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Con zampoñas, flautas y danzas, dos colectivos recuperan saberes ancestrales

Realizan una reconstrucción histórica que rinde tributo a la 'pachamama', es decir, la Madre Tierra, en lengua quechua.

La Comunidad Zampoñas y Flautas urbanas y Los Danzantes Intillay nacieron casi al tiempo y han trabajo en los últimos años en conjunto y con un mismo objetivo, aunque son dos grupos diferentes, cada uno con su propio enfoque.

El primer colectivo nació en el 2002 como la unión de un grupo de personas de varias edades alrededor de las músicas ancestrales de América. En el tiempo que lleva de fundación el grupo, ha convocado a diferentes músicos intérpretes de instrumentos ancestrales como son las Zampoñas, las Tarcas y las Flautas traversas caucanas.

Las Zampoñas son tubos de diferente longitud y es un instrumento que no lo puede tocar una sola persona, es necesario un compañero que realice la otra parte del trabajo. Las Zampoña se divide en dos hileras de tubos de caña amarrados y se toca como si las dos personas estuvieran conversando: cuando la primera sopla, la otra debe responder de igual forma.

Para el pensamiento andino, la dualidad es muy importante. Por esta razón es que usan la música como un instrumento transmisor de esta idea. A través de las Zampoñas es posible ver cómo el concepto de dualidad es tan necesario, según Julio Bonilla, para que una sociedad funcione.

Además de reunirse entorno a la música andina, la comunidad ha trabajado en todo lo que hace parte del pensamiento  ancestral, adoptando en su estilo de vida costumbres y tradiciones de nuestros antepasados.

Los integrantes de la comunidad también han dedicado gran parte de su tiempo al estudio del pensamiento andino para así poder dar a conocer las melodías y ritmos interpretados en las comunidades andinas de Colombia y Sudamérica.

Se denominan como una comunidad porque tienen claro que de este enfoque parte el pensamiento ancestral y porque para vivir bien es necesario permanecer juntos.

Según Julio Bonilla, Director de la Comunidad Zampoñas y Flautas Urbanas, lo que el grupo pretende es mostrarle a Bogotá y al país entero lo que se está haciendo en otras regiones de Suramérica entorno a la música y el pensamiento ancestral. Quieren enseñar que, según ellos, Colombia no es un país individual, sino que todas las regiones de América del sur, desde la Patagonia hasta el Cabo de la vela, son un solo país.

Además, es por este sentido de comunidad que una buena parte de sus presentaciones son realizadas en compañía con la Comunidad de Danzantes Intillay, que en lengua Quechua quiere decir 'sol mío'.

En las presentaciones, mientras unos hacen música, los otros hacen danza; sin embargo, parecen ser un solo grupo ya que usan los mismos trajes y se comunican de una forma tan espontanea que nadie pensaría que son dos comunidades diferentes.

Los Danzantes Intillay se conformaron como grupo hace cinco años. Comenzaron con un pequeño grupo de estudiantes de las universidades Distrital y Pedagógica. Se enfocaron alrededor de la música ancestral e iniciaron sus encuentros en una Peña, donde se reunían a escuchar ritmos andinos y a tomar chicha.

Así fue como comenzaron una reconstrucción histórica, iniciaron su trabajo con la danza, realizando comparsas ancestrales. Hoy son alrededor de cincuenta integrantes de diferentes edades que, además de danzar como lo hacían nuestros antepasados, han intentado volver a las raíces en su vida cotidiana.

Además de los talleres de danza, la Comunidad Intillay ha creado espacios para que sus integrantes aprendan otros trabajos como los tejidos, la pintura y la agricultura urbana. Varias de las familias que conforman la comunidad han empezado cultivos en los propios jardines de sus casas como volviendo muchos años atrás cuando cada uno cultivaba su comida.

Con la danza y la música han encontrado una forma de agradecerle a 'pachamama' por los frutos que ella provee, tal como se lo hacían antes los indígenas.

En el proceso de recuperación cultural también ha estado inmerso el trabajo que se ha realizado con el resguardo música en Cota y los indígenas Huitotos, vinculados a ellos con el fin de trasmitir sus saberes ancestrales.

El director de la Comunidad Intillay, Carlos Martinez, dice que "a través de la danza y la música podemos recuperar los saberes tradicionales de nuestros antepasados y enseñarle a la gente a vivir bien, a apagar el odio y el rencor y a restablecer las relaciones rotas".

Lo que las dos comunidades -Zampoñas y flautas urbanas y Los Danzantes Intillay- esperan es que el país entero empiece a sentir la música y desee conocer más de nuestras raíces ancestrales.  

LINA FORERO
Pontificia Universidad Javeriana
Para Tiempo Universitario

Publicación
eltiempo.com
Sección
Educación
Fecha de publicación
17 de junio de 2008
Autor

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