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Así vive Liliana, el soldado que cambió de sexo tras encontrar famosa 'guaca' de las Farc

Hace exactamente cinco años desde que 144 soldados hallaron la caleta con cerca de 40 mil millones de pesos y EL TIEMPO encontró al protagonista a quien la plata más le alteró la vida.

Liliana se menea enfundada en una licra blanca, con un top azul que le deja ver los senos 38B y una cabellera mitad natural y mitad extensiones, que le llega a la cintura. La misma con la que soñaba en las largas noches, de interminables patrullajes por las selvas del Caguán, cuando aún era un soldado profesional de la Brigada Móvil No.6.

Habían pasado tan solo 20 días después de la toma del Palacio de Justicia cuando empezó a descubrir que su cuerpo de niño no tenía nada que ver con las sensaciones que le despertaban los vecinos de su vereda. Desde ese martes 26 de noviembre de 1985 supo que las mujeres solo serían un referente en su vida, para verse igual o más hermosa que ellas.

Con un profundo sollozo regresa, en su relato, a los días en que se paseaba por las calles de un poblado huilense, cargando una cantina y vendiendo mazamorra. Lo acompañaba la menor de sus siete hermanas.

"Mi casa solo vio pobreza. Mi papá era un viejo borracho y mi madre una lavandera que tuvo siete muchachitas y el hombre de la casa, que fui yo", recuerda Liliana, que es como se llama ahora. Ella no lo admite, pero, en sus duras palabras deja entrever que su papá los maltrataba.

"Eso me hacía pensar que tenía que ser un macho para darle en la jeta, pero también una mujer para demostrarle que aunque somos delicadas tenemos manos para defendernos", afirma contundente.

El temor que le despertaba su padre obligaba a Liliana a silenciar su condición homosexual y trotar y hacer abdominales todos los días para coger fuerza en los músculos.

"Solo hice hasta segundo de bachillerato porque me tocó trabajar para sostener la casa.En el San Pedro de 1996, mi hermana y yo nos fuimos de juerga un fin de semana para Neiva, con la mala suerte de que el Ejército hizo una batida y aunque me faltaban cuatro meses para cumplir los 18, me echaron en el camión", señala Liliana.

Así se volvió soldado regular. Ella asegura que pensó en 'salir del clóset' y destapar sus preferencias sexuales, pero recordó a su padre y el reclamo diario de su mamá para que fuera alguien.

"No lo pensé más y me aguanté los 18 meses de servicio militar. Es difícil porque uno tiene que compartir las duchas, dormir cerca de personas que le gustan y desarrollar la fuerza de hombre a pesar de que uno sabe que nació para ser delicado...", reconoce la ahora mujer.

La vida de lancero

Y fue la misma situación económica la que la llevó a tomar la determinación de alistarse como soldado profesional a finales de 1998. "Era duro, pero lo hice por mi madre, por mi hermana chiquita y por mi autoestima".

Después de patrullar por la bota caucana llegó al Batallón de Contraguerrilla No.50, en Popayán. "No era cualquier lagaña de mico. Me mandaron a una de las mejores brigadas que tiene el país y todavía le sigo la pista y me da nostalgía de la vida de lancero", dice con una voz dulce, que sin embargo le sale aún gruesa y con tonos masculinos.

Para Liliana, la Compañía Demoledor se convirtió en su vida pero el hecho de no expresar su sexualidad, era tal vez el precio más alto que debía pagar con tal de ver a su madre tranquila. Por eso no escatimaba en gastos para enviarle mercado y la plata del arriendo, así se quedara sin el sueldo del mes.

"Yo había tomado una decisión en enero de ese 2003 cuando nos encontramos la plata y era quedarme dos años más en el Ejército, ahorrar unos pesos y luego irme a vivir con el 'amigo' que tenía, porque el monte me estaba acabando la relación", agrega.

Y aunque no quiso responder si su 'amigo' era del mismo batallón, sí admitió que había otro soldado "que afrontaba su misma pena".

El domingo 13 de abril del 2003, hace exactamente 5 años, Liliana y sus compañeros completaban 20 días esculcando las selvas del Coreguaje (Caquetá), en busca de los tres norteamericanos que habían secuestrado las Farc en febrero del mismo año.

