Periodista que sobrevivió a Pablo Escobar en Medellín cuenta su historia

Periodista que sobrevivió a Pablo Escobar en Medellín cuenta su historia

Desde la clandestinidad, Carlos Mario Correa Soto trabajó en los años 80 y 90 y escribió las noticias que el capo quería acallar.

21 de mayo de 2008, 05:00 am

EL NARCOTRAFICANTE Pablo Escobar prohibió la circulación del periódico El Espectador en Medellín y amenazó de muerte a todo aquel que trabajara con él o intentara distribuirlo en los 80 y 90. Pero, pese a las amenazas y a un intento de asesinato, el periodista Carlos Mario Correa Soto trabajó en secreto todos esos años en sedes clandestinas y logró escribir las noticias que luego fueron publicadas. Todo se lo contó a un amigo y vecino, Marco Antonio Mejía, coautor del libro, y al final a cuatro manos contaron la historia del diario que sobrevivió a las bombas del capo.

De cada oficina Correa guardó las llaves que lo inspiraron para el conmovedor relato Las llaves del periódico en el que muestra cómo pudo sobrevivir a escondidas, sin poder siquiera visitar a las fuentes ni cargar la tarjeta de periodista.

Marisol Cano, sobrina del director de El Espectador, Guillermo Cano, asesinado el 17 de diciembre de 1986, considera que leyendo el libro se construye memoria, contra esa adormidera de la que habló Luis Vidales. Ese país al que los "hados le dieron la extraña facultad de la famosa planta, que se duerme al contacto de los dedos", y en el que todo se olvida. "Correa investigó, exploró y describió la historia en su desarrollo; esa figura hoy desdibujada que muchos medios desplazaron cuando sus intereses empezaron a alejarse de los valores de la profesión", dice Marisol Cano.

"Obedézcanle a Don Pablo, él ya les dijo que se fueran, pero si se ponen tercos como el diablo, no les extrañe que se mueran. Don Pablo es el rey y lo que dice es la ley. El Espectador es un pasquín y se debe morir", escuchaba Correa en cada llamada amenazante, pero prefirió convertirse en un reportero clandestino y contar la historia que Pablo quería acallar. Por eso dedicó el libro a todos sus compañeros muertos en ese sueño llamado libertad de prensa.

Al final murió Pablo y surgió un nuevo diario en Medellín, con una oficina lujosa, pero pronto la crisis económica obligó a trasladarla a otra sede escondida hasta su cierre en 2001. Al periodista solo le quedaron las llaves. 

Por: Elizabeth Yarce