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Jhon Édison Castaño, una estrella fugaz

"Hablar de John Edison Castaño es hablar de la ilusión del futbol pereirano en los 80, pero hay que tener cuidado". Anónimo.

Con tan sólo 5 años de edad John Edison Castaño se sintió atraído por el balón negro y blanco. Diez años después ya sudaba la camiseta con talento en los campeonatos intercolegiales de su ciudad de origen, Pereira.
 
Sus amigos del barrio y del colegio se divertían jugando en la calle con Castaño, pero más que por deporte, muchos se ejercitaban solo por tener el gusto verlo. Sus cercanos siempre supieron que tenía talento, tanto que se emocionaban al ver el ingenio y creatividad de aquel joven blanco, delgado, con cabello largo y rizado, el look de la época.
 
Aunque ahora, con el paso de los años, su piel es trigueña, ojos castaños como su apellido, cabello corto, acuerpado y fornido, con protuberantes músculos de tanto ejercitarlos. Sin embargo, detrás de su musculatura y de casi 40 años hay un hombre amable, carismático y amigo de las fiestas.
 
En las calles de la ciudad lo reconocen como el monstruo del balompié en los años 80. "Pudo haber sido el Maradona colombiano", comenta un joven habitante del barrio Galán, el mismo barrio donde creció, agregando que es el paradigma de la esperanza nunca concretada, pues tuvo un descenso rápido y continuo que lo llevó al ocaso futbolístico.
 
Los fines de semana visita la tribuna del Pereira, aunque a diferencia de otros ídolos, debe pagar entrada como cualquier mortal.
 
Castaño es de la camada de Higuita y J.J Tréllez. Llegó a Racing en 1989 como una promesa del fútbol cafetero que buscaba la apoteosis definitiva. Había surgido con luz propia en el Sudamericano Sub-19 de 1985 (juvenil) en Paraguay.
 
Varios deportistas aseguran que gambeteaba como ninguno, "tenía futuro", pero a aquel talento no le agregó disciplina ni profesionalismo, factores fundamentales para triunfar en grande.
 
Castaño ha mencionado con sinceridad en varias oportunidades, que parte de su 'chasco' fue la irresponsabilidad y la fama mal manejada, pues contó con poca asesoría de sus familiares. Por eso hoy que padre de dos jóvenes procura acompañarlos en cada uno de sus procesos, para brindarles el apoyo con el que no contó en aquella época.
 
En Colombia jugó en Independiente Santa Fe, América de Cali, Once Caldas, Deportivo Cali, Nacional y Deportes Quindío, donde mostró sus brillantes capacidades, pero en ninguno brilló con total esplendor, infortunadamente.
 
Según un deportologo de la ciudad, en Argentina dejó un pobre recuerdo futbolístico. Jugó en la época en la que un equipo al que ya se le había pasado sus minutos de gloria en la post-Supercopa 88. Culminando su carrera futbolística en un equipo colombiano, Atlético Huila.

Una vida agitada

Castaño ha tenido una vida agitada. Su pasión por el fútbol, gusto que pese a sus tropiezos, caídas, tarjetas amarillas y rojas no pierde, pasión que alimenta a través de los años en una cancha cualquiera con algunos amigos.

Su vida dio un giro importante cuando jugó para el América de Cali. Por varias circustancias profesionales y personales su carrera empezó a opacarse.

Castaño no se arrepiente de lo que ha hecho con su vida, piensa que así debió ser, pero profundamente sabe que pudo ser mejor.
 
Su carácter le ha permitido conocer cosas inimaginables que le han dado felicidad y tristeza, pero sobre todo le han enseñado a ser fuerte, a ver la vida en matices grises y nunca en los extremos.
 
Algunos hinchas que vieron con alegría el juego de John Edison manifiestan que pudo haber sido el mejor futbolista colombiano de todos los tiempos y uno de los mejores del mundo.

"Su gambeta y enganche eran inigualables. Nunca vi a un jugador hacer enganches con tanta facilidad; en carrera por la punta simulaba que iba a centrar, frenaba, pasaba la pelota por detrás, los defensas seguían de largo o quedaban en el aire esperando el centro. Enganchaba hasta dos y tres veces en una misma jugada, pareciendo burlarse de los defensas. La bicicleta que hacen Ronaldo, Ronaldiño y Rubiño, John Edison la hacía con más finura y menos dificultad", cuenta con emoción un hincha.
 
Quienes lo han conocido a fondo afirman que un error de Castaño fue dejarse influenciar de algunos amigos y allegados oportunistas, que en muchas ocasiones no permitieron que surgiera y lo hundieron en el fango en el que se estaba estancando. Pasó su vida entre el encanto, la fantasía y los excesos.

Aquellos que lo vieron patear el balón, recuerdan con añoranza esa bella esperanza del fútbol en la región. "Fue con dolor como vimos que decrecía, tanto su talento como su persona. Si en Racing hubiera mostrado lo que algunos afortunados alcanzamos a verle en Colombia, hubiera sido un rey, a la altura de los más grandes".

Algunos acusan a Gabriel Ochoa, director técnico del América, "que contrataba a grandes para que no los usaran los otros equipos de Colombia, pero que así mismo no los dejaba jugar. Un sentido muy lastimero de este que pudo ser y nunca fue", afirma un periodista.
 
Otro confirma que la estrella del fútbol fue atascada por el profesor Ochoa, pues "le pidió a las directivas del América que lo comprara para tenerlo en la banca y no brindarle la oportunidad a otro equipo colombiano que lo madurara como profesional y como persona".
 
Una lesión sufrida, al parecer por una falta mal intencionada, sumieron a Castaño en la depresión y la indisciplina.

En la actualidad, John Edison trabaja en un proyecto de formación integral para los niños en la Alcaldía Municipal de Pereira. Castaño es un hombre transformado en mito y leyenda, algunos aseguran que todavía su técnica no ha sido igualada.

Mayra Alejandra Daza

PEREIRA

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
30 de mayo de 2008
Autor

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