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Tanquear con 'pimpinas' es una peligrosa tradición en la frontera colombo-venezolana

Poner gasolina a un vehículo en la ciudad de Cúcuta puede resultar en ocasiones hasta un 50 por ciento más barato que con la gasolina colombiana, pero el fenómeno tiene efectos colaterales.

Estas estaciones de servicio improvisadas que normalmente se levantan en un pedazo de tierra, con una carpa o techo y muchas pimpinas, unas llenas y otras vacías, son pan de cada día en la capital del departamento de Norte de Santander.

Para los cucuteños es algo con lo que conviven día a día y parece muy normal, pero puesto en ojos de otras personas provenientes de lugares en los que el combustible se maneja de forma cuidadosa, causa demasiada curiosidad y hasta miedo. 

Los 'pimpineros', como son llamados estos vendedores ilegales de gasolina, tienen montado el negocio con muy pocas reglas de seguridad, y hasta el momento nada los hace cambiar, sino que cada vez son más los lugares donde se vende gasolina por este método. 

Un expendio común y corriente de estos puede ser manejado por muchas personas, que con el paso del tiempo terminan viviendo en ese lugar, en medio de pimpinas de gasolina y lo que haya a su alrededor.

Pero al volverse viviendas, estos puestos acarrean graves riesgos de seguridad. Algunas veces, mientras la persona que va a poner la gasolina va a buscar la pimpina al lugar donde las almacenan, fuman cigarrillo, hablan por celular y hasta toman cerveza, y luego, sin ningún temor, tanquean los carros con el número de galones que sean necesarios.

Un negocio de altas y bajas

Se consiguen galones, medias pimpinas, pimpinas completas, o en general se puede poner cualquier valor de gasolina, pues los vendedores manejan aparte de las pimpinas diversos recipientes para almacenar el combustible. 

El precio varía dependiendo de la situación de Colombia con Venezuela y de la cantidad de combustible que se esté pasando en la frontera, afirma Jayson Gutiérrez, pimpinero en el anillo vial, vía que conecta a Cúcuta con la frontera por Ureña y San Antonio. 

"Siempre varía, 'panita', eso depende de lo que haga Chávez, normalmente la pimpina la vendemos entre 18 y 22 mil pesos, pero siempre subirá si esta escasa", comenta Gutiérrez.

En momentos de crisis diplomáticas, como los recientemente ocurridos entre los dos países, el precio de la pimpina sube, dependiendo de la escasez que haya. En semana santa la pimpina llegó a costar en Cúcuta entre 30 y 34 mil pesos, lo que representa un gran alza para las personas que están acostumbradas al precio normal.

En general, el 'mercado' se basa en una total informalidad que hace la transacción completamente negociable:

- "Epa, flaco ¿A cómo el galón?"

- "Pana, a seis Lucas"

- "Está cara, paisano"

- "Uy, flaco, en la buena, démela más barata"

Otra razón que hace que el precio de la pimpina varíe es la cotización del bolívar (la moneda venezolana). El año pasado, esta llegó a bajar casi a los 0,36 pesos, y hoy en día parece estar estable en los 0,50 pesos. 

Es por esto que muchas personas de la ciudad prefieren cambiar bolívares en la frontera y pasar bien sea a la bomba internacional, en la que el galón vale 6,9 bolívares fuertes, es decir, aproximadamente 3.500 pesos colombianos, o incluso a veces a las bombas nacionales en las que el galón vale 70 céntimos de bolívar, lo que en pesos son más o menos 35 centavos por galón. 

Estos precios hablan por sí solos del porqué de tanto contrabando de gasolina venezolana en la frontera y el poco uso de la colombiana.

Es común que en Cúcuta la gente no acuda a la gasolina colombiana a menos que haya problemas en la frontera y las autoridades no dejen que crucen las pimpinas. 

Este fenómeno del contrabando llega mucho más allá de Cúcuta, todos sus pueblo aledaños e incluso Bucaramanga (Santander del sur), están empezando a llenarse de puestos ilegales de gasolina venezolana. 

"Acá existen en este momento más de 30 expendios de gasolina venezolana", afirma Juan Hernández, taxista de la capital nortesantandereana, y explica: "La pimpina esta costando entre 30 y 32 mil pesos, no es muy barata, pero hay diferencia en el precio y además de eso rinde mucho más que la colombiana".

El fenómeno transcurre sin que nadie lo detenga y ya lleva muchos años establecido, hasta dónde llegará la expansión del negocio es lo que se preguntan todos los comerciantes del preciado combustible en la región.

MAURICIO JARAMILLO
Pontificia Universidad Javeriana
Para Tiempo Universitario, desde Cúcuta.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Educación
Fecha de publicación
17 de junio de 2008
Autor

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