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Columna/ Buenos papás a puntas de macatrazos
Como por todos es bien sabido, el Día de la Madre se institucionalizó gracias al mes de la Virgen y porque ser mamá, sin duda, es un acontecimiento imborrable en la vida. Por ese lado los hombres no podemos decir lo mismo de ser padres, porque afortunadamente no tenemos que cargar una barriga nueve meses y aguantar ciertos suplicios que la maternidad da. Es más, tenemos el umbral del dolor tan finito, que hasta una patadita del bebé nos mandaría para la cama un mes...
Pero como también tenemos derecho a que nos celebren el Día del Padre, así nuestra contribución simplemente haya sido de ir a la urna y meter nuestro voto, cabe recordar que la invención del Día del Padre es una cosa gringa. La idea de celebrar el Día del Padre surgió de la estadounidense 'Smart Dood', en Washington, por allá en el año 1910. Con la celebración se pretendía destacar el papel de los padres en la sociedad, sobre todo de aquellos que cumplían el rol de padre y madre a la hora de sacar adelante a sus hijos. A la señora Dood poca gente le paró bolas seguramente porque le dijeron que mamá es mamá y punto; y lo de la fecha para que a uno le regalaran medias y pañuelos quedó en el olvido... Solo hasta 1972 se reconocieron los derechos que poseemos como papás a tener un día al menos de un mes cualquiera, y por eso lo celebramos, a veces sin tanto bombo y platillo como las madres, pero tenemos nuestro regalito, así sea repetido muchas veces.
Claro que el temita de los regalos, siempre tan recurrente porque de papás terminamos con los mismos regalos tradicionales de siempre (calzoncillos, medias y pañuelos), ha variado con la modernidad. Ahora hay más papás que recurren a la crema antiarrugas, al bono para el spa o la mensualidad del gimnasio como regalos válidos y, para qué, muy útiles... y no se trata de metrosexualidades y esas vainas, sino que también hemos entendido con el tiempo que el cuidado es asunto masculino, porque verse "papi" también cabe en estos tiempos... Bueno, claro, sin exagerar, porque así como hay 'cuchibarbies', no falta el papá comeaños a la brava que no respeta y todavía se siente con el derecho de andar con jeans entubados, camiseta rayada y sombrerito. No, hay que respetar.
Pero es que el papá de antes no es el papá de hoy. Por lo menos ahora podemos berrear frente a nuestros hijos sin que eso les cause un trauma de que somos menos papás, o que manifestemos que no todo lo podemos arreglar en la casa así la ducha lleve goteando dos meses o que simplemente no nos gusta el fútbol sino oír música. Ese prototipo del papá gringo que construye casas, juega béisbol con el hijo, baña al perro, sabe de primeros auxilios, arregla el carro y construye muebles en su garaje, pues puede ser muy bonito en las películas pero, por acá, a lo criollo, papá muchas veces es el que hace el desayuno, viste a los niños, los mete en la bicicleta y los lleva a la escuela antes de irse a trabajar. Esos son papás bien madres, que tienen el instinto desarrollado a punta de los matracazos de la vida.
Por papás así es un orgullo que el Día del Padre tenga su motivo. Y atrás dejar la imagen del papá sabelotodo... del que todo lo hace, del que todo lo arregla. Papá es papá de carne y hueso. Que siente, que si no sabe se la inventa y que nos hace volar en el mundo de la imaginación con solo dos palabras que le salgan.
POR SANTIAGO RODRÍGUEZ
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Otros
- Fecha de publicación
- 19 de junio de 2008
- Autor
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