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Llano 7 dÃas encontró al último de los indÃgenas tinigua en la SerranÃa de La Macarena (Meta)
Se trata de Sixto Muñoz es el heredero de una etnia y una lengua en vÃas de extinción que habitaron una basta región del sur del departamento.
Habita en lo más espeso de la selva, junto a la Laguna Yarumales. Para encontrarlo, es necesario hacer una travesÃa fluvial por más de cuatro horas y orar para que no se haya ido a cazar, de lo contrario, hay que esperarlo dÃas enteros a que regrese.
Vive en una choza construida por él mismo hace 10 años, cuando aún no le fallaban las fuerzas. Construye sus flechas para cazar y otros elementos para recoger frutos o preparar fariña (harina elaborada a base de yuca).
Como un ermitaño o un monje tibetano, parece que no quisiera contaminarse con la civilización y permanecer puro para la historia.
A sus 72 años, Sixto es conciente de que es el último de los indÃgenas tinigua que habita esa zona, una tribu que en su época de apogeo, a principios del siglo XX, pobló las Sabanas del Yarà en el Caquetá y la SerranÃa de La Macarena en el Meta.
Hoy recuerda perfectamente que cuando era niño habÃa al menos tres tribus con más de 300 indÃgenas tiniguas como él, hasta que la violencia también invadió sus territorios.
"Fue un señor de nombre Palma que le decÃan 'capitán'. Era un chusmero. Él quiso acabar con todas las mujeres tinigua. Todo porque no dejamos que se llevara a la fuerza a una hermana nuestra. De ahà en adelante empezó a matar a las más jóvenes y por eso se acabaron todos los tinigua", relata con un español que todavÃa se le dificulta hablar.
Pero además de esta violencia de colonos, los historiadores dicen que también debieron soportar la de los caucheros y hasta de otras tribus. Según investigadores, en algún momento los tiniguas se unieron con los wuitotos en un enfrentamiento contra las etnias de los muinane y carijona, lo que también aportó a la disminución de la población.
Más tarde, los hijos de Sixto se fueron a vivir a San José del Guaviare y no desearon practicar las tradiciones y cantos de los tinigua. Sus nietos, los únicos que han mostrado algún interés en aprender el lenguaje indÃgena, aparecen muy rara vez en La Macarena a visitarlo.
"No quisieron. No se interesaron. Nunca aprendieron bien", dice el viejo ermitaño de la selva, al preguntarle porque sus descendientes no hablan a la perfección el tinigua.
Hasta 1994, los investigadores referenciaban que quedaban solo dos hablantes de tinigua en la SerranÃa de La Macarena. Sin embargo Criterio, hermano mayor de Sixto, murió hace tres años, lo que lo dejó como único heredero de una lengua en extinción.
Por eso, cuando hace tres meses una neumonÃa estuvo a punto de matarlo, el paÃs, sin saberlo, casi se queda sin uno de los patrimonios culturales inmateriales más importantes.
"Ya no me gusta pintarme la cara. Antes lo hacÃa con pinturas de bejucos. Hace más de 20 años que no lo hago, pero sigo cantando en tinigua", dice Sixto, con una voz gastada a la que hay que escuchar atento para hilvanar las frases en español.
Entona un canto y dice que, esa melodÃa triste, es a la naturaleza, pero no lo explica.
Al pedÃrsele que hable algo en su propia lengua, después de pensarlo por algunos momentos, lo único que se limita a decir, con voz entrecortada es 'Ki pa nibe tinigua', que significa 'Soy el último tinigua'.
Por JHON ALFONSO MORENO CORREA
Enviado Especial a la SerranÃa de La Macarena
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Nación
- Fecha de publicación
- 16 de junio de 2008
- Autor
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