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Barack Obama, primer hombre de raza negra en ser candidato a la Casa Blanca, hace historia en E.U.

El senador, que tiene sangre keniana e irlandesa, una educación de élite y que reconoce haber consumido drogas, ha conseguido una candidatura revolucionaria desde todo punto de vista.

El pasado 19 de marzo, quizás durante el momento más difícil de su campaña contra Hillary Clinton, Obama subió al podio ante un auditorio en Filadelfia y pronunció un atrevido y valiente discurso que en buena parte resume lo histórica que fue su elección como el candidato que representará al Partido Demócrata en las elecciones presidenciales del próximo 4 de noviembre.

Obama estaba contra la pared. Su mentor espiritual, el reverendo Jeremiah Wright, acababa de desatar un escándalo al sugerir que E.U. se merecía los atentados del 11-S; los Clinton jugaban sucio y las dudas sobre su supuesto origen musulmán pululaban. Y todo se reflejaba en las encuestas. Pero Obama, antes que recular, tomó al toro por los cuernos.

"Sé que hay muchos odios, pero no podemos seguir huyéndoles. Tengo abuelos, hermanos, primos, sobrinos y tíos de todas las razas y distribuidos en tres continentes. Mientras viva nunca olvidaré que solo en E.U. es probable una historia como la mía. Una historia que no me hace el candidato tradicional. Pero una historia que ha incrustado en mi código genético la idea de que esta nación es mucho más que la suma de sus partes. Que somos solo uno", dijo el senador, al que ya se le reconoce por su elegante e inspirada prosa.

La frase, con todo y su poder, habla a gritos del trascendental paso que dio E.U. esta semana.

Más que un afroamericano, Obama es la piedra angular donde confluyen todas las culturas. Hijo de padre negro y madre blanca, además tiene hermanos asiáticos. Y, así genere sospechas entre los más conservadores, en su ADN se conjugan el cristianismo y Mahoma.

En cierto sentido, es el verdadero representante del melting pot, la olla de fundición de la que tanto se ufanan en E.U.

Un 'bendito' Obama, que en árabe quiere decir "bendito", nació el 4 de agosto de 1961 en Honolulú (Hawai), producto de la unión entre Ann Dunham, una mujer blanca oriunda de Kansas, y Barack Obama, emigrante de Kenia que viajó a E.U. por una beca. Ambos se conocieron en la Universidad de Hawai, donde ella estudiaba antropología.

Aunque Ann venía de una familia campesina con orígenes irlandeses, rompió desde muy joven con todos los esquemas tradicionales. "Era una liberal y una feminista cuando aún esos términos ni existían", recuerda una compañera de colegio. Quizás por ello no tuvo problema en aceptar los cortejos de Obama padre, de quien quedó embarazada pocos meses de conocerlo, a los 18 años.

Ambas familias se opusieron a la unión. En particular la de Obama, de origen musulmán, que consideraba su matrimonio con una blanca como una "mancha de sangre".

El matrimonio duró muy poco. A los dos años, Obama padre se mudó a Boston, donde había ganado una beca para estudiar en la Universidad de Harvard, y dejó a su familia atrás prometiendo una futura reunificación que nunca se dio.

Años después, y ya Obama de 5 años, Dunham contrajo segundas nupcias con Lolo Soetoro, otro musulmán que había llegado de Indonesia. Tras el ascenso de Suharto al poder, en 1967, los Soetoro se mudaron a Yakarta, donde se vincularon a programas para el desarrollo de comunidades rurales.

Allí nació su hermana, Maya Kassandra Soetoro. Obama iba a la escuela local pero su madre complementaba sus estudios con cursos de inglés por correspondencia. En las noches, para dormir, le ponía a su hijo los discursos de Martín Luther King que grababa en la radio o le enviaban sus amigos en E.U.

A los 10 años, Obama tomó una decisión que lo marcaría de por vida. Quería regresar a Hawai, donde aún vivían sus abuelos, para realizar su bachillerato. Según cuenta le mismo en su libro Memorias de mi Padre, Ann aceptó su decisión porque creía firmemente en que su educación era una prioridad. A partir de allí, la relación de ambos fue distante, mientras la que desarrolló con sus abuelos, muy fuerte. Tanto que cuando anunció su triunfo el martes pasado, fue a ellos a quienes se lo dedicó.

Aún así, siempre ha hablado de su madre como fuente de los valores que marcaron su vida y carrera política. Sobre todo por su profunda convicción de la igualdad de géneros y razas.

De Columbia y Harvard El senador se graduó en Ciencias Políticas en la Universidad de Columbia y luego en derecho en Harvard. Pese a semejantes credenciales, que le habrían abierto puertas en prestigiosos bufetes de abogados, optó por trabajar en obras sociales y trabajos comunitarios con los más pobres de la población.

De su madre, o en rechazo a ella, Obama también desarrolló un profundo anhelo por una estabilidad que nunca tuvo al crecer. Desde su matrimonio con Michelle Robinson, en 1992, echó raíces en Chicago, donde todavía vive junto con sus dos hijas, Malia y Natasha.

Obama fue el primer afroamericano en ser presidente del Harvard Law Review, prestigiosa publicación de esta universidad estadounidense y, a los 34, años ya era senador estatal de Illinois. Ocho años después llegó al Senado nacional representando a este mismo estado. Su ascenso ha sido meteórico.

Se convirtió en vedette y consentido del Partido Demócrata tras un inspirado discurso que pronunció en el 2004, durante el acto de nominación del ex candidato presidencial John Kerry, en Boston (Massachusetts). Ese día, Obama hizo desear a muchos que fuera él y no Kerry quien disputara la presidencia con George W. Bush.

Pocos apostaban por él Pero el momento le llegó, y más temprano que tarde. Cuando anunció su candidatura en febrero del año pasado, pocos daban un peso por su nombre frente a una Hillary Clinton que era, de lejos, la favorita.

El golpe lo dio en el caucus de Iowa, en enero pasado, cuando derrotó a Hillary contra todos los pronósticos. Su mensaje de cambio y transformación, alimentado por el cansancio de ocho años de administración Bush y la inacabable guerra contra el terrorismo, penetraba a los sectores más jóvenes de la población.

Obama, como el mismo lo dice, no es el candidato tradicional. A su perfil multiétnico y religioso se añade que fuma como una chimenea y que admite que ha usado drogas de "varias clases". Dicen los académicos que es el candidato de corte más liberal que ha dado el partido, solo comparable con John F. Kennedy y Jimmy Carter.

En otras palabras, su candidatura es revolucionaria desde todo punto de vista. Pese a su juventud, 46 años, dice estar listo para dirigir a la principal potencia del mundo. Medio Partido Demócrata lo cree también. Habrá que ver si el resto de E.U. piensa lo mismo.

SERGIO GÓMEZ MASERICORRESPONSAL DE EL TIEMPOWASHINGTON

Publicación
eltiempo.com
Sección
Internacional
Fecha de publicación
8 de junio de 2008
Autor

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