La brutalidad de las tareas escolares

La brutalidad de las tareas escolares


21 de mayo de 2008, 05:00 am

La revista Time -quizás la más popular e influyente de los Estados Unidos- le dedicó carátula a un tema que se ha convertido en pavor entre los estudiantes gringos. Es el miedo a las tareas escolares y a lo que ellas se han vuelto no apenas para varios alumnos, sino en serio factor de conflicto familiar.

Time lo denomina "el mito de la tarea" y el informe destaca varias observaciones, por ejemplo:

* Esta furiosa embestida ocurre a pesar del hecho de que una exhaustiva revisión del máximo especialista en tareas, Harris Cooper, de la Universidad de Duke, concluyó que las tareas no mejoran significativamente el desempeño académico de los niños en la escuela primaria. Cada uno es como es: el sudor y las lágrimas no hacen de John un mejor lector o matemático.

* Demasiadas tareas resultan contraproducentes. En el análisis de Cooper de docenas de estudiantes encontraron que los niños que no hacen tantas tareas en escuelas medias y superiores resultan mejores calificados en pruebas estandarizadas. Es evidente que las tareas indisponen a los niños contra las escuelas. Y, por supuesto, contra sus profesores.

Cada vez son más los niños que se sienten hostilizados (por no decir que lacerados en su orgullo) y con consecuencias que obligarían al Ministerio de Educación a mantener inspectores sobre un fenómeno que no solo está creando traumas y conflictos sicológicos sino incluso tentativas de homicidio. La represión de un estudiante muchas veces inerme es más refinada, efectiva y nociva de lo que parecería.

En un colegio bilingüe de Bogotá se presentó un hecho interesante; el profesor de literatura resolvió ordenarles a sus alumnos la lectura de Sin tetas no hay paraíso, lo que causó la sublevación de la comunidad estudiantil. Platero y yo de Juan Ramón Jiménez y Corazón de Edmundo de Amicis fueron las primeras lecturas que en términos generales los profesores de literatura imponían a sus alumnos. Y aunque no se trata de ocultar la realidad que nos acosa o incluso de calificar de deleznable la obra de nuestro escritor Gustavo Bolívar por tener ciertas dosis de erotismo de que carecen las otras piezas literarias, con todo respeto aquí sí cabe el dicho de que algo va de Bolívar a Santander.

Lo cierto es que hay profesores empeñados en pensar que los padres de familia no tenemos más ocupaciones que estar 'clavados al lado de los chinos', como lo registra el informe. Dice un aparte: "Toda la noche, hasta entonces, la dedicamos a la tarea y a discutir sobre ella (o a reñir, mejor dicho); ella estaba cansada y aburrida. No podía memorizar las palabras. No tenían para ella ningún significado. Y a mí tampoco me importaba. Después de todo, ¿cuándo he utilizado 'sachem' en alguna oración? Es la primera vez que veo esa palabra".

En Colombia yo diría que los maestros más terroristas son los de matemáticas, empecinados en torturar a sus discípulos. No es aceptable el ejercicio de la represión a base de trabajos imperiales. Que no se equivoquen las autoridades escolares pero los traumas que está suscitando la brutalidad de las tareas escolares es más grave de lo que hoy se percibe en la seguridad de estudiantes que se sienten literalmente acosados -cuando no asustados- por sus profesores.

Y eso que, por suerte, no hemos llegado a extremos como el del asesino (un estudiante de 18 años) en una escuela de Finlandia cuya masacre la anunció él mismo por YouTube.

En un país como Colombia, tan violento no solo por la realidad que nos asedia sino por lo que se emite a través de los medios de comunicación, nada de raro tendría que se llegara a extremos como el ocurrido en Finlandia. ¿Los punks enquistados en los actos de protesta locales no encarnan esa amenaza? ¿Estamos exentos de ello en un ambiente tan enrarecido? Es ahí donde nuestros profesores tienen que tomar conciencia de su responsabilidad y de su capacidad para contribuir a disuadir las tensiones entre el pedagogo -que ante todo es un formador- y sus educandos y de que las tareas no se utilicen como factor de amedrentamiento. Que en eso se han convertido en muchos colegios públicos y privados.