (fueron a la guerra 5.100) y, teniendo en cuenta que actualmente hay 1.068 sobrevivientes, las matemáticas básicas nos indican que 391 soldados no son considerados aptos para recibir esta ayuda.

El 23 de julio de 1953 las balas dejaron de retumbar en las praderas de las Coreas y personajes como Orlando o Pedro Hernando, volvieron al país envueltos en el orgullo del deber cumplido, con el honor de haber luchado con sus vidas para dejar en alto el nombre de Colombia en la única participación de una guerra ajena.

Una tímida sonrisa se dibuja en sus caras cuando hablan de esos detalles tan extraños de la guerra, cuando narran su derecho diario de reclamar una botella de whisky y un cartón de cigarrillos.

Las evocaciones emergen en cada frase, que termina con un dejo de amargura patrocinado por el olvido.

"Cuando volvimos de la guerra, a todos los pertenecientes al Batallón Colombia nos dieron de baja, tantos años después resultó que los soldados solo éramos recordados en un desfile del 20 de Julio, pero con la junta actual de veteranos estamos intentando cambiar el trato hacia nosotros", concluye Orlando.

La guerra quedó en los libros para nosotros, aunque para ellos, los aires de la que libran ahora comienzan a cambiar, pues parece que por fin van a dejar de ser catalogados como indigentes para recibir ayuda.

"Con el aval del Senado y la Cámara, ya logramos cambiar el artículo 3 de la ley 683 de 2001, en esa norma solo los veteranos que estaban en estado de indigencia podían recibir ayuda del gobierno, ahora con este cambio casi todos los veteranos podremos disfrutar de una ayuda, a menos que su pensión ya supere los cinco salarios mínimos", afirma Pedro Hernando que durante la guerra fue suboficial y que no duda en decir que en la guerra tuvo momentos gratos como el mundial de fútbol que jugaron contra los soldados de Inglaterra, Turquía y Canadá.

Un torneo literalmente jugado en medio de un campo de batalla, en el que Colombia quedó de subcampeona.

Orlando, con su trabajo, logró una estabilidad que pocos veteranos tienen, pero con Pedro y toda la junta actual están en busca de mejores condiciones para aquellos que aún hoy sufren las secuelas de la guerra.

Ellos pelean por el respeto de pertenecer a los libros de asociaciones de veteranos del mundo, labor que le compete directamente al gobierno, según afirma Orlando.

"Jairo Clopatofsky, Luis Serrano o Luis Barrios Barrios, han sido políticos que han dado su propia batalla por nosotros", concluye este soldado que próximamente volverá a Corea para un reconocimiento del gobierno coreano.

Batallas como la de Old Baldy vivirán por siempre en el recuerdo de estos hombres, que se reviven en cada foto en la que aparece un colombiano vestido de verde y con un rostro caracterizado por la juventud inocente que se perdió con el primer disparo que alcanzó al enemigo.

La gran vecindad que vivían los colombianos en los campamentos coreanos ya no existe, cada año desaparecen más soldados de esa guerra, justo como desaparecieron los aviones coreanos alcanzados por las ametralladoras.

Según Ascove cada año mueren en promedio 60 veteranos, es decir que los combatientes de la guerra que se libra hoy en día por el reconocimiento tienen una media de 77 años, una edad poco apropiada para seguir peleando.

Estos veteranos rompen aquel dicho que reza: "no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista", porque la lucha que están librando ahora, la del reconocimiento y la inclusión, ha sido de largo aliento y avanza como la guerra fría misma, lenta y con pocos resultados.

POR CARLOS BARAHONA URIBE

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
25 de junio de 2008
Autor

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