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Columna/ Ejemplos (y buenos) para tus hijos

Ser realmente padres y hablar de educación es un tema muy complejo que ni los grandes educadores han podido dilucidar. Cada niño es un universo infinitamente diferente, lleno de ilusiones, alegrías y sueños que fácilmente pueden convertirse en desilusiones, tristezas y pesadillas si no aplicamos la sabiduría necesaria para brindarle una educación basada en el amor y no en el temor.

Existen los padres consagrados a los niños, que se esmeran para que estos reciban todo el afecto y la atención que tanto necesitan. Ellos saben que más que cosas, lo que los niños necesitan es amor. Más que golosinas y entretenimiento, lo que piden es dedicación. Saben que ese amor debe ser una manifestación que brota desde el fondo del corazón y que esa dedicación es el tiempo real ofrecido a sus hijos. Tienen tiempo y amor en abundancia para ellos, porque han descubierto que la vida cimentada en el ser interior es mucho más que correr tras el espejismo del tener y el hacer.

En contraste con lo anterior, muchos niños viven en un deplorable estado de descuido y abandono, sea físico, mental o espiritual. Esto se debe a que muchos padres tratan inconscientemente a sus hijos de la misma forma en que los han tratado a ellos. Quien se descuida al no cultivar su espíritu y no se cuestiona las creencias con que ha sido criado, estará descuidando en igual proporción a sus hijos, así se engañe tratando de suplir con objetos materiales o dinero un amor que no ha sabido dar. Solo quien se ama y se valora puede realmente amar y valorar a los suyos.

Para que puedan llegar a ser fuente de inspiración para sus hijos y cumplir su hermosa misión los padres y sobre todo las mamás, que también cumplen con el rol de papá, por qué no:

  • Dejar siempre las puertas abiertas al diálogo. Aprende a hablar para que te escuchen y a escuchar para que te hablen. Cuando escuchas, desciendes al corazón de tu hijo.
  • No juzgar a tu hijo con las creencias preconcebidas que tienes, sin antes mirar el porqué de lo que él está haciendo. Tómate un tiempo para analizar y ponerte en los zapatos de él. No se trata de tener siempre la razón y saberlo todo. Se trata de compartir, inspirar y guiar, no de imponer autoritariamente. Recuerda que nosotros, como padres, nos equivocamos más frecuentemente de lo que creemos.
  • Inspirar a tu hijo para que pueda llegar a realizarse como persona, respetando lo que a él lo motiva y ayudándolo a crear y materializar sus propios sueños. No te conviertas en un asesino de sueños. Recuerda que él tiene que recorrer y hacer su propio camino y tu papel es el de darle amor y ser su guía incondicional.
  • Ante los problemas, mantener la calma, para que tu hijo pueda confiar en ti. De lo contrario, lo espantarás. Si descubres que tu hijo cae en las garras del vicio, busca, sin autoengañarte y con cabeza fría, la causa del problema, sin echarles la culpa a los demás. Siempre existirá una razón, y la única manera de ayudarlo es identificando la raíz del problema, donde en la mayoría de las ocasiones quizás tú puedas estar involucrado, por la educación que le has dado.

POR JAIME JARAMILLO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
19 de junio de 2008
Autor

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