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Responde artista Habacuc Guillermo Vargas, quien exhibió atado, sin agua ni alimento, a un perro

Si bien aún no hay claridad sobre si el perro murió solo "en la obra" o en la realidad, la exposición generó toda una cadena de repudio en internet.

Mediante correo electrónico y en una breve entrevista por teléfono Vargas respondió algunas preguntas a EL TIEMPO:

¿En qué consistía su obra?

Parte del hecho ocurrido el viernes 11 de noviembre del 2005 en la provincia de Cartago, Costa Rica; en el que un adicto indigente de origen nicaragüense llamado Natividad Canda fue devorado por dos perros mientras era filmado por la prensa, en presencia de policías, bomberos y el guardia del lugar.

El acto fue filmado ante el beneplácito de los que presenciaban "el espectáculo" incumpliendo con lo que le indica su deber. Fue presa de los medios de comunicación, que cubrieron la noticia de forma amarillista.

Con esta exposición pretendo llevar a un espacio artístico reacciones y comportamientos similares a lo ocurrido con Natividad Canda. Utilizando en la obra elementos que ilustren el contexto, propiciando reacciones que nos hablen de nuestra condición de humanos.

¿Qué pretendía mostrar o demostrar?

Corroborar las inquietudes de las que partió el proceso de la obra, generando reacciones similares a lo ocurrido con Natividad Canda, que es más fácil sensibilizarse por un ser virtual que por el miserable de la esquina,que toda la humanidad vive en hipocresías y los medios de comunicación, aun siendo el cuarto poder, es posible manipularlos.

En la galería dicen que el perro no murió. Usted dijo en una entrevista al diario 'La Nación', de Costa Rica, que sí murió.
¿Murió o no?

Recuerdo que a La Nación no le di una respuesta categórica a esa pregunta. El animal murió en la obra, los medios son mis cómplices.

¿Alguien le dijo que desamarrara al perro? ¿Si se lo hubieran dicho, lo hubiera hecho?

Nadie lo pidió. No, si alguien hubiera estado interesado en desamarrarlo no me lo hubiera pedido, lo hubiera hecho, creo que la reacción del público de esta muestra se hubiera repetido en cualquier lugar del mundo, "la pasiva".

¿Cree que son hipócritas quienes lo critican?

Sí, prueba de ello es la cantidad de seres, sean animales o personas, que viven en la indigencia.

¿Cree que el arte debe tener un límite o por el contrario no hay límite para el arte?

Los límites son los que el artista se impone. (Al ser tan ambigua la respuesta sobre si el perro muerió realmente o no, se le preguntó qué hizo con el cadáver, a lo que Vargas no contestó).

Exhibición de muertes genera debate sobre límites del arte

Un segundo ejemplo de la muerte en el arte es el del alemán Gregor Schneider, quien ha prometido exponer "la belleza de la muerte" en una galería, con la ayuda de enfermos agónicos o cuerpos de personas recién fallecidas. Se trata de criticar las inadecuadas condiciones que ofrecen para morir los hospitales alemanes. Schneider ya tiene un voluntario con una enfermedad terminal dispuesto a morir a la vista de los "amantes del arte".

No es cualquier aparecido este Schneider, llamado "el artista mas lúgubre" en la Bienal de Venecia, donde fue premiado con el León de Oro en el 2001.

Completa este grotesco panorama el confuso episodio, también esta semana, en el que la estudiante Aliza Shvarts, de la universidad de Yale (E.U.), relató en el Yale Daily News que por nueve meses se inseminó artificialmente y periódicamente tomó abortivos.

De acuerdo con el sitio web de la publicación, "su exhibición consistirá en un video de las grabaciones de esos abortos, lo mismo que la colección de la sangre del proceso". Helaine Klasky, vocera de la universidad, salió a decir que la estudiante se retractó ante las autoridades universitarias, pero la propia Shvarts no lo ha desmentido.

El tema no es nada extraño en Colombia, donde, en el 2002, un artista llamado Pierre Pinoncelli se cortó un dedo para pedir la liberación de Ingrid Betancourt.

Hay una ética del artista

Consultados por EL TIEMPO, María Elvira Ardila, curadora del Museo de Arte Moderno de Bogotá; Fernando Pertuz, artista del performance, y el director del Instituto Taller de Creación de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional, Gustavo Zalamea, coinciden en que no se puede poner todo en un solo saco.

Zalamea dice: "Nunca haría eso (matar a un perro, como arte). Tiene que haber una ética del artista, una práctica del cuidado del hombre, de plantearles perspectivas para la construcción de sentido con obras solidarias".

Y elabora esta diferenciación: "Plantear la posibilidad de que muera puede resultar interesante. Teóricamente, uno lo puede hacer y sería una obra conceptual, pero hacerlo morir es catastrófico desde el punto humano. Respetar la vida de cualquier ser es fundamental para un artista: si no respeta la vida, un artista debería dejar de llamarse artista".

Ardila, lo ve como simple publicidad. "Habacuc creó una estrategia publicitaria, pues se ha dicho que todo lo que ocurrió allí es simulación, una forma de publicidad y no de arte (...) Solo concebir la idea de amarrar un perro, dejarlo sin alimento, es colocar a un ser vivo en un nuevo campo de concentración". Y cuestiona que le sirva para "legitimarse como artista".

Pertuz, que digirió en un performance sus excrementos, piensa que la clave de la discusión es el uso de otro ser vivo, en vez del cuerpo del artista. "Habacuc rompió los límites del arte y de la sociedad sin ética y respeto del entorno. Amarrar un perro para hacer arte es un asco", dice.

Pasando al caso de Schneider, Ardila recuerda que la belleza de la muerte ya ha sido explorada en pinturas coloniales o cuando, en 1994, el artista Bob Flanagan, enfermo de fibrosis cística, instaló en un museo un hospital y permitió que las personas vieran el proceso de su enfermedad.

Para ella, Schneider plantea "una acción en la que hay un nuevo modo de capturar el instante de la muerte".

Se vuelve un espectáculo

Zalamea no comparte su punto de vista: "Si el señor acepta volverse espectáculo, es su problema; el artista no lo está matando. Y si la gente quiere ir a verlo, también es decisión de ellos. No consideraría que esto es arte, aunque puede ser una práctica artística con algún sentido".

En contrario, para Pertuz es interesante, pues la obra toca la soledad y la muerte; el deseo de la gente de morir con dignidad. "¿Quién más puede hablar de la muerte sino un enfermo terminal".

Frente al presunto aborto de Aliza Shavart, Zalamea cree que es un asunto de la artista. "Es una acción sobre su cuerpo. No tengo creencias religiosas y no estoy seguro de que haya vida hasta que está muy avanzada la gestación".

¿Crítica a situaciones terribles de la vida o búsqueda de popularidad?

Pertuz comenta cómo incluso provocar tiene un límite: "Una crítica a la violencia con la violencia es crear un círculo que se vuelve un espectáculo. Eso lo hacen muchos artistas para figurar pero después no se vuelve a saber nada de ellos. Pierre Pinoncelli se cortó un dedo (por el secuestro de Ingrid Betancourt) y, después de eso, ¿dónde está? ¿Quién conocía a Habacuc antes de que amarrara al perro?".

DIEGO GUERRERO
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Cultura y entretenimiento
Fecha de publicación
26 de abril de 2008
Autor

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