"Todas esas mañanas eran lo mismo: centinela, el desayuno -de por sí ya se nos estaban acabando los abastecimientos- y seguir buscando. Mientras mi contraguerrilla estaba por un lado, después supimos que ese día, los de la otra contraguerrilla encontraron unas caletas con armas y un papel con la ubicación de más caletas, que eran las que tenían la plata", añade.

Según su relato, la alegría de lo que le tocaba a ella le llegó el 18, el Viernes Santo.

En cuerpo de mujer

"Uno de los cuadros decidió darnos un fajo a cada uno para que nadie se fuera con las manos vacías. Desde ese día hasta el domingo, cuando yo también resucité, no sabía cómo iba a cambiar mi vida... ahora soy esto", dice Liliana emocionada, fundiéndose otra vez en un sollozo.

Y así fue. Su vida giró radicalmente. Ella fue uno de los soldados que huyó del Batallón de Popayán (luego de que los sacaran del Caguán), sin dejar rastro alguno.

"Me fui para Ecuador con otro compañero. Nos quedamos en Esmeraldas y después de cuatro meses de hacer unas averiguaciones, cambié de sexo. Allá me hicieron la operación de transexualismo y empecé con las hormonas... quedé bien chusca... ¿no?", pregunta mientras se levanta de la silla y se pone en las nalgas las inmensas y rudas manos que logran delatarla.

Los meses siguientes a la operación trató de olvidarse de la guaca y la selva del Coregueaje, pero los medios de comunicación le revivieron los fantasmas con el sonado juicio de los 'soldados guaqueros' en junio del 2006.

"Vi a mis compañeros por televisión, allá en Tolemaida. sentí angustia de que algo me delatara y me echaran mano para ir a la Corte Marcial, además porque por radio hablaban del soldado que se había operado el sexo", afirma.

Por todo el dramatismo de su historia, se creería que está feliz al lado de su madre y su hermana menor, pero no. Lograr su sueño le costó caro. "¿Usted se imagina? Soy una triple vergüenza para mi familia: me robé una guaca, me volví prófugo y luego me cambié de sexo. ¡Ellos no me quieren ver !".

Vuelve a sumergirse en un mar de lágrimas y saca de la billetera la foto de su hermanita. "Ella sí me quiere pero no nos podemos hablar por seguridad. Las Farc siguen buscando a los soldados y por ella me pueden ubicar".

Liliana asegura que guardó sus recuerdos y su pasado en un baúl y botó la llave, por eso le atemorizó tanto contar su historia, pero se atrevió pidiendo todas las reservas del caso.

Para el próximo año espera pasar la Navidad en una isla del Caribe, donde tal vez se case con su actual compañero, con quien sostiene un Spa.

"Mi teniente Sanabria dijo en un libro que esa había sido la guaca maldita, para mí fue la bendición de poder decir que soy mujer".

Cronograma del caso de la 'guaca'

  • Abril 18 del 2003. Cuando patrullaban por el Caquetá, los soldados de la Brigada Móvil No.6 encuentran una caleta con cerca de 40 mil millones de pesos.
  • Junio 12 del 2006. Empieza en la base de Tolemaida una histórica Corte Marcial con 55 uniformados. Otros 92 son juzgados como reos ausentes.
  • Agosto 10 del 2006: De los 147 militares implicados, 144 fueron condenados a penas entre 4 y 10 años. Dos fueron absueltos y otro murió en un accidente.

Lo que dice la defensa de los militares

Para los abogados defensores la nulidad del juicio tiene un elemento clave: nunca se pudo determinar la cuantía total de los bienes que supuestamente se apropiaron los militares. El abogado Eduardo Amado, defensor de 11 de los uniformados asegura que al no haber posibilidad de establecer estos puntos, también habrá imposibilidad de proferir un fallo.

Otro punto que alega la defensa es que en el Congreso está cursando un proyecto de ley para reglamentar el hallazgo y apropiación de guacas o caletas con dinero. "Esto significa que hasta ahora se reglamentaría tal procedimiento y se deberá juzgar el ilícito por peculado por apropiación, lo que indica que en el momento de los hechos, abril del 2003, tal acción no estaba reglamentada y no es juzgable", añade el abogado Amado.

Por ahora se espera que la Justicia Penal Militar fije una nueva fecha para el juicio y solo si hay una sentencia condenatoria los soldados volverán a ser capturados. Por ahora, todos están libres.

JINETH BEDOYA LIMA
REDACTORA DE EL TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Justicia
Fecha de publicación
12 de abril de 2008
Autor

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