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Un 'chacarero' puso de rodillas a los Kirchner en el conflicto agrario argentino
"Rendición incondicional para los sediciosos del campo... Los quiero de rodillas". Esa consigna de Néstor Kirchner comunicada por su adlater piquetero, Luis D'Elia, quedará en la historia.
Todo porque Alfredo de Angeli, el representante de los "sediciosos" que con su discurso dosificado con simpleza chacarera, pragmatismo y fe en lo que se defiende, terminó logrando lo que parecÃa imposible, el efecto contrario al esperado. Puso de rodillas en las encuestas al ex mandatario (Néstor) y a su esposa, la presidenta Cristina Kirchner.
Muy a pesar suyo, De Angeli, 51 años, divorciado, padre de cuatro hijos y hermano mellizo e inseparable de Atilio, cuyo parecido obliga muchas veces a la confusión, es un protagonista excluyente de la agitada crisis argentina.
Este productor que arrienda 650 hectáreas se convirtió se creÃa un actor de reparto o un extra pero terminó con un rol protagónico gracias a la dirección de la crisis que llevó adelante el matrimonio presidencial , el que terminó de erigirlo el rival de mayor fuste que logró construir en estos cinco años de poder.
Productor agropecuario desde 1980, De Angeli jura que jamás le interesaron los cargos polÃticos, pero no le escapó a la polÃtica ni a su compromiso ciudadano. Hace tres años, fue uno de las voces principales en los cortes de la frontera que unen su ciudad, Gualeguaychú, con Uruguay en la también histórica protesta por la instalación de las plantas pasteras sobre el rÃo homónimo.
Ahora, en los últimos 102 dÃas, De Angeli fue cobrando una notoriedad para la que jura no haber estado preparado, aunque demostró, al menos por lo que señalan las encuestas y las puebladas y cacerolazos desatados tras su detención ( y posterior liberación) el pasado sábado 14, que su papel hasta aquÃ, fue más que digno.
"Jamás vamos a traicionar la lucha del hombre del campo. Ahora levantamos los piquetes en las rutas porque las cuatro entidades (agropecuarias) van a pedir una audiencia con la presidenta, pero la lucha sigue. Nos vamos a Buenos Aires a montar una carpa frente al Congreso, para acompañar (horas antes habÃa dicho "enseñarles") a los legisladores", sintetizó el viernes a cada periodista que lo cruzara.
Su hermano Atilio, jura que siempre están juntos, que juntos trabajan el campo pero que el que se mueve en las arenas sindicales es Alfredo porque "tiene pasta de sobra". Lo defiende su hermano para excusarse en la imposibilidad de una entrevista por estas horas. "Está extenuado..." y no miente. El rostro de Alfredo lo dice todo. Se dibuja en cada arruga el agotamiento de un centenar de extensas jornadas expuesto a los medios de comunicación y a la presión del gobierno por todos lados.
Le 'mete el diente' al campo
Su phisique du rol no es otro que el de un hombre de campo. Sus detractores pronto se dieron cuenta que al criticarle la falta de varias piezas dentales no hacÃan más agrandarlo, como se fue agrandando al costado de la ruta 14, que une al paÃs con el resto del Mercosur, explicando una y otra vez que "no somos desabastecedores..., que el gobierno tiene un doble discurso para dividirnos...., que sólo busca favorecer a los grandes ¿pooles¿(fondos de inversión) de siembra en detrimento de los pequeños productores" y todas esas consignas que los Kirchner fueron digiriendo mal hasta convertirlo en el centro de todos sus ataques polÃticos.
Presidente de la combativa Federación Agraria Argentina (FAA), de Entre RÃos, las transmisiones en directo por televisión de las asambleas presididas por él lo fueron convirtiendo en un referente, en el lÃder de los productores autoconvocados. Sólo bastaba que él diese la orden por televisión y en los piquetes de todo el paÃs se hacÃa lo que "el melli", como lo conocen, decÃa.
"Yo sólo soy un gringo de campo", supo decir o "no es que yo sea un fenómeno sino que la presidenta y su marido lo ignoran todo sobre el campo", el dijo a El Tiempo, cuando promediaba, esta, la más extensa protesta sectorial de la historia argentina.
Una huelga, que por momentos parece interminable -aún cuando se levantó momentáneamente el viernes, fue la que le cambió la vida a De Angeli.
Poco y nada es lo que está en su casa de divorciado en Ñandubaisal, un balneario en las afueras de Gualeguaychú con vista las pasteras.
Hoy puede estar en el piquete donde nada se mueve si no aparece su opinión, o en Córdoba coordinando actividades con los chacareros de esa provincia, cuando no en el Chaco con los empobrecidos productores de Algodón, o con los lecheros de la provincia de Buenos Aires, para luego reunirse con los legisladores o el obispo de Paraná, con el fin de "tratar de asegurar la paz social".
Paz antes que la rendición incondicional o terminar de rodillas. Es que lo de De Angeli no es una guerra y ni el, ni los cientos de miles que ya lo reconocen como un lÃder, parecen estar preparados para una derrota, sino para alcanzar consensos.
JOSÉ VALES
PARA EL TIEMPO
BUENOS AIRES
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Internacional
- Fecha de publicación
- 21 de junio de 2008
- Autor
